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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
  Inicio  >  Hacia la madurez social
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Traducción de María Belvis Martínez García
 
93 años. Es la última etapa. El fin no está lejos. Qué suerte poder aprovecharla para recordar lo que ha servido de base a mi compromiso político: los años de resistencia y el programa elaborado hace 70 años por el Consejo Nacional de la Resistencia. A Jean Moulin le debemos, dentro del marco de este Consejo, el agrupamiento de todos los componentes de la Francia ocupada, los movimientos, los partidos, los sindicatos, con el fin de proclamar su adhesión a la Francia combativa y a su único jefe reconocido: el general De Gaulle. Desde Londres, donde me reuní con el general De Gaulle, en marzo de 1941, me llegó la noticia de que el Consejo había puesto en marcha un programa (adoptado el 15 de marzo de 1944) que proponía para la Francia liberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país.

Estos principios y valores los necesitamos hoy más que nunca. Es nuestra obligación velar todos juntos para que nuestra sociedad siga siendo una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos, y no esta sociedad de indocumentados, de expulsiones, de sospechas con respecto a la inmigración; no esta sociedad en la que se ponen en cuestión las pensiones, los logros de la Seguridad Social; no esta sociedad donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos. Todas estas son cosas que habríamos evitado apoyar si hubiéramos sido verdaderos herederos del Consejo Nacional de la Resistencia.

A partir de 1945, después de un drama atroz, las fuerzas internas del Consejo de la Resistencia se entregan a una ambiciosa resurrección. Se crea la Seguridad Social como la Resistencia deseaba, tal y como su programa lo estipulaba: “un plan completo de Seguridad social que aspire a asegurar los medios de subsistencia de todos los ciudadanos cuando estos sean incapaces de procurárselos mediante el trabajo”; “una pensión que permita a los trabajadores viejos terminar dignamente su vida”. Las fuentes de energía, electricidad y gas, las minas de carbón y los bancos son nacionalizados. El programa recomendaba “que la nación recuperara los grandes medios de producción, fruto del trabajo común, las fuentes de energía, los yacimientos, las compañías de seguros y los grandes bancos”; “la instauración de una verdadera democracia económica y social, que expulse a los grandes feudalismos económicos y financieros de la dirección de la economía”. El interés general debe primar sobre el interés particular, el justo reparto de la riqueza creada por el trabajo debe primar sobre el poder del dinero. La Resistencia propone “una organización racional de la economía que garantice la subordinación de los intereses particulares al interés general y que se deshaga de la dictadura profesional instaurada según el modelo de los Estados fascistas”, y el gobierno provisional de la República toma el relevo.

Una verdadera democracia necesita una prensa independiente; la Resistencia lo sabe, lo exige, defiende “la libertad de prensa, su honor y su independencia del estado, de los poderes del dinero y de las influencias extranjeras”. Esto es lo que, desde 1944, aún indican las ordenanzas en relación a la prensa. Ahora bien, esto es lo que está en peligro hoy en día.

La Resistencia llamaba a la “posibilidad efectiva para todos los niños franceses de beneficiarse de la mejor instrucción posible”, sin discriminación; ahora bien, las reformas propuestas en 2008 van contra este proyecto. Jóvenes profesores, a los cuales apoyo, han peleado hasta impedir la aplicación de estas reformas y han visto disminuidos sus salarios a modo de penalización. Se han indignado, han “desobedecido”, han considerado que estas reformas se alejaban del ideal de la escuela republicana, que estaban al servicio de la sociedad del dinero y que no desarrollaban suficientemente el espíritu creativo y crítico.

Es la base de las conquistas sociales de la Resistencia la que hoy se cuestiona.

El motivo de la resistencia es la indignación
 
Se tiene la osadía de decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero cómo puede faltar hoy dinero para mantener y prolongar estas conquistas, cuando la producción de la riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, periodo en el que Europa estaba en la ruina, si no es porque el poder del dinero, combatido con fuerza por la Resistencia, no ha sido nunca tan grande, tan insolente y tan egoísta con sus propios servidores, incluso en las más altas esferas del Estado. Los bancos, una vez privatizados, se preocupan mucho por sus dividendos y por los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos no ha sido nunca tan grande, ni la búsqueda del dinero tan apasionada.

El motivo principal de la Resistencia era la indignación. Nosotros, veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia libre, llamamos a las jóvenes generaciones a vivir y transmitir la herencia de la Resistencia y de sus ideales. Nosotros les decimos: tomad el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos e intelectuales, y el conjunto de la sociedad no deben dimitir ni dejarse impresionar por la actual dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia.

Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es algo precioso. Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y comprometidos.

Volvemos a encontrarnos con esta corriente de la historia, y la gran corriente de la historia debe perseguirse por cada uno. Y esta corriente nos conduce a más justicia y libertad; pero no a la libertad incontrolada de la zorra en el gallinero. Estos derechos, recogidos en 1948 en un programa de la Declaración universal, son universales. Si conocéis a alguien que no los disfruta, compadecedlo, ayudadle a conseguirlos.

Dos visiones de la historia

Cuando intento comprender qué fue lo que causó el fascismo, qué hizo que fuéramos absorbidos por él y por Vichy, me digo que los ricos egoístas tuvieron mucho miedo de la revolución bolchevique y que se dejaron guiar por sus miedos. Pero si, hoy como entonces, una minoría activa se levantara, eso bastaría: tendríamos la levadura que haría crecer la masa.

Desde luego, la experiencia de alguien viejo, como yo, nacido en 1917, es diferente de la experiencia de los jóvenes de hoy. A menudo solicito a los profesores de colegios la oportunidad de dirigirme a sus alumnos, y les digo: “vosotros no tenéis las mismas razones evidentes para comprometeros. Para nosotros, resistir era no aceptar la ocupación alemana, la derrota. Era algo relativamente simple; simple como lo que vino a continuación: la descolonización. Siguió la guerra de Argelia: era necesario que Argelia se independizara, era algo evidente. En cuanto a Stalin, todos aplaudimos la victoria del ejército rojo contra los nazis, en 1943. Pero cuando nos enteramos de las grandes purgas estalinistas de 1935, aunque era necesario estar al corriente de lo que hacía el comunismo para contrarrestar el capitalismo americano, la necesidad de oponerse a esta forma insoportable de totalitarismo se impuso como una evidencia. Mi larga vida me ha dado una serie de razones para indignarme.

Estas razones son fruto menos de una emoción que de una voluntad de compromiso. Cuando estudiaba en la Escuela Normal, Sartre, un condiscípulo mayor que yo, me influenció profundamente. La náusea, El muro, pero no El ser y la nada, fueron muy importantes en la formación de mi pensamiento. Sartre nos enseñó a decirnos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje de libertad. La responsabilidad del hombre que no puede confiar ni en un poder ni en un dios. Al contrario, es necesario comprometerse en nombre de la propia responsabilidad como persona humana. Cuando entré en la Escuela Normal de la calle Ulm, en Paris, en 1939, entré como ferviente discípulo del filósofo Hegel, y seguí el seminario de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza exploraba la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con los sentidos, gran singular frente a la pluralidad de los sentidos. Pero mi optimismo natural, que quiere que todo lo que es deseable sea posible, me encaminaba más bien a Hegel. El hegelianismo interpreta que la larga historia de la humanidad tiene un sentido: la libertad del hombre que progresa paso a paso. La historia está hecha de choques sucesivos, es la asunción de los desafíos. La historia de las sociedades progresa, y al final, cuando el hombre ha alcanzado su completa libertad, se tiene el estado democrático en su forma ideal.

Existe, desde luego, otra concepción de la historia. Los progresos conseguidos por la libertad, la competición, la carrera por el “siempre más” pueden ser vividos como un huracán destructor. Así la concibe un amigo de mi padre, el hombre que compartió con él la tarea de traducir al alemán En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Es el filósofo alemán Walter Benjamin. Él había encontrado un mensaje pesimista en un cuadro del pintor suizo Paul Klee, el Angelus Novus, en el que la figura de un ángel abre los brazos como para contener y rechazar una tempestad que Benjamin identifica con el progreso. Para Benjamin, que se suicidó en septiembre de 1940 para huir del nazismo, el sentido de la historia es un camino irresistible de catástrofe en catástrofe.

La indiferencia: la peor de las actitudes

Es verdad que las razones para indignarse pueden parecer hoy menos claras o el mundo demasiado complejo. ¿Quién manda, quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no tenemos que vérnoslas con una pequeña élite, cuyo modo de actuar conocemos con claridad. Este es un vasto mundo de cuya interdependencia nos percatamos claramente. Vivimos con una interconectividad como jamás ha existido. Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlas, hace falta observar con atención, buscar. Les digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor de las actitudes es la indiferencia, el decir “yo no puedo hacer nada, yo me las apaño”. Al comportaros así, perdéis uno de los componentes esenciales que hacen al ser humano. Uno de sus componentes indispensables: la capacidad de indignarse y el compromiso que nace de ella.

