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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

¡Forma parte! 
 

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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¿Eh?… ¿Qué es esto? ¿Ya he llegado?… Delante hay un camino largo, completamente recto y bastante ancho, el suelo gris, muy duro, con muros a ambos lados cubiertos en su totalidad por cuadriculas de agujeros grandes y cuadrados. ¿Es una calle? Recuerdo la palabra “calle”. ¿Qué más recuerdo? Ha aparecido todo esto de pronto. Hace un momento no estaba, no había nada. A ver que más hay. Figuras que andan junto a los muros, objetos redondeados y grandes que ruedan en medio, hacen ruido y corren más que las figuras. El color es monótono, tonos de gris y otros colores, pero muy oscuros. Siento frió, pero la gente va muy ligeramente vestida.

¿Dónde estaba yo? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es esto? Un sonido… Sí, parece un sonido, pero no me llega aún. Una de las figuras, más pequeña que las demás se ha parado delante de mí y abre la boca como si quisiera articular palabras. Recuerdo “palabras”. Sí, son palabras, creo que son palabras, pero, ¿Cómo voy a entenderlas? ¿Puedo entenderlas? Es una figura menor, la cara blanca, ojos muy grandes, los cabellos dorados y sueltos, aunque no siento que sople ningún viento. Se destaca de todo lo demás. Sonríe. Eso… es una sonrisa, ¿verdad? Recuerdo la palabra “sonrisa”.

- ¿Te has perdido? – ¿Eh…? – Oh, lo he entendido. ¿Cómo es posible que haya entendido eso? – ¿No sabes mi idioma? Ah, ya entiendo. Te han dejado aquí y no sabes dónde estás, ¿verdad? Hace rato que me llamaste la atención porque no te mueves del sitio y miras a todas partes. ¿Puedes hablar? – Sí… – ¡Y hablas mi idioma! ¡Qué bien! ¿Sabes jugar al escondite? – Al… – Oh, sí, es fácil. Mira tú cierras los ojos y cuen… – No puedo hacer eso. – ¿Qué? ¿No puedes jugar? – No sé si puedo jugar, pero desde luego no puedo cerrar los ojos. Volvería a ocurrir. – ¿No? ¿Qué volvería a ocurrir? – se ha acercado un poco más y me toca el abrigo. ¿Me reconoce? No es posible. – Si no cierras los ojos, ¿Cómo quieres que me esconda? – veo que me mira con mucha atención. A lo mejor ya se le va pasando las ganas de “jugar” o lo que sea eso. – ¿Estás bien? – No lo sé. – Vaya, esto si que es bueno, yo siempre se cuando estoy bien y cuando estoy mal. – Aquí, ¿lo sabéis siempre? – Oh, no, mucha gente nunca sabe si están bien o no y por eso te dicen que están mal. Es un fastidio, ¿sabes? La mayoría de la gente siempre dice que está mal. A lo mejor es que no saben jugar al escondite, o a ningún juego. Sí, eso es: aquí la gente no sabe jugar. – ¿No saben jugar? – No. Nunca juegan. Dicen que no quieren jugar, pero lo que ocurres es que no saben, porque para jugar hay que estar contento y ellos nunca lo están. Por eso como te vi distinto a todos, ahí de pie sin moverte y mirando a todos lados, y además no estás serio, creí que tu sí sabrías jugar. – ¿Qué es jugar? – ¿Jugar? Oh, es hacer algo que te guste, que te divierta porque te inventas cosas a cada momento. Cosas que te gustan. Hay unas reglas, pero solo están para saltárselas. Eso es lo divertido… Bueno, lo divertido es que cuando juegas puedes saltarte las reglas. Por eso la gente no sabe jugar porque no sabe cómo saltarse las reglas. Dicen que las reglas son muy importantes para la vida; no sé porqué. – ¿Por qué está oscuro? – Aun no han encendido las farolas para ahorrar energía. No pasa nada. Por la noche es aún más divertido porque no saben qué regla te has saltado… Encenderán algunas farolas cuando ya sea noche cerrada. – ¿Qué dices? – No, nada, estaba riendo. ¿Sabes reír? Sí, tienes la cara relajada, tranquila. Aquí todos van contraídos, mirando enfadados al suelo. ¿Qué les habrá hecho el suelo para enfadarse de esa manera? Oye, ¿de dónde vienes? – No lo sé. – Oh, esto sí que es bueno. Tú debes de haberte saltado “todas” las reglas… – Ese sonido tan dulce… ¿es que has vuelto a reír? – ¡Claro! No había conocido nunca a nadie que se hubiera saltado esa regla, porque aquí todos saben de dónde vienen… por lo menos eso es lo que dicen, aunque yo no me lo acabo de creer, ¿sabes? – ¿No? ¿No te lo crees? – Oh, no. ¿Cómo van a saber de dónde vienen si te están diciendo todo el día que quieren estar en otra parte, pero no saben cuál? No es lógico. Por lo menos tú no sabes de dónde vienes, y por tanto puedes decir que no sabes adónde vas. ¿verdad? – Claro… – ¿Y qué se siente cuando no sabes de dónde vienes? – E… – ¿Qué dices? – Nada, no he dicho nada. – Pero has hecho un gruñido, ja, ja, qué divertido. Eres un tío increíble. ¿Quieres jugar conmigo? Seguro que va a ser divertido jugar con alguien que se ha saltado incluso la regla de saber de dónde viene Ah, y apuesto a que tampoco sabes tu nombre. A que sí. – Nombre… – ¡Ves, ya te decía! Es maravilloso, alguien que no sabe su nombre ni de dónde viene. Ah, espera, a lo mejor es que no tienes nombre. ¿Es eso? – Nombre… ¿Qué es nombre? – Increíble, hoy es mi día de suerte. Bueno, pues yo, lo siento, yo me llamo Sara, y vengo de ocho calles mas abajo, donde dicen que nací. ¡Ah: ya entiendo! Claro, ¿como no se me había ocurrido antes? Nombre, de dónde vienes, incluso la edad que tienes, son cosas que otros te ponen, pero no tiene porqué ser cierto. ¿Sabes? Dicen que tengo 9 años, me llamo Sara Veight y nací en la misma casa en que vivo ahora, el 22 de l avenida Morchande. Vale, vale, ahora caigo. Todo eso se lo han inventado para… bueno no se para qué, pero podría ser que no fuera cierto. Como tú, que nadie te puso un nombre ni te dijo donde habías nacido y todo eso. Ah, ¿y sabes lo más gordo?: También nos colocan un número al que llaman NIP, número de identificación personal. Yo no me lo aprendí y si me preguntan les digo que lo olvidé. Ellos insisten un poco, pero terminan dejándome en paz. – Paz… – Mmm, ¿te suena esa palabra? – Palabra, palabras… no se qué quiere decir, pero me siento bien al pronunciarla. Verás… Sara, me gustaría jugar contigo – es todo lo que he venido a hacer, parece – pero tenemos que jugar a algo que no tenga que cerrar los ojos. – Vale, no hay problema. Tengo una tiza, creo, en el bolsillo… sí. ¿Sabes jugar a la Rayuela? – No, pero si me enseñas. – Claro, no tendrás ningún problema en aprender, como parece que no tienes ocupada la cabeza con nada seguro que lo coges enseguida.

