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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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06



Es incomprensible, pero ha pasado a ser algo habitual: hace años que se desvalija a la colectividad y se arruina la democracia, tal y como denuncia Ingo Schulze. El escritor alemán comparte sus ideas para recuperar el sentido común. Extractos.

Hace algo así como tres años que no escribo ningún artículo, por el simple motivo de que ya no sabía qué escribir. Todo salta a la vista: la abolición de la democracia, la creciente polarización económica y social entre pobres y ricos, la ruina del Estado social, la privatización y, de paso, la comercialización de todos los ámbitos de la vida, y así sucesivamente.

Cuando, día tras día, vemos el sinsentido como algo natural, es normal que, tarde o temprano, acabemos sintiéndonos enfermos y marginados. A continuación, resumo algunas consideraciones que me parecen importantes:

1. Hablar de ataque a la democracia es un eufemismo. Una situación en la que se permite con toda legalidad que la minoría de una minoría perjudique gravemente al interés general en nombre del enriquecimiento personal es posdemocrática. La culpable no es otra que la misma colectividad, incapaz de elegir a representantes aptos para defender sus intereses.

2. Todos los días se insiste en que los Gobiernos deben "recuperar la confianza de los mercados". Por "mercados", entendemos principalmente las bolsas y los mercados financieros, es decir, esos actores de las finanzas que especulan por cuenta ajena o por su propio interés, con el fin de sacar el máximo partido. Son los mismos que han usurpado a la colectividad cantidades asombrosas. ¿Y los representantes supremos del pueblo deberían luchar por volver a recuperar su confianza?

3. Nos indignamos, y con razón, ante el concepto de Vladimir Putin de una democracia "dirigida". Pero ¿por qué no se instó a Angela Merkel a que dimitiera cuando hablaba de "democracia conforme a los mercados"?

4. Aprovechando el hundimiento del bloque del Este, ciertas ideologías se transformaron en hegemonías y su influencia fue tal que parecía algo natural. La privatización, considerada un fenómeno positivo en todos los sentidos, es un ejemplo de ello. Todo lo que permanecía en manos de la colectividad se consideraba ineficaz y contrario a los intereses del cliente. De este modo, vimos cómo surgía un clima que, tarde o temprano, acabaría privando a la colectividad de su poder.

5. Otra ideología que ha conocido un éxito rotundo: el crecimiento. "Sin crecimiento, no hay nada", declaró un día la canciller, hace ya unos años [en 2004]. No podemos hablar de la crisis del euro sin citar estas dos ideologías.

6. El idioma que utilizan los responsables políticos que supuestamente nos representan está totalmente desfasado con respecto a la realidad (ya viví una situación similar en la RDA). Es el idioma de las certezas, que ya no se contrasta con la vida real. Hoy la política no es otra cosa que un vehículo, un fuelle cuya razón de ser es atizar el crecimiento. El ciudadano se ve reducido a su función de consumidor. Ahora bien, el crecimiento no significa nada en sí mismo. El ideal de la sociedad sería un play-boy que consume el máximo de cosas en el mínimo de tiempo. Una guerra desencadenaría un despegue del crecimiento.

7. Las preguntas sencillas, como "¿Para qué sirve esto?", "¿A quién beneficia?" hoy no se consideran convenientes. ¿No estamos todos en el mismo barco? El que dude es un apóstol de la lucha de clases. La polarización social y económica de la sociedad es fruto de una serie de encantamientos según los cuales todos tenemos los mismos intereses. Basta con darse una vuelta por Berlín. En los mejores barrios, por lo general, los pocos edificios que no se han renovado son los colegios, las guarderías, los asilos, las piscinas o los hospitales. En los barrios considerados "problemáticos", los edificios públicos no renovados no se notan tanto. El nivel de pobreza se determina por los huecos en la dentadura de las personas con las que uno se cruza. Hoy, escuchamos a menudo el discurso demagógico que afirma que todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que nos hemos dejado llevar por la codicia.

8. Nuestros representantes electos han empujado y siguen empujando sistemáticamente a la colectividad contra la pared al privarla de sus ingresos. El Gobierno de Schröder redujo el tipo impositivo máximo alemán del 53 al 42% y el impuesto de sociedades casi se redujo a la mitad entre 1997 y 2009 para fijarse en el 29,4 %. Por lo tanto, nadie debería sorprenderse al escuchar que las cajas están vacías, aunque el producto interior bruto aumente año tras año.