Es posible identificar desde ahora dos grandes desafíos nuevos:

1. La gran diferencia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, la cual no deja de crecer. Se trata de una innovación de los siglos XX y XXI. Los muy pobres del mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. No se puede dejar que esta diferencia se haga más profunda todavía. La constatación de este hecho debería suscitar por sí misma un compromiso.

2. Los derechos del hombre y el estado del planeta. Después de la Liberación tuve la suerte de participar en la redacción de la Declaración universal de los derechos del hombre adoptada por la Organización de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, en el palacio de Chaillot, en Paris. Como jefe de gabinete de Henri Laugier, secretario general adjunto de la ONU y secretario de la Comisión de los Derechos del hombre participé, entre otros, en la redacción de esta declaración. No puedo olvidar el papel que tuvo en su elaboración René Cassin, comisario nacional de justicia y educación del gobierno de la Francia libre, en Londres, en 1941, el cual fue premio Nobel de la paz en 1968, ni el de Pierre Mendès France dentro del Consejo económico y social, al que enviábamos los textos que elaborábamos antes de que fueran examinados por la Tercera Comisión de la Asamblea General, encargada de los aspectos sociales, humanitarios y culturales. La Comisión contaba con los 54 estados que eran miembros, en aquel momento, de las Naciones Unidas, y yo me encargaba de su secretaría. A René Cassin debemos el término de derechos “universales”, y no “internacionales” como proponían nuestros amigos anglosajones. Puesto que en esto está lo que se juega al terminar la segunda guerra mundial: la emancipación de las amenazas que el totalitarismo hizo pesar sobre la humanidad. Para emanciparse, es necesario conseguir que los estados miembros de la ONU se comprometan a respetar estos derechos universales. Es una manera de desmontar el argumento de plena soberanía que un estado puede hacer valer mientras comete crímenes contra la humanidad dentro de su territorio. Este fue el caso de Hitler, que se consideraba dueño y señor en su tierra y autorizado a provocar un genocidio. Esta declaración universal debe mucho a la revulsión universal contra el nazismo, el fascismo, el totalitarismo, y, también, a nosotros, al espíritu de la Resistencia. Sentía que había que actuar rápidamente, no ser víctima de la hipocresía que había en la adhesión proclamada por los vencedores a estos valores que no todos tenían la intención de promover limpiamente, pero que nosotros intentábamos imponerles.

No me aguanto las ganas de citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad”; el artículo 22: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”. Y si esta declaración tiene un alcance declarativo, y no jurídico, no por eso ha desempeñado un papel menos importante desde 1948; se ha visto a pueblos colonizados acogerse a ella en su lucha por la independencia; ha inspirado a los espíritus en su lucha por la libertad.

Constato con alegría que a lo largo de las últimas décadas se han multiplicado las organizaciones no gubernamentales, los movimientos sociales como Attac (Association pour la taxation des transactions financières1), la FIDH (Fédération international des Droits de l”homme2), Amnesty…, que son activas y efectivas. Es evidente que para ser eficaz actualmente es necesario actuar conjuntamente; aprovechar todos los medios modernos de comunicación.

A los jóvenes, les digo: mirad alrededor de vosotros, encontraréis temas que justifiquen vuestra indignación –el trato que se da a los inmigrantes, a los indocumentados, a los Roms. Encontraréis situaciones concretas que os empujarán a llevar a cabo una acción ciudadana de importancia. ¡Buscad y encontraréis!

 

Publicado en: Hacia la madurez social, Acción
Email del autor: carmencc3@yahoo.es

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Comments

German  Pinto
# German Pinto
jueves, 24 de marzo de 2011 8:06
Me lo he leído de cabo a rabo y es una cosa increíble que un anciano de 93 años tenga ésa energía y valentia ,pero no es un anciano cualquiera fué el que redactó junto a otros la declaración universal de los derechos humanos y etuvo en la resistencia contra los nazis.Y en vez de quedarse en casita sentadito qué nos dice?.Pues que nos indignemos ante lo que está pasando(mas de 800.000 ejemplares vendidos en Francia)que nos rebelemos ,que no aceptemos éste estado de cosas,que la juventus se rebele.Y que hace la gente?aquí en España nada.Lección de dignidad de Hessel una vez mas al mundo,un anciano de 93 años,se nos tenia que caer la cara de verguenza!!,pero a la vez estar esperanzados de que persona como él hacia el final de su vida aún tenga coraje y energia para abrirnos los ojos ,las mentes.
chus
# chus
jueves, 24 de marzo de 2011 10:00
Indignación:
Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos. Sentimiento grande de enojo que genera un acto ofensivo o injusto.