No sé cuanto hace que estamos saltando y contando los cuadrados que Sara ha trazado y numerado en el suelo con su tiza. Ella dice que se me da muy bien porque le gano lo que llama “partidas” que no sé lo que es, pero ríe mucho y dice que está muy contenta. Tampoco sé lo que es, pero me hace hincharme por dentro y desde hace rato ya siento calor por dentro. Me he quitado el abrigo. Sara se quedó mirando mi atuendo como si fuera a primera vez que lo viera, hizo preguntas. Hace preguntas constantemente y ríe al hacerlas, es agradable. Siento un cosquilleo aquí, por primera vez en no sé cuándo, bajo el pecho, me siento bien, aunque no reconozco esta sensación, pero es mejor que antes. Cuando Sara ríe suena el mundo y suena a alegría. Me siento bien por primera vez en…

- Dentro de poco tendré que irme a casa. – ¿Qué? – Si no lo hago mandaran a los vigilantes a buscarme. No me gusta su cara, siempre tan seria; no sé porque han de estar tan serios, mucho más contraídos que los demás. Si no pasa nada, simplemente me he entretenido jugando y eso es todo. ¿Dónde está tú…? Ah, claro, no lo sabes. ¿Quieres venir a mi casa? Mis padres también están siempre serios, pero no creo que les moleste. Total hemos estado jugando, puedes dormir en una habitación que tenemos para cuando viene algún familiar, y mañana seguimos jugando. ¿de acuerdo? – No se… como quieras. Me siento muy bien…

Ya no estoy en la calle, sino dentro de uno de sus muros. No sé lo que ha pasado. Íbamos Sara y yo cogidos de la mano hacia su… “casa” y al ir a entrar en su muro nos pararon unos hombres. A ella la dejaron seguir y a mí me condujeron aquí. Es una caja grande de cuatro paredes con techo, una silla; no sé porque reconozco que es una silla. Hace mucho rato que me han dejado aquí. Ahora ruido. El muro se abre y entran dos hombres.

- Bueno, caballero, – empieza diciendo uno de ellos. – Nos va a decir su nombre de una vez, ¿o no? – No lo sé, – me oigo repetir en un murmullo. – ¿Cómo dice? – No lo sé – alzo la voz. – Ya. Eso nos ayuda muy poco, ¿sabe? ¡De donde viene, usted! – grita abalanzándose sobre mí. A lo mejor piensa que eso me va a asustar, o algo parecido. – ¡Responda! ¡responda de una vez! Ya hemos perdido demasiado tiempo con usted. ¿Quién es usted y qué hace en esta ciudad?… ¿Qué dice? – No lo sé, señor. – No puedo responder otra cosa. Una palabra nueva, “ciudad”, ¿Qué es “ciudad”? – ¿Está usted loco? ¿Qué está diciendo? No entiendo nada. Venga, levántese de una vez.

El hombre se incorpora y me ayuda a levantarme. Se rasca la cabeza, resopla y se vuelve al otro hombre.

- ¿Nada? – Nada, comisario, no falta nadie de ninguna cárcel, manicomio, hospital… Por extraño que parezca, hoy no falta nadie, todos están donde tienen que estar… Que casualidad. – Vale, vale, está bien. De modo que este hombre ha surgido de la nada, así – chasquea los dedos en el aire y se queda inmóvil mirando al otro, luego a la ventana, luego a la silla que rodó por el suelo. Es evidente que no sabe qué hacer. – Tal vez se trate de un shock amnésico, alguien que iba conduciendo, tiene un accidente y no se acuerda de nada. – Y salió de su casa sin ninguna documentación y absolutamente nada en los bolsillos de ese abrigo enorme, ¿verdad? Y vestido de esta manera tan rara, parece un uniforme, blusa larga y pantalones blancos amplios sin cinturón ni tirantes. ¿Ha visto alguna vez ese tipo de uniformes, inspector? – No, en mi vida. Suponga que este hombre no es de aquí, que tuvo el accidente muy lejos… – ¡En todo el país no hay uniformes así! ¿Se da cuenta?
… No, no quiero pensar en cosas raras como que cayó del cielo y todo eso, yo también leí esa novela de pequeño, y es una tontería… aunque cuando tenía aquella edad no me lo pareció. – En cambio el abrigo… – empieza en otro – sí que parece de aquí, aunque no es adecuado para esta época del año. ¿Quién llevaría un abrigo tan gordo en pleno verano? – Hay que hacer algo con él. Vamos a llevarle al psiquiátrico a ver si logran que recobre la memoria.