9. Les voy a contar una historia: lo que antiguamente nos vendieron como una profunda divergencia entre la Alemania del Este y del Oeste hoy se nos presenta como una disparidad radical entre los países. El pasado mes de marzo, estaba presentando en Oporto, Portugal, la traducción de uno de mis libros. En un instante, una pregunta procedente del público cambió radicalmente el ambiente, hasta entonces cordial e interesante. De repente, sólo éramos alemanes y portugueses, sentados cara a cara, en actitud hostil. La pregunta era desagradable: ¿no teníamos nosotros la impresión, es decir, no tenía yo, el alemán, la impresión de hacer con el euro lo que no logramos hacer antiguamente con nuestros tanques? En el público, nadie replicó ante la pregunta. Y yo reaccioné instintivamente, como era de esperar, es decir, como alemán: molesto. Respondí que nadie estaba obligado a comprar un Mercedes y que los portugueses debían estar contentos de obtener créditos a intereses más competitivos que en el sector privado. Al pronunciar estas palabras, oía la voz de los medios de comunicación alemanes que evocan los excesos cometidos por los países denominados PIGS y me rechinaron los dientes.

Durante el bullicio que desencadenó mi declaración, al final entré en razón. Y como tenía el micrófono en la mano, balbuceé en mi imperfecto inglés que había reaccionado de forma tan estúpida como ellos y que todos habíamos caído en el mismo error al tomar partido de forma instintiva por nuestros colores nacionales, como en el fútbol. Como si el problema estuviera en los alemanes y los portugueses y no en las disparidades entre pobres y ricos, y por lo tanto en aquellos que, tanto en Portugal como en Alemania, se encuentran en el origen de esta situación y sacan partido de ella.

10. Estaríamos en democracia si la política, mediante los impuestos, el derecho y los controles, interviniera en la estructura económica existente y obligara a los actores de los mercados a seguir una cierta vía compatible con los intereses de la colectividad. Las preguntas que hay que plantearse son sencillas: ¿Para qué sirve esto? ¿A quién beneficia? ¿Es positivo para la colectividad? Lo que al fin y al cabo acaba planteando la siguiente pregunta: ¿Qué sociedad queremos? Para mí esto sería la democracia.

Y aquí me detengo. Podría hablar de otras cosas, de este profesor que confesaba reconciliarse con la visión del mundo que tenía con 15 años, de un estudio de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, cuyo objeto es la interrelación de las empresas hasta llegar a la cifra de 147: 147 grupos que se reparten el mundo y de los cuales, los 50 más poderosos son bancos y aseguradoras. Les diría también que conviene reconciliarse con el sentido común y encontrar a personas que compartan el mismo punto de vista que ustedes, porque una persona sola no puede hablar un idioma. Y les diría que he vuelto a tener ganas de abrir la boca y no callarme.

 

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: airam.revilo@gmail.com

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German  Pinto
# German Pinto
lunes, 06 de febrero de 2012 7:51
Verdades como puños,echo en falta algun intelectual aqui que escriba articulos como éste,a no ser que se beneficien del saqueo que estan haciendo delante de nuestras narices.....
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
lunes, 06 de febrero de 2012 13:14


1.- Votar representantes aptos para defender los intereses del pueblo.
Y dónde están esos representantes?, No sólo ya en España, sino en el mundo. ¿Donde existe un representante político no plegado a loobies y grupos de poder?? “El baile se da cita en el hall (que diría un amigo), y hay que bailar con todas”. El que mejor sepa “bailar”, habrá defendido los intereses de unos sin perjudicar los de otros. ¿Sería éste un “representante apto”?

2.- Recuperar la confianza de los mercados.
El hecho de que los mercados confíen no es una prioridad social, sino una prioridad económica. Los mercados son fríos, no tienen sentimientos, son…dinero. Y a su vez, muy peligrosos. No son los paises los que han de recuperara confianzas, sino que éstos han de regular las acciones de los mercados para frenarlos en sus voraces ataques financiero-especulativos.

3.- ¿Democracia dirigida o democracia conforme a los mercados?
Ni una ni otra. Democracia. A secas. Con ley y marco de control. Derechos y deberes para TODOS, incluidos los mercados.

4.- El poder de la colectividad basado en la tenencia de bienes colectivos.
Esto es intervencionista. Y es relativo. Demasiado poder en un gobierno no es bueno. Tanto poder en las empresas (que luego crean “centros de poder”) tampoco. Un equilibrio de fuerzas en el que lo privado pueda, tenga la obligación comercial, de competir con lo público. Ardua tarea política, para compatibilizar la flexibilidad y competitividad privada y la pública, y que ello no se convierta en fauces alimentadoras de barrigas agradecidas. (Las Cajas de Ahorros, han tenido siempre unos beneficios millonarios para sus Consejos de Administración, reducto de “favores prestados”).