Tal parece que la causa de la indignación es la observación o la experiencia de un acto "externo" y el contraste del mismo con los valores propios o con las formas de actuación y consideración asumidas por el indignado. Por su "dignidad."
Me parece correcto en el caso del autor, el cual se ha construido, ha forjado y ha templado una dignidad personal, un curriculo, a través de actos, de sus actos, actos encomiables sin duda. Ha luchado, ha instituido cambios y declaraciones, valores humanos elevados al rango de dignidad en la sangre, en la mente y en el corazón.
Pero tengo un par de cuestiones.
Una es, acerca de los jóvenes, de las nuevas generaciones que se encuentran con un mundo, bastante saqueado por cierto, y tienen la misión, por puro impulso humano de raiz, de buscar y de construirse su propia dignidad, no simplemente de indignarse con lo que hay. vemos que muchos, como tienen, no sienten necesidad de indignarse verdaderamente, porque no conocen el valor de lo que tienen, de lo que han heredado del esfuerzo de sus antepasados. Solo se podrían indignar de acuerdo a lo que han sido desposeidos, o de acuerdo a lo que asimilan que es su derecho natural e inalienable y que está siendo explotado por personas o actos indignantes. Es decir, solo adquiriran su propia dignidad en la medida en que se pongan en valor, o se den valor a si mismos y al modelo en el que quieran vivir y relacionarse. Y es en ese esfuerzo, en esa contienda, en donde alcanzarán el valor de esa dignidad.
Y otra, es que me parece incompleto el sentimiento de indignación que se plantea. No es el caso del autor, que la tiene probada. Pero en el caso de los demás... ¿Es lícito indignarse por lo ajeno, en el puro sentido de la definición del término, sin un cuestionamiento previo de la propia dignidad?
¿Por qué no nos auto-indignamos? ¿Por qué es muchísimo más fácil cuestionarse e indignarse por lo ajeno y las actitudes ajenas que por las propias? Tal parece que nosotros estamos aquí, y enfrente está el mundo de la indignación y de los indignos. Hay una respuesta, y es que parte de esa indignación es la proyección al exterior de nuestro complejo irresuelto, inaceptado e inasumido, de dignidad incompleta o cuestionada en la sombra.
¿Pero y nosotros? ¿Somos dignos? ¿De qué somos dignos? ¡Cuidado! No estoy diciendo para nada que no lo seamos. Para nada. Pero creo que hay un movimiento subterráneo psíquico en el que no nos creemos tan dignos como parece. Poque la dignidad confiere una seguridad y una confianza en uno mismo y en sus actos y determinaciones que los hace casi automáticos y poco problemáticos de llevar a cabo. La dignidad provoca que uno ya no tenga que actuar de acuerdo al consentimiento externo, o al qué dirán. Simplemente, ya ni se tiene en cuenta. Uno actúa natural porque lo ve natural, y no necesita imponerlo o defenderlo. Y si se equivoca, con la misma naturalidad puede cambiar, porque no tiene nada que defender.
La dignidad surge del contraste de una lucha o de una dialéctica, como fruto asimilado en carne, sangre y alma. Una vez forjada y probada, se puede contrastar, se puede comprobar y relacionar. Pero algo me dice que si esa dignidad alcanza cierta madurez, esta misma iría aparejada a cierta comprensión y tolerancia de los porcesos ajenos de aprendizaje. Esta comprensión y tolerancia no implica que haya que dejar que a uno le pisen, implica que uno no se deja desviar por la lucha o por el contrario, o por lo ajeno, en la búsqueda de la propia dignidad.
En resumen. Me parece bien indignarse. Pero sin irse muy lejos de las almenas del propio castillo para buscar razones. Y me resulta curiosa la acepción del verbo, que tiene un tratamiento reflexivo: indignar-se. Una acepción que implica al significado de la palabra con una paradoja: Uno observa lo externo, experimenta una reacción que carga con un veredicto que se aplica a los demás y se lo echa al hombro, con todos los humos, así, sin más, sin cuestionarse un poco si podría ser al revés... En cualquier caso, me gusta más dignarse que indignarse.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
jueves, 24 de marzo de 2011 11:23
Este señor que invita a la gente a indignarse frente a lo que está pasando, tuvo unas grandes razones para hacerlo él cuando le tocó hacerlo.
Me pregunto, tras vislumbrar su dilatada experiencia diplomática, y tras su propio aval resistente, algo tan sencillo como ¿qué está viendo que está pasando, para hacer este llamamiento?
Porque "indignarse" frente al nazismo e invasión alemana, en una guerra mundial, es una razón mas que poderosa para hacerlo.
¿Es entonces, la situacion mundial actual, tan grave como en aquella guerra? ¿Se podría decir que estamos al borde del precipicio de la tercera gran guerra? ¿O es que simplemente la situación actual, es comparable tan solo con una guerra mundial?
Personalmente siempre he apostado por la experiencia. Y la experiencia de este señor alimenta mi sensación de que estamos peor aún de lo que los medios desinformativos nos dicen.
Ya me gustaría una españa a la islandesa (de tapa, como plato fuerte, igual para el resto del mundo occidentalizado).
carmen cayuela
# carmen cayuela
jueves, 24 de marzo de 2011 17:51
Estemos o no de acuerdo con su manera de llamar a las conciencias, para mí es muy valioso su testimonio, por la experiencia y por el compromiso mantenido a lo largo de ella.