No sé cuántos días hace que no veo a Sara, aunque me han dicho que ha venido a verme y no le han dejado pasar. Dicen que fue porque se escapó de su “casa”. No entiendo que no le dejen verme porque se escapó de su casa. Su rostro es bellísimo, es como una luz potente en esta “ciudad” oscura. Y sonríe. Es la única persona de por aquí que sonríe. Ahora se oye un gran alboroto en el piso de debajo de esta gran caja compuesta por cajas más pequeñas con sillas y otros objetos. Entra un hombre en mi caja y me pide que me ponga la túnica, ellos le llaman bata, y le acompañe. No he vuelto a ver las ropas que llevaba cuando abrí los ojos, no sé que ha hecho con ellas. No he vuelto a cerrar los ojos en todos estos días, no podría soportarlo otra vez. No recuerdo haber visto una persona de luz como Sara.

Bajamos hacia las cajas del piso inferior, donde hay mucha gente, hablan sin parar. ¡Sí, ahí está, la luz! La he distinguido entre tantas personas, corre hacia a mi sorteando con una gracia muy parecida a las antiguas gacelas zafarse del depredador, y siento su cuerpo abrazarse a mi cintura. Hace la mitad de mi altura. Tengo miedo de cerrar los ojos, pero es que me invade una sensación tan fuerte que no había sentido antes, que instintivamente quiero cerrarlos para poder sentir mejor aquel abrazo. Por fin tengo calor, y también me llega olor humano. Sara no para de hablar, no entiendo mucho porque habla muy deprisa, sonríe, pero tiene lágrimas en los ojos. Vienen unos hombres a separarla.

- ¡Diles que se vayan! Por favor, haz algo, diles que nos dejen en paz. Se muchos más juegos, ya verás. ¡Detenlos!

Algo ha hecho un chasquido en mi cabeza. No sé porque lo he hecho, pero levanto el brazo extendido con la palma de la mano abierta hacia esos hombres. Se han detenido de golpe y dudan. Y como veo que ha funcionado mantengo el brazo así, y algunos andan unos pasos hacia atrás, otros acaban haciéndolo también. Se apartan, nos dejan en paz, como quería Sara.

- Gracias, sin nombre, eres un mago, ahora nos dejarán tranquilos. Pero aquí no podemos jugar, hay demasiada gente, y sillas, y mesas. Vayamos al patio.

Sara me coge de la mano y me lleva hacia afuera, es un “patio” bastante grande. Saca una tiza del bolsillo y traza en el suelo unos dibujos parecidos a los que hizo el día en que nos conocimos, pero algo distintos.

- Veras, es muy sencillo, mira, ahora te explico lo que hay que hacer.

Los muros del “patio” han quedado tapizados de personas que nos miran sorprendidas. Unos cruzan comentarios, otros no. Por todas las ventanas de la caja grande asoman personas para vernos jugar. ¿Qué les extraña tanto, que juguemos, o tal vez que riamos?

He aprendido después de tanto tiempo a dormir siempre con los ojos abiertos. Sara me ha instalado en donde ella vive, en una caja a la que también llaman “habitación”, a pesar de las protestas de las personas que viven con ella, unas veces ruidosa otras veces en voz muy baja, que son las más dañinas porque sus vibraciones me llegan muy agudas y punzantes. He aprendido a comer lo que comen en “la ciudad”, pero no me acostumbro al ahorro de luz. Aunque con menos luz ambiente Sara se destaca mejor de todo lo demás. Sigue siendo una potente luciérnaga, como la de los bosques antiguos que conocí hace no se cuanto. Una guía en la noche, que compite con la luna llena.

- ¿Me harías un favor? – ¿Un qué? – En un par de años cumpliré 11 y a esa edad nos cae una montaña de reglas. Lo sé por mis pobres hermanas que no se pueden mover de casa y de la casa de la educación, donde se pasan el día haciendo y hasta pensando lo que les dicen ellos. – ¿Qué quieres que haga? – Tú que eres mago, ¿puedes hacer que no crezca más y no pase de los 9 años? – No sé cómo se hace pero lo puedo intentar, si eso es lo que deseas. – ¡Vamos, haz lo que sea!

En otros lugares y otros tiempos acostumbraba a cerrar los ojos para escuchar mejor la voz que indica lo que has de hacer, pero como no puedo cerrarlos ahora, miro fijamente los ojos grandes y transparentes de Sara. Al cabo de unos instantes mi brazo se mueve otra vez sin que yo se lo pida, ahora para posarse suavemente sobre la cabeza de cabellos dorados de la niña. En otra época cerraría los ojos para sentir el rio fluir en la dirección deseada. Ahora simplemente entro en los ojos de Sara y siento como fluye en sus pupilas azules y siempre alegres, alimentándose de ellas y alimentándolas. Vuelvo a sentir la corriente que transita libre y, como diría Sara, sin reglas.

Ya han ido intercambiándose muchas veces los caminos del sol y de la luna. Las hermanas de Sara se arrugan, se secan, se agrian, otras personas de la “casa” desaparecen en el agujero de la seriedad, la decepción y el engaño, y Sara sigue teniendo 9 años, con la misma alegría y risa vital haber logrado saltarse una regla o descubrir un nuevo juego que proponerme o un nuevo lugar de “la ciudad” donde jugar. Sus cabellos siguen siendo sedosos, dorados, brillantes, a lo mejor porque se los peina con agua de la fuente y con los dedos divirtiéndose al hacerlo, mientras que sus hermanas han tenido que irlos recogiendo y cubriéndolos con un pañuelo porque se han afeado, cuarteado, teñido demasiadas veces. Algún día Sara me pedirá que salgamos de la ciudad y entonces tendré que volver a mirar a través de sus ojos para que el rio nos guie. Será en el momento adecuado e iremos donde su sabiduría nos lleve.

Publicado en: Espiritualidad
Email del autor: juan@tmp.es

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Comments

German  Pinto
# German Pinto
miércoles, 19 de octubre de 2011 7:51
Algun dia no muy lejano podria pasar.....bastante inquietante Juan,pero podrias resumirlo y decir exactamente dionde quieres ir a parar?te agradeceria mucho ésta explicacion que seguro lo harás,aunque está muy bien como cuento,es soberbio,pero agradeceria resumieras tu pensamiento que seguro lo tienes al escribir éste cuento-metafora...ficcón? creés que estamos llegando ya? tal vez algun día?cuándo lo crees?...por lo demas es muy bonito literariamente,enhorabuena Juan Trigo.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 19 de octubre de 2011 11:02
Muchas gracias German, no se trata de ninguna novela de ciencia ficción dramático futurista. Es una alegoría del encuentro del Extranjero. Arquetipo universal del observador externo a cualquier situación social con la pureza original e inocencia de nuestras propias conciencias. En realidad se trata de un encuentro interior como súbditos de un mundo que por fin ha desvelado ante todos su cara monstruosa, entre nuestra conciencia original de niños en armonía con la naturaleza, y por tanto alegres, con ganas de reír y crear constantemente nuevos juegos para disfrutar de la vida intensamente y del “observador”, personaje siempre presente, también, en nuestra conciencia que nos alerta constantemente de nuestro papel en el mundo (una especie de Pepito Grillo, si lo quieres poner así). En otras palabras es una alegoría del despertar de la conciencia, dormida a base de bombardeos e incrustaciones de la educación sociocultural alienante al servicio del poder, iglesia, estado, los mercados, etc.
Gracias de nuevo y un abrazo transparente
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
miércoles, 19 de octubre de 2011 13:33
Juan, precioso texto. A veces cuando comienzas a leer algo, ya tienes la sensación de aburrimiento, de haberlo leido antes, o de agobio por el excesivo lenguaje incómodo. Leí el primer párrafo a primera hora de la mañana, cuando aún la "contaminación social" del entorno no había llegado. Desde el título, no pude dejar de leer hasta el final, esperando alguna revelación que sorpresivamente diese la solucion al enigmático texto. He estado toda la mañana, ya "contaminado", releyendo en mi interior tu obra. Intentando encontrar esa sorpresa, sin conseguirlo. Sabía, a medida que leía, que se trataba de una alegoría, que en sí no era nada, y mucho.
Ahora, no quiero cerrar los ojos.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 19 de octubre de 2011 13:47
Gracias Ángel Luis, la alegoría se extiende hasta el extremo de no cerrar los ojos ni mientras duermes. Una cosa es dormir y otra estar dormido. Dormir es un proceso biológico natural en el que entre otras cosas se purgan impactos emocionales inútiles del día, y es un proceso dinámico, también los desarrollos oníricos, etc. Pero otra cosa es "estar dormido". Por eso los ojos de la mente han de estar siempre alerta, nunca distraídos, como les ocurrió a los 4 apóstoles que no lograron mantener la atención del momento en el huerto de Getsemaní, toda una alegoría también
Eulalia
# Eulalia
miércoles, 19 de octubre de 2011 14:43
Juan, precioso texto....qué fácil sería recuperar la dimensión del juego en la vida si nos lo permitiéramos más a menudo...
Esa es la libertad individual.

Os dejo una canción que a mi juicio viene muy al caso_
http://www.youtube.com/watch?v=fJHlf1JUyZ4&feature=related


Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
miércoles, 19 de octubre de 2011 15:00
Gracias Juan, por escribirnos un cuento. Lo echaba de menos. Recuerdo los cuentos sufies que nos enviabas al principio.
Ayer llamaba a Juan para preguntarle de donde venía ese señor, si es que había estado hivernado durante años y se despertaba en una sociedad totalmente controlada. Juan me contestó que no se trataba de un relato de ciencia ficción. Ese señor representaba la conciencia pura. Luego, al releerlo, entendí lo de no poder cerrar los ojos. Nosotros si que podemos, pero nuestra conciencia no.

Por cierto, ahora al leer vuestros comentarios me ha aparecido una idea. Me gustaría tener fotos de todos vosotros de cuando teniais 3 o 4 años. Una foto en la que se pueda percibir claramente la mirada. Podríamos publicarlas si quereis e intentar interpretar la esencia de ese niño o niña. Es un ejercicio increible que yo he hecho conmigo misma hace muchos años.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 19 de octubre de 2011 22:13
¡Que bueno Esther!
Tendré que remover el desván de los recuerdos para encontrar una foto de mis 2 años. A ver que encuentro.
German  Pinto
# German Pinto
jueves, 20 de octubre de 2011 7:50
Esther qué se puede interpretar la esencia de un niño de 3 años?,por lo demas he vuelto a leer el articulo y me gusta más,y hasta lo releeré más veces,creo que merece la pena,gracias Juan por compartirlo con todos.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
jueves, 20 de octubre de 2011 9:38
Creo que la esencia en la mirada de un niño, será la misma en cada uno de nosotros en aquellas edades. La misma inocencia. La sinceridad, la ausencia de ambiciones y la belleza cristalina de la alegría.
Duro contraste si estas nuestra miradas infantiles, las comparamos con las miradas perdidas de tantos millones de otros niños en el mundo que mueren de hambre, en los brazos de una madre desesperada.
Propongo añadir a tu propuesta Esther, una foto nuestra de pequeños, en contraste con otras de "miradas perdidas".
Quizá sea un acto de concienciación colectiva, tanto para nosotros, como para todos aquellos visitantes de la página. Quizá sea un revulsivo que nos haga pensar en lo que somos como sociedad, y los olvidos hacia los demas que tenemos.
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
jueves, 20 de octubre de 2011 11:22
Me alegro de que algunos quieran participar en esta nueva idea. Los niños son una tremenda fuente de energia. Estoy acostumbrada a ver decenas todos los días, entre 0 y 5 años preferentemente. La comunicación con los bebes a traves de las miradas es sorprendente.

A medida que crecemos y que vivimos experiencias, añadimos capas superpuestas a nuestra esencia más profundo. En muchos casos, la mirada y expresión de cara inicial también queda cubierta y tan solo en momentos especiales fluye al exterior.

Conectar con esa parte de nosotros es una fuente de energía positiva.
Podemos compararlas con las miradas perdidas de niños en otras partes del planeta, aunque ese ejercicio resulta muy doloroso.

En cualquier caso, espero impaciente vuestras fotografias escaneadas
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
jueves, 20 de octubre de 2011 11:38
¿Dolor Esther?
Como dije ayer, ya no quiero cerrar los ojos. Si la realidad duele, tenemos que hacer que esa realidad cambie, para que no duela. Y si desde aquí, ponemos un ínfimo granito de arena en este inmenso desierto de vanidades, quizá, sólo quizá, podamos contribuir a difundir un mensaje. He apartado la mirada muchas veces cuando he visto una imagen dolorosa de esos niños. Muchas veces, porque duele, y mucho. Siento que ya no podré hacerlo mas. Que tendré que mantener la mirada y avergonzarme como parte integrante de una sociedad, que lleva demasiado tiempo apartando la mirada. Y en esa verguenza, encontrar el modo de ayudar, difundir, concienciar, aunque tan sólo sea por el egoísmo de sentirme mejor conmigo mismo. Pero sobre todo, por sentirme parte de algo que ya no quiere cerrar los ojos. Algo que quiere ver que se pueden cruzar las fronteras de los sueños, para hacerlos realidad.
Juan Trigo
# Juan Trigo
jueves, 20 de octubre de 2011 20:23
Hola Amigos. ¿Os propongo un juego? Bueno, no es un juego, es la esencia de los cuentos, que pueden leerse e interpretarse de varias maneras y a distintos niveles, pues son meras herramientas de trabajo en esa ardua tarea de ir abriendo la conciencia. Vamos allá:

Aparte de buscar una foto de mis 2 o 3 años y crear un collage reivindicativo, lo cual me resulta muy buena idea, la de crear, ¿me dejáis introducir un elemento de incertidumbre, en plan física cuántica? Y es que me inquieta mucho cuando creemos que hemos llegado a la certeza y estamos convencidos de algo. Por definición, me inquieta estar seguro de algo, porque no sigo avanzando. Veamos:
Y si el cuento que apareció en mi mente (porque eso sí que es una certeza; apareció en mi mente, lo siento por lo de la certeza) hablara de la perplejidad y confusión del ciudadano que, en efecto, no sabe de dónde viene ni adónde ha ido a parar, y teme cerrar los ojos porque volverá a ser trasladado por un nuevo canal espacio-tiempo hacia otro lugar todavía más tenebroso, y se encuentra en una situación cuyos objetos y paisaje no puede definir en palabras, simplemente porque son totalmente nuevos, o su conciencia, harta de las acostumbradas monstruosidades de su mundo (¿el nuestro?) sencillamente ha desconectado a lo autista, y realmente aparece de pronto en una ciudad como la que surgió en mi mente y que yo fui poniendo en palabras en apenas una hora. ¿Y si fuera así, en lugar de la explicación en plan psicológico espiritualista (que siempre queda muy bien) que di a mis amigos, Esther y German, temiendo incomodarlos demasiado? Y si realmente este cuento hablara de la desesperación del ciudadano aplastado por la urbe (y por supuesto, por “los mercados”; vaya eufemismo grotesco) que en la creación constante de alucinaciones para tratar de huir, cree (a lo mejor solo cree) haber encontrado la esencia de sí mismo, naturalmente en un niño/a, ( eso sí es también una absoluta certeza) y se imagina haber entrado en un vórtice einsteiniano donde parece que todo es posible, incluso encontrar un ser angelical, aunque paradójicamente parecido a un homínido, que le recuerda sus inicios en este planeta, o sea reír, jugar, saltarse las reglas, no hacer caso a nadie más que a sus instintos. ¿Y si lo que poseyó mi mente por breves instantes no fuera más que un aullido de desesperación exacerbada al haberse topado con un nuevo límite de la estupidez humana?
Lo siento amigos, lo hago a propósito: no quiero estar seguro de absolutamente nada en esta comedia de enredos, falsedades, hipocresía y juego de masacre que es la sociedad humana. Solamente podemos estar seguros de esos sentimientos que logramos limpiar de escoria educacional y demás condicionamientos socio-culturales injertados, y de lo que podemos experimentar sin hacer caso a nadie y después de haber olvidado absolutamente todo lo que hemos aprendido.
Me preguntareis, ¿y cómo es que el recién llegado tiene poderes para detener a unos asaltantes, para detener el tiempo, etc.? Vosotros tenéis la respuesta, en la experimentación de vuestros propios poderes para detener los asaltantes de vuestras mentes, detener vuestro tiempo, etc.
Ah, y, German, no estoy profetizando un mundo futuro, simplemente porque no soy profeta, solo observador perplejo.
Eulalia
# Eulalia
viernes, 21 de octubre de 2011 9:25
Hola de nuevo:
Esther, felicidades en tu día de renacimiento. Tu idea me resulta genial, te envío una foto escaneada a la que pueda.

Ayer pasaba a limpio un texto que escribí hace poco, que viene al caso del último post de Juan....ese deambular en lo desconocido, a través de lo que no conocemos o controlamos, expresado en su momento de esta manera...como bien dices, vinieron a mi mente estas palabras:

"Avanzo a tientas en la oscuridad de la luz, siendo el avanzar nada más que un movimiento sin dirección, por mi incapacidad de dejarme ser en la quietud. Mi ignorancia del ser es tan grande que desconfío de todo. Es una desconfianza tentativa, forzada, infantil, fruto de orgullo de raza, de existir como ser humano.

La quietud del árbol me da envidia, y a la vez me libera del miedo a no ser en Forma conocida.

El valor de ser sin luz se ha desvanecido entre la nieve que hace tambalear las ramas del árbol. Él no se resiste a dejar romper sus brazos heridos.

Quiero aprender a sortear el miedo luminoso que invade las células de mi cuerpo que nació un día con forma, para luego disolverse en la nada.

Morir es lo que sigue, lo sé.

Por eso avanzo sin fin, despierta y vacunada ya de los sueños iluminados, de esa fantasía de futuro bonito y sin dolor, agazapada en la espera del próximo sueño sin sentido. Ese avanzar a tientas todavía me aprisiona la garganta e inmoviliza, en parte, el camino delante de mí.

Un sinsentido, sin fin, pleno de sentido.

Eterno, interrumpido sólo por haces de formas aparentemente conocidas, inmovilizadas en el tiempo como absolutas para hacerme humanamente manifestada.

Tan sólo caminos sin salida, sin sentido real, construidos para seguir siendo como los otro humanos, protegida por el sombrero de lo nombrado."

Buen fin de semana a todos y todas!!
Juan Trigo
# Juan Trigo
viernes, 21 de octubre de 2011 16:58
Eulalia, si mientras avanzas en la oscuridad de la luz, extiendes la mano con los dedos abiertos hacia el universo, felizmente tan ignorante como ese árbol, porque no necesita orgullo de raza, ¿puedes tocar el aire? ¿que sientes en la punta de los dedos? Abre los ojos. El intelecto ha desaparecido, ya no tienes ningún impedimento para ver, para sentir como fluye en universo en su bendita ignorancia, en sus infinitas formas caleidoscópicas cambiantes sin fin. Se abrirá ante ti algún vórtice que te invite a dejarte llevar por algún canal espacio-tiempo haca otras dimensiones... Hemos dicho que has dejado el intelecto y sus monstruos de la razón en algún rincón del desván, ¿verdad? Vale, entonces ya no sentirás miedo, porque las galaxias o los protozoos o las maravillosas nubes que pasan raudas allá abajo, no los cuclillos que cantan sin parar no saben lo que es el miedo, nadie los encerró en las mazmorras de la razón. Tu eres tu propia felicidad, porque ésta no necesita más que sentir las brisas del universo a cada momento.
chus
# chus
viernes, 21 de octubre de 2011 19:57
Uf!!! El contacto con la mirada de un bebé, o de un niño que aún no habla es fortísimo!!! Es como una fuente de impersonalidad abierta, una fuente recíproca, que mana y devora a la vez con toda pureza. Si aguantas la mirada, apagas el diálogo y te dejas "ir" en la fijeza, algo te arrastra a la dimensión que está más allá de la personalidad, más allá de la forma, de la referencia y del recuerdo.
Me gusta mucho ese contacto.
Ahora bien, creo que en al aproximación a la mirada infantil, hay una trampa del ego. Porque quizá lo más valioso que se pueda encontrar no es la reminiscencia entre el pasado y el presente, o entre la raiz y la planta, sino el contacto con la presencia de esa impersonalidad viva y unitaria que está más allá de los desarrollos en formas y facetas, en la elaboración de una personalidad que se distingue por sus diferencias y que, tristemente, tantas veces se reafirma gracias a ellas.
En la mirada se encuentra la ventana hacia, y desde, la Fuente. Es interesante, es apasionante buscar la Fuente en la mirada. Tanto que se invoca el poder que puede redimir todos los falsos juicios sobre las diferencias que cada personalidad expresa, en las cuales se refugia, y transformarlas con la visión de su unicidad y de su raiz.
Eulalia
# Eulalia
sábado, 22 de octubre de 2011 9:48
Claro que sí Juan, he transcrito un texto que escribí hace unos meses y que sentí venía al caso....la razón es la que tiene miedo, no yo, sin embargo todavía hay mucha gente, entre la cual me incluyo, que todavía nos identificamos con lo que pensamos, sentimos, etc....a momentos.
El camino es largo Juan, despacio también hay que andar, y a tientas, porque las seguridades de ahora puede que no sean del mañana...y sólo desde esa certeza, la impermanencia, compartimos el camino, estemos donde estemos, sabiendo que mucha gente está saliendo de su ceguera, es lo que realmente importa, al menos a mí.
Buen fin de semana
Juan Trigo
# Juan Trigo
sábado, 22 de octubre de 2011 17:27
Gracias por intercambiar, pero no cederé a la tentación de compartir ninguno de mis relatos en negro. Hasta su propio autor se pone a temblar de pánico.
Es el famoso dilema de las mentes radicales, o cambiar de canal o pegarse un tipo. Yo opté hace tiempo por lo primero, aunque es mucho más laborioso y arduo y requiere una búsqueda incesante de muletas, placebos y demás corrientes filosófico-religiosas,hasta que descubre que ya no necesitas nada, tu eres tu propia religión y además tu propio dios, aunque sea menor.
Eulalia
# Eulalia
domingo, 23 de octubre de 2011 0:41
Me alegro de que no cedas a estas tentaciones jejejeje....yo tengo un libro publicado con los fantasmillas que surgieron a principios de siglo, cuando empezaba mi proceso, y no me siento muy orgullosa de él...aunque lo acepto como proceso de limpieza previo....eso sí, alguien me ha equiparado algún relato al nivel del maestro Poe....probablemente exageraba....hoy en día existe una especie de adoración por los horrores que en los tiempos que publiqué no existía...A la vez, compartir las oscuridades con otros/as nos hace más humanos....y muchas veces saca lo mejor de la raza humana.....mi camino es diferente, incluye las luces y las sombras, y muchas veces me he encontrado en esa tesitura que llamas mentes radicales, o los extremos...cambiar de canal o pegarse o un tiro...existe una tercera vía, que es la de sostener los contrarios...muy "junguiana", por cierto, de ahí me debe venir las ganas de no dejar nada sin explorar....pues mi experiencia me ha ido mostrando que detrás de las sombras se esconden, cómo no, luces y luceros con bonitas sorpresas...qué desgracia que me gusten tanto las sorpresas...cada cual con sus "locuras"...gracias por compartir Juan
Juan Trigo
# Juan Trigo
domingo, 23 de octubre de 2011 8:34
Quise decir, pegarse un tiro... disparo. ¿la lo entendísteos, verdad?
Juan Trigo
# Juan Trigo
domingo, 23 de octubre de 2011 9:57
Gracias Eulalia. Pues no sé si me gustan o no la sorpresas (aparte que le apliquemos el calificativo de agradables o desagradables) porque desde hace 40 (aparte de un merecido interregno de la bendita tierra de nadie de 3 años) ejerzo de padre de familia, en la actualidad con tres niños en edad escolar, luego las sorpresas acostumbran a venir en forma de facturas, de pérdida de clientes, de impagos, etc., y esas No, definitivamente no me gustan, por más que tengan el atractivo de tales.
Oh, ¿cuándo empezó mi proceso? Ummm, ¿a los 10 años, cuando tuve mis primeros problemas con el Sistema por causa de una compañera de escuela, que no de clase, porque las normas del “glorioso movimiento nacionalsindicalista” prohibían las escuelas mixtas? Supongo que allí empezó todo. Ah, no, debió empezar antes, pues mi primer intento de suicido (al decir de una alto porcentaje de psicólogos que me han tratado desde hace demasiado tiempo) ocurrió cuando tenía 4 (cuatro) años. Ah, y pienso que del “proceso” es de lo que debes sentirte orgullosa, porque sea lo que fuere, se trató de alquimia personal. Trasformación a la que le tienen pavor la inmensa mayoría de los ciudadanos, y por tanto… en fin allá ellos.
Ah, pero, ¿de que estábamos hablando? De sorpresas o de procesos… menuda sorpresa se lleva el protagonista de “El Proceso” cuando se da cuenta que solo es un personaje de Kafka.
No, hablábamos de horrores, que más o menos puede tratarse de un proceso sorpresivo demasiado excitante. Nunca me han interesado ir a ver las películas de terror, salvo la primera entrega de Alien, debido a mi gusto por las pelis de SF.
Ah, pero, de lo que Realmente hablamos es de la tercera vía, que puede ser junguiana, kantiana, bohmniana, etc. O dantesca, en el sentido de hacerse necesario el descenso a los infiernos para distinguir la luz en el ascenso (¿Cómo sabes que eso es la luz, si no conoces la oscuridad?) O mejor dicho, tu lo has insinuado, ¿Dónde realmente existe la luz?
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
lunes, 24 de octubre de 2011 0:36
Si algo valoro especialmente de ti, querido Juan, es tu gran entusiasmo ante los procesos creativos. Es un placer lanzar una idea y comprobar como la coges al vuelo y le añades tus propias aportaciones. No me extraña que en tu relato, tenga un especial papel “el juego” como herramienta creativa que precisa de un estado mental particular, en el que es preciso dejarse llevar y salirse de las normas mentales.

Comentas la posibilidad de dar otra interpretación a tu cuento diferente a la que tu escribiste intencionadamente. Supongo que existirían tantas como personas que lo quisieran interpretar. Siempre que escribimos tenemos en nuestra mente la idea principal que intentamos trasmitir, pero en el camino dejamos entrever mucha más información que en muchos casos no somos conscientes. Por eso siempre que leemos un autor determinado nos aporta mucho más de lo que inicialmente el autor nos quería transmitir. Eso ocurre fruto de la especial interacción entre el que escribe y el que lee, que será única en cada caso concreto

Respecto a tu relato, hay varias cosas que me han llamado la atención. Una es la mirada totalmente nueva del visitante. Alguien que mira y analiza desde una visión en la que todo lo que se encuentra es nuevo. Llama la atención en las descripciones del visitante, la mención del color gris, de la falta de luz, de los muros, las cuadrículas, las cajas… Indicando un ahogo ante el exceso de orden y estructura. Me recuerda a los cuadros de Dali, donde aparecen personas con cajones formando parte de la anatomía de sus cuerpos. Por otro lado, aparece Sara, como figura central, la única que aporta luz y que le hace dejar de tener frío. Junto a Sara, el visitante puede finalmente quitarse el abrigo. La pieza del abrigo me llamó especialmente la atención, porque el atuendo del visitante era totalmente desconocido para ellos, pero el abrigo no. ¿Cómo consigue el abrigo, si en ese momento del año hace calor?

Comenta que no puede cerrar los ojos, porque sino le volvería a ocurrir. “No he vuelto a cerrar los ojos en todos estos días, no podría soportarlo otra vez”. Esta frase para mí esta envuelta de misterio, es precisamente la que te invita a imaginarte variedad de hipótesis respecto al origen del visitante.

“Sigue siendo una potente luciérnaga, como la de los bosques antiguos que conocí hace no se cuanto” Es como si este visitante hubiese viajado por toda la historia de la humanidad, como si cada vez que cerrase sus ojos diese un salto hacia el futuro. El visitante se nutre tan solo de sentimientos cálidos y verdaderos, por eso venía con poca ropa. Quizás si volviese a cerrar los ojos, volvería de nuevo a viajar hacia el futuro e intuya que en ese viaje cada vez haga más frío. Aquí, al menos, tiene a Sara. En un futuro, quizás ya no existan criaturas como ella.

Es posible que no quisieras comunicar precisamente esto, pero yo lo recibí. Recibí la idea de que estamos habitando en un mundo muy gris y controlado donde no queda apenas espacio para vivir los sentimientos. No obstante, podemos sobrevivir gracias a que quedan algunas luciérnagas en nuestras vidas. Pero cuando imaginas el futuro de la humanidad, dices que no podrías soportarlo otra vez, imagino que es la decepción de comprobar como la humanidad va alejándose progresivamente de si misma.

Tengo un amigo psicólogo que dice que cuando escribimos debemos acabar los relatos de forma que en ellos se resuelva el conflicto y aparezca la esperanza. Si lo resolvemos en nuestra mente tendremos muchas más posibilidades de que se resuelva en el exterior y si además se escribe y lo lee mucha gente, el efecto es aún mayor. Sara y el visitante deberían encontrar un espacio diferente donde pudieran vivir totalmente libres y cálidamente. Solo así evitaría el miedo a cerrar de nuevo los ojos, porque habrían conseguido salir del camino trazado, creando una nueva vía.

Un gran beso maestro de los juegos








Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
lunes, 24 de octubre de 2011 0:38
Gracias Lali por tu felicitación. Espero tu foto.
Juan Trigo
# Juan Trigo
jueves, 27 de octubre de 2011 18:12
Hola Esther, buena pregunta sobre el abrigo. Te confieso un secreto a voces, porque lo he escrito en alguno de mis libros. Los relatos aparecen solos en mi mente y la mayoría de las veces son los personajes los que de pronto me dicen que quieren hacer esto o lo otro. Yo a veces no estoy de acuerdo, porque podría confundir al lector, y discutimos.
El abierto. Me gusta poner algunos elementos contradictorios y que no cuadran en el paisaje, como contrapunto a la sensación de que todo está en su sitio y que la lógica es la que manda. Es una de mis formas de cuestionar el que alguien crea que todo está atado y bien atado. Por ejemplo de estudiante una de mis formas de pagarme la carrera fue vendiendo dibujos y posters, por ejemplo en pleno paisaje de una sangrienta batalla en el desierto colocaba una cafetera exprés en la misma línea del horizonte. Por supuesto no tenía ningún sentido, ni por el objeto ni por su tamaño. Otras veces en un bodegón muy serio y refinado, le ponía un fondo de anuncios publicitarios tipo “…Y desde hoy Tulipán con leche”. Incluso en los pósters de contenido anarquista a colgar en las paredes de edificios siempre daba una nota contradictoria, una margarita en los labios de un gorila fiero y enfurruñado de los “grises”. ¿Eres muy joven o sabes lo que eran “los grises” en la época de Franco? Es mi toque personal, ya de niño, queriendo decir, “no me creo nada de todo este teatro, pero si hay que seguir la función, que siga”.
Cerrar los ojos. Mi personaje me lo dijo así, yo tengo algunas interpretaciones, como que una vez cerró los ojos y se encontró muerto, y por lo que fuera alguien logró que despertara. O que una vez cerró los ojos y se vio en un lugar distinto en el espacio y en el tiempo. Tal vez, solo tal vez, porque no puedo preguntárselo a mi personaje, ya que se fue (una vez escribo los pierdo), cerrar los ojos signifique una interiorización demasiado profunda en las propias cavernas dantescas que da miedo. En fin, lamento que no pueda contestar tampoco a esta pregunta, pero me ha gustado la idea de que en realidad viajamos por la historia del mundo abriendo y cerrando los ojos. Es también el juego que hace mi personaje amnésico en la novela “El Terrorista Interno”, publicada también en el blog de plano creativo. Recibe visiones de un mundo antiguo, una especie de Oráculo de Delfos presocrático.
Ah, disiento de lo que opina tu amigo psicólogo, porque a mí no me gusta cerrar ni resolver nada, porque nada empieza ni nada termina sino que la existencia fluye y nosotros acertamos a ser testigos de una parte fugaz. Y además me encanta dejar mis relatos como una propuesta para que el lector estimule su propia creatividad y continúe o modifique el relato. A fin de cuentas nadie tiene la exclusiva de los relatos que fluyen en las memorias akásicas del universo. Solo somos testigos y capaces de percibir y sentir, nada más. Y a m i me gusta ser testigo de la lucha por la libertad en los demás. Dejo también un cuento inconcluso en Plano Creativo, “Abrigos de Sangre”, en su punto más culminante, y entable un dialogo en el blog precisamente sobre qué continuaciones podrían darse y comentando las que sugerían los lectores.
José Luis Jiménez del Pino
sábado, 29 de octubre de 2011 18:58
Me ha atraído tanto este relato que me permito compartirlo en mi blog con el permiso del autor. Gracias por el permiso y por el relato. Y gracias, también, por los comentarios.
Juan Trigo
# Juan Trigo
sábado, 29 de octubre de 2011 19:14
Es un honor José Luis.

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