5.- “Sin crecimiento (económico) no hay nada.
Negar esto es una estupidez. La razón es tan simple como que sin crecimiento económico, en unos años, el crecimiento demográfico, acabaría por crear una sociedad completamente pobre. Otra cuestión es la de un crecimiento con garantías sociales y económicas, reglado por un marco de actuación en el que los estados puedan tener mas poder que los macro-grupos económicos.

6.- El consumo permanente y creciente como factor evolutivo de la economía.
En el momento algido del boom económico, el consumo constituía la base del crecimiento económico meteórico. La sociedad no se sostiene sin consumo. Pero un consumo responsable, mantiene un factor de crecimiento asimilable.

7.- “El nivel de pobreza se determina por el número de huecos de la dentadura”.
Antiguamente era la forma en la que se tasaba un animal, según la sanidad de su dentadura. Hoy a las personas nos ponen implantes, empastes y demás, que tapan los “huecos de la dentadura”. Solo que son caros. Hay paises que sin tener muchos “huecos de dentadura” visibles, tienen multitud de empastes. Esto es la deuda. Tapa agujeros a simple vista, pero crea otros “que se ven menos”. Lo que hay que hacer es ahorrar hasta tener para una dentadura nueva, y pagarla sin intereses.

8.- La bajada de impuestos a sociedades y empresas vacían las arcas del estado.
Y las prestaciones sociales absurdas (como el “cheque bebé” para todo el mundo, sin discriminación de ingresos), y las subvenciones paga-apoyos al cine en películas con 74 espectadores y presupuesto de 12 mill. Euros, y las subvenciones a sindicatos y asociaciones empresariales, y los gastos de embadajas autonómicas, y los ere´s fraudulentos a la junta, y los pagos a urdangarines de turno, y la duplicidad, triplicidad y cuadruplicidad de cargos en la administración, y un enorme etcetera del que no tendría folio para escribir. Pero si a una empresa se le bajan los impuestos y con ello crea mas puestos de trabajo, al final, la resultante matemática es que el estado recauda mas, tanto de la empresa como del conjunto de los ciudadanos.

9.- La diferencia no es entre Alemanes y Portugueses, sino entre pobres y ricos.
En estos tiempos tan convulsos, los ricos son pocos y los pobres muchos. Es cierto que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, tanta en la unidad familiar como en cada una de las escalas hasta llegar al estado, es innegable e incontestable, ya que para vivir por encima nos hemos financiada, y ahora toca pagar lo que nos costó vivir así. Pero cito el punto número 2, respecto de las confianzas y el marco regulador financiero, de modo que la política determine la economía, no al reves.

10.- ¿Qué sociedad queremos?
Evolucionamos tan deprisa como ente social, que no nos paramos a pensar en este punto. Es vital. Pero inmediatamente tras la respuesta, surge otra pregunta ¿Cómo conseguimos la sociedad que queremos?. Según el punto uno?. Mediante una revolución a la francesa, cortando las cabezas de los que el pueblo considere que lo merece?
Personalmente quisiera una sociedad parecida a la que tenemos. Pero con cambios sustanciales en determinadas cuestiones. Como en el aspecto moral y ético de la sociedad al completo, comenzando por la clase política. Otros cambios en el marco regulador financiero nacional e internacional. La abolición de los paraísos fiscales. La completa y total co-existencia de los tres poderes por separado. Un marco laboral justo que permita la competitividad sin abuso de posicionamiento comercial (como ocurre con china debido a la precariedad laboral que produce a bajos precios)….


En esto resumo el artículo que apuesta por la colectividad como arma fundamental contra el capitalismo desforado. Ni siquiera el alcohol es malo si te toma con moderación. Las fuerzas pensadoras en los extremos no son buenas, ni de un color ni de otro. Unas nos pueden llevar a un modelo como el cubano y similares. Otras a un modelo como el norteamericano. El planteamiento al fin y al cabo es el del sentido común y la realidad. Y depende de cada uno de nosotros, y de nuestro pensamiento en red.
chus
# chus
lunes, 06 de febrero de 2012 17:41
Gracias por compartir, María.
Reflexiones. Muy válidas y sugerentes. Imprescindibles para poder tener mínimamente claro un asidero a lo que no es Mátrix, o a lo que puede no serlo. Se puede vivir sin acumular riquezas, sin que ese sea el impulso básico de quienes están infectando y absorbiendo los recursos. Van a morir y nunca disfrutarán de lo que acumulan en absurdas cuentas y registros, y peor aún, van a morir sin disfrutar el ejercicio de compartir otra cosa que esa avaricia insaciable.

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