De acuerdo con Chus, primero indignarse con uno mismo ( es difícil, necesitamos horas de soledad para sentirnos y reconocernos, es ir contracorriente, la tendencia social es puro escapismo, inmersión en la piscina del mundo para no asomar la nariz en el océano interior que da mucho susto),luego con el mundo.

Ángel Luis, a propósito de tu duda, no sé si te servirá este final de artículo aparecido en El País el 14 de marzo pasado, una semblanza de Hessel.
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/vidas/Hessel/elpepusocdmg/20100314elpdmgrep_9/Tes

"Optimista irreductible, cita a otro gran anciano de la especie: Edgar Morin. "Le pregunté si creía que todo lo que está sucediendo nos llevará al fin de nuestra vida sobre el planeta. Y me respondió: 'Sí, es probable, pero siempre es lo improbable lo que surge en el momento más inesperado".
maria oliver
# maria oliver
viernes, 25 de marzo de 2011 21:05
Gracias. Nada que aportar...sólo decir que me encanta esa "nueva" acepción de in-dignar: dignarse en, hacerse digno uno mismo... de uno mismo, por sus acciones. Eso es, si, la indignación: un emponderamiento, un hacerse que empieza por el in... hacia dentro, en sí.
Juan Trigo
# Juan Trigo
domingo, 27 de marzo de 2011 21:24
Si se me permite aportar mi propio sentimiento, el libro de Kessel me recuerda aquellos encuentros con mis hijos mayores que ahora tienen 37 y 35 años que me pedían extasiados que les contara los hechos del 68, tanto en Paris como en Barcelona. Yo pensé que les excitaba mi estado de exaltación al recordar aquella revolución, recordando con Kropotkine que la revolución siempre es permanente, pero no solo era eso, sino por la falta de compromiso político que veían en sus compañeros de generación, casi exclusivamente afanados por ganar y gastar dinero. Años más tarde ambos me llenaron de orgullo por su clara posición antisistema, especialmente la guerrera de mi hija adorada.
Recuerdo hace pocos años cuando debatíamos mis críticas al toque festivo del espíritu de Portoalegre, cuando yo les decía que de festivo no debiera tener nada. En fin y ahora Kessel pone la palabra justa en la boca “¡¡Indignaos!!”. Y no me preocupa, Chus, ni la etimología ni la tolerancia hacia la palabra que Kessel escupe no en función de su propia historia de lucha antinazi, sino pura y simplemente por su estricta observación de la situación actual. Kessel, insisto, nos invita a indignarnos por lo que está ocurriendo, es decir aceptamos a golpe de botellón que los creadores de la crisis económica sean salvados por nuestros impuestos. Bien eso aquí en este foro ya lo hemos debatido hasta la saciedad.
Solo me queda escupir a mí también: No os quedéis esperando, no os darán nada, más que excusas y migajas caídas de la mesa de la hipocresía, las mentiras, la manipulación.
No esperéis que os den, ir a cogerlo. Organizaos, trabajar con rigor, seriedad. Como dