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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Los indígenas que, gracias a la Madre Naturaleza, aún quedan, (desgraciadamente cada vez menos) desconocen casi todo lo que concierne al mundo que a nosotros nos ha tocado vivir. Aún así, creo, ellos son más libres que nosotros. El conocimiento del entorno que los rodea les hace alcanzar su libertad. Una libertad sana y verdadera y como no han tenido la necesidad de conocer sobre el dinero, se puede usted imaginar lo bien que viven. Viven en abundancia y son respetuosos con la naturaleza, que les provee de cuanto necesitan. Dedican las primeras horas del día a la caza y a la recolección de sus alimentos y el resto del día a sus necesidades como personas. Se relacionan con los demás, comparten sus conocimientos, juegos o aficiones y, de vez en cuando, se dan una fiesta con sus brebajes, que los transportan a los mundos de sus espíritus e intentan conectarse con ellos. Se esfuerzan en la interpretación de lo que desconocen y saben de espíritus que los protegen y de espíritus que sólo quieren su destrucción. Es su cultura, la que a nosotros nos parece tan arcaica y primitiva.

Por ellos también ha pasado el tiempo, aunque no lo parezca. Ellos no han necesitado más para ser felices, porque sencillamente lo son, son felices. Tienen los conocimientos que necesitan y la abundancia de los recursos. Estos, los del taparrabos, asemejan vivir más en El Paraíso. No tienen dinero.

Nosotros, en cambio, optamos por el progreso y el desarrollo, y, ya alcanzado el siglo XXI de nuestra Era, ¡somos la hostia! Mandamos naves al espacio, tenemos más de 6.000 satélites en nuestra órbita, además de los indocumentados por ser secretos. Navegamos más allá de nuestra atmósfera. Sabemos, en segundos qué sucede en la otra parte del mundo y hablamos y vemos a personas que están a miles y miles de kilómetros. Viajamos a los más recónditos parajes sin movernos del cómodo sillón. Vemos los fondos marinos sin mojarnos y vemos las estrellas como nunca en la historia del ser humano, ¿o si? Vemos nuestros órganos internos y la medicina se sirve más de las máquinas para sanarnos quizás de su propio envenenamiento. En sólo una pantalla plana tenemos metido todo el conocimiento humano y traducido a todos los idiomas. Y llegamos a controlar el átomo, ¿o no? Ya sabe lector, ¡somos la hostia!

Todo lo anterior y más es el producto de nuestro ingenio, de nuestro afán por el progreso, de nuestro trabajo y por que al dinero le dimos el valor que no tiene. También de las innumerables guerras que en la historia han sido y son (siempre por dinero). A pesar de todo ello, aún no nos hemos librado de las guerras, ni de la escasez que a muchos, demasiados, les produce la muerte por hambre y sed. Además hemos y seguimos acabado con millones de especies animales y vegetales. Hemos contaminado los ríos y los mares y también el aire que respiramos. ¿Merece la pena tanto sufrimiento a lo largo de la historia que fue y es, para vivir como vivimos? Sinceramente creo que no. Hay algo que falla en esta historia y estoy seguro que es, también, por el dinero. De tal forma que nosotros, los desarrollados y avanzados, vivimos más cerca de El Infierno, ¿O no?

Aquellos mantienen su hábitat (el que les posibilita la vida) tal y como lo recibieron, nosotros lo hemos destrozado por dinero (el que imposibilita la vida) Y, cada vez más, dependemos de maquinitas sin las cuales no entendemos cómo se puede vivir. Maquinitas que, por otro lado, nos hacen cada vez más tontos y por ello dependientes. ¿Quiénes son más inteligentes? Creo que ellos. Una prueba fácil: Si, por las circunstancias que fueran, hoy, nos viéramos privados de electricidad de qué seríamos capaces, a parte de la de sucumbir.

Lo jodio de nuestro mundo está en que algunos, desde el principio, vieron la conveniencia de administrar la abundancia que se nos dio a todos sin excepción. Para tener poder (el dinero) lo primero es crear la miseria y la necesidad y también el control del conocimiento. A partir de ahí es fácil el control de las gentes, “ya vendrán a pedir de nuestra mano”.

A todos cuantos fueron y son los controladores de nuestras vidas, sólo les ha interesado nuestra esclavitud. Disfrazada según la época y convenga. Escasos han sido en nuestra historia los liberados, los de mentes claras. Bastaba con ridiculizarlos, estigmatizarlos o tomarlos como locos. Contra los estamentos establecidos, contra las instituciones del poder, contra la costumbre en vigor, poco es lo que se puede hacer. No consienten la objeción ni la reforma que tanto les perjudicaría en su estatus de preeminencia. La cadena es fuerte. Tan fuerte que prefieren que el mundo se vaya por el inodoro de la inequidad e injusticia.

Más allá de nuestras insignificantes vidas, hay una vida infinita de la que formamos parte. De nuestra historia como seres terrestres, inteligentes, humanos y espirituales, todo nos ha sido ocultado. Nuestra presencia en este maravilloso planeta se calcula en un millón de años. Sólo conocemos los últimos 12.000 años y no del todo. Es como si usted, paciente lector, no recordara ni a sus padres.

Los ángeles caídos siempre nos han ganado la batalla. De ahí que este paraíso, La Tierra, sea, hoy, más un infierno que al principio de nuestros tiempos. Estos ángeles se han ido encargando de que el mal sea, siempre, el victorioso. La última batalla, hace dos mil años, también la ganaron. Y desde entonces nuestra raza ha dado buenas muestras de ello. Toda una retahíla de guerras y batallas, de luchas de dolor, miseria y de muerte. Y todo para que, sólo unos pocos, disfruten de su privativo jardín del Edén que, con nuestro trabajo y dinero, se han creado.

Desde aquellos 200 ó 400 que bajaron del cielo (hacen más de 453.600 años) y tomaron mujer humana, nuestra civilización, creada por los Elohim, los annunakis, o los que fueran,  fue inclinándose por el mal. Desde La Mesopotamia, desde el Edén primigenio fuimos moldeados. Con lo bueno y con lo malo.

Tantos años de ¿desarrollo y evolución? para estar como estamos, con el mal sobre nuestras cabezas. Vemos a nuestro hermano como enemigo y sólo es por el dinero. Hemos permitido que el ser humano sea, cada vez más, un experimento baldío. De nada sirvieron los ejemplos y los avisos de los que fuimos objeto. Son los secretos los que nos gobiernan, los fariseos de siempre, y aquellos ángeles caídos nos ganan todas las batallas. Nuestro total desconocimiento de qué somos y de qué formamos parte, siguen siéndonos ocultados. Pero jugamos a juegos que ya no sólo nos afectan a nosotros. Afectan, sin que lo sepamos, a otros que son como nosotros y no están aquí.

De vivir miles de años, nada extraordinario en las escalas que nos han sido ocultadas, a vivir menos de la centena. Un cambio en el gen adecuado es suficiente. Menos edad, menos tiempo. Así es mejor para los propósitos del control de nuestras “buenas” potencialidades, como la del amor. 

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: jmariahp@gmail.com

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Comments

German  Pinto
# German Pinto
jueves, 12 de mayo de 2011 7:50
Buen artículo aunque creo se idealiza a ésas tribus que dices voiven en ése paraíso y su forma de vida salvaje pero muy felices.Es verdad que viven al ritmo que les marca la naturaleza y que respetan su habitat y todo éso,pero ski nos hubieramos quedado hace miles de años en la selva la humanidad ni hubiera progresado nada y seguiriamos por los árboles y moririamos casi al nacer y nada de lo bueno de verdad que tiene el progreso bien entendido nos beneficiaria.Creo que en las sociedades actuales urbanas no todo es egoísmo ni todo está perdido.No idealizemos a éllos y condenemos a los otros,en la vida urbana no todo está perdido.........
chus
# chus
jueves, 12 de mayo de 2011 8:42
Aunque el artículo está muy bien, también estoy con Germán.
Creo que estamos en uno de los valles de un ciclo nuevo. En el ciclo anterior al que se refiere el artículo, la humanidad desarrollaba y explotaba otro tipo de recursos de su psique y su conciencia se expandía en otro tipo de circuitos más relacionados con el ritmo de la naturaleza y con saber y hacer colectivo, en el que la mente del individuo y sus iniciativas estaban mucho más regidas y atadas por la tradición y sus diversas formas de autoridad y administración, y no existía cierto tipo de libertad que existe ahora, una libertad que ha despertado en el individuo y que le permite, incluso le impulsa, a establecer sus propias visiones, tendencias, aportaciones, innovaciones, y a ejercer sus propias responsabilidades en el consenso del colectivo. Claro que esa libertad exige sus propias adaptaciones y reciclajes.
El objetivo de este nuevo ciclo en el que andamos inmersos, y no sin conflictos, es el de participar con plena conciencia y responsabilidad en la construcción y preservación de un mundo en el que las facultades creadoras de la criatura humana, con su conciencia desplegada, funciona como un co-creador junto al poder de la naturaleza.
Para dar un paso adelante en este ciclo, es necesario traer ante la entidad humana unas visiones conscientes y responsables de su relación estrecha con la naturaleza, con los ritmos de la vida, en términos de unidad y cariño. Estos vínculos eran más o menos inconscientes, automáticos, "de fábrica" en el ciclo antiguo, y no creo que existiese una mentalidad desarrollada que fuese capaz de reconocer racionalmente y glorificar tales vínculos, como lo estamos haciendo ahora nosotros, muchas veces al experimentar su carencia.
Por eso creo que no se trata de volver atrás en la evolución y revitalizar determinados modelos de funcionamiento, sino de reasimilar, esta vez desde la perspectiva de una conciencia desplegada y intensificada en términos de individuo frente a colectivo, las características de la unidad y armonía natural que se vivían entonces, pero en una vuelta diferente de la Rueda, en la que otro tipo de frutos crecen y maduran en el Árbol de la Vida.
Abrazos luminosos
Chus
Inocencio
# Inocencio
jueves, 12 de mayo de 2011 11:06
El atículo está bien hasta que el autor empieza a hablar de los ángeles caídos, me parece que ahí se pasa tres pueblos. ¿Como se puede tomar en serio algo así?
chusantis
# chusantis
jueves, 12 de mayo de 2011 17:33
Se pueden desarrollar explicaciones sobre los mitos de los ángeles caídos, presentes en varias tradiciones.
Una de ellas es la relativa al despertar de la autoconciencia humana dentro de la evolución de la especie, desde el plano de la inmersión inconsciente en el alma-grupo de la tribu, a la emergencia del individuo y el desarrollo de su autonomía, más allá de los modelos y de los patrones de la referencia tribal, ante los que llegará a rebelarse y ser excluido, a los que vencerá por su fuerza o su ingenio transformándose en príncipe y rey.
Los ángeles se pueden asociar a un tipo de conciencia beatífica, inmersa en la órbita de la gloria divina, incapaces de diferenciar entre el bien y el mal, que no existe para su incapacidad de discriminar. De hecho, alguna etimología los relaciona con la palabra "mensajero", y como tal, son transparentes, incoloros, insípidos. El ángel caído es aquella chispa de la conciencia divina que despierta a la separación, a la percepción de si mismo como un ser individual, capaz de establecer primitivas diferencias entre el "yo" y "lo otro." Y es esa primitiva experiencia de separación e individualidad lo que le impulsa a la búsqueda de una identidad propia, o a rellenar ese anhelo de identidad que late en si, en la pregunta "Quien soy yo" (porque si, se siente como un yo separado." Sería largo de explicar... El problema es que se asocia a estos mitos con el mal. Pero, atajando, ¿cómo sabemos lo que es malo o lo que es bueno? ¿Cómo diferenciamos al mal del bien o al bien del mal, si el uno delimita al otro? ¿Cómo desarrollamos el deseo de liberación y de felicidad? Mediante la "Caída", el destierro del paraíso original de inconciencia beatífica, y el sendero de la experiencia de vuelta a casa, en el cual, mediante la lucha, la tentación, con la cruz a cuestas, el ser humano va desarrollando una percepción consciente individual, personal, exclusiva, de los valores de la existencia y de la elección de los valores que quiere incorporar en su vida. Y más allá, el ser humano alcanza la posibilidad de decidir y de luchar por incorporar esos valores al colectivo, pero esta vez de manera consciente y deliberada, en lugar de seguir un orden natural, perfecto en sus alcances, pero inconsciente en sus vivencias.
Así, el ser humano empieza a despertar a un deseo de participar en la co-creación del mundo, empieza a despertar a su divinidad intrínseca y a identificarla con la de sus hermanos de especie, y a actuar en consecuencia. Pero este es un viaje muy largo, y las lecciones cuestan mucho. Es el mismo viaje de vuelta a casa representado en la parábola del Hijo Pródigo. Por eso es importante no apresurarse en los juicios sobre las obras inacabadas de los procesos evolutivos del ser humano.

En cuanto al último párrafo del artículo, en la relativo a: "Así es mejor para los propósitos del control de nuestras “buenas” potencialidades, como la del amor." Diré que la potencialidad del control del amor no está en absoluto al alcance de las mentes estrechas que aún no han evolucionado, y que están en ello. Porque si hubieran experimentado una chispa de ese amor, una chispa verdadera y no un espejismo, esos presuntos controladores hubieran abandonado todos sus presuntos esfuerzos y se hubieran entregado a esa energía que es imposible de controlar o de manipular, de vencer o de proscribir.
No hay dinero que pueda pagar la "obtención" de esa energía. Porque es algo que no se puede poseer si no se da, si no se comparte. Porque el amor no se compra ni se encuentra en ningún mercado ni en ninguna mina, externos. Solo se encuentra en la mina interna y se experimenta cuando se expresa y se canaliza dejándolo fluir en formas de "dar." Y cuando esas formas se verifican en experiencias humanas, ya no hay nada que pueda compararse, ni meta material que la sustituya, como no sea la meta de crear condiciones materiales en las que esa energía se pueda expresar.
Por eso, la expresión de esa potencialidad está siempre más allá de cualquier capacidad de control ajeno o externo, y la oportunidad de su expresión, lo mismo, y me atrevo a decir que atribuir esa capacidad a agentes opresores externos, presuntos culpables, es una excusa de quienes tantas veces cerramos la puerta a expresar esa energía cuyo potencial es inagotable, cuya capacidad transformadora es impresionante y cuya fuente tiene una sucursal en cada uno de nosotr@s. Quizá por vergüenza, por menosprecio de un@ mism@, por miedo a encontrarnos con un reflejo nuestro que por otra parte alimentamos secretamente, por lo que sea, pero no deja de ser una excusa, muy triste por cierto.
Abrazos luminosos
Chus
Eulalia
# Eulalia
jueves, 12 de mayo de 2011 21:50
Pues a mí sí me ha gustado, aunque a ratos suene "apocalíptico", José María, tienes toda la razón. Simplemente apuntarte que esta gente, que todavía vive y siente en estos momentos la llamada de explicarnos que la vida es mucho más simple que la que nos hemos montado por "comodidad", nunca se desconectó de la sabiduría de la Tierra, de nuestra Madre, que nos acoge y nos ama.

En eso estamos, recuperando a la Madre naturaleza, a las madres que nos dieron la vida, poco a poco...tan lejos de casa nos hemos ido, creyéndonos los conquistadores del mundo, que hasta parece un chiste de niños/as...

Gracias y ale, a volver todos y todas al origen...al amor incondicional que nos tiene la vida, esta Tierra que nos sostiene...que está un poco enfadadilla, no me extraña...

Abrazos hermanos y hermanas
José María Hernández
# José María Hernández
viernes, 13 de mayo de 2011 19:38
"Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza..." Génesis 1-26:27
A nuestra imagen y semejanza, repito. Es el inicio de nuestra historia. Nuestra equivale a muchos. Siempre creí que Dios está mucho más allá y que este Universo es tan infinito como inentendible por nuestro estadio evolutivo. En la escalera hacia lo que realmente entendemos como Dios, los humanos estamos, creo, en el primer peldaño. Insisto en que nuestro conocimiento de nuestro pasado es nulo. Ha sido tergiversado y manipulado a conciencia por togas y sotanas. También por los servicios secretos, que siempre los hubo. Nuestra existencia, de la que se puede elucubrar todo, siempre la consideré más producto de otros seres más evolucionados que nosotros. El considerarlos dioses respondería más al nivel de conocimiento de la época. Hoy, con conocimiento un poco más amplio, nuestras hipótesis también han de serlo. Muchas veces es leer lo mismo, pero desde otra perspectiva. La Biblia, la tan manipulada Biblia, contiene infinidad de datos que a ello conduce. Si les añadimos los de los evangelios apócrifos, mucho más. De adolescente, les comentaba a los amigos que la Tierra tendría que ser un reflejo de los cielos. Muchos países, razas distintas (no en lo esencial) y con distinto nivel de desarrollo, con distintas formas de ver las mismas cosas; aunque al final todas con fluyentes en la misma: Un solo creador. Este sería el último peldaño de esa escalera a la que parece nos vamos incorporando, con mentes abiertas y liberadas de tanta bazofia y nanas para dormir plácidamente.
Yosel
# Yosel
lunes, 16 de mayo de 2011 19:46
Y lo mas importante de todo: esos indígenas, viven SIN MIEDO!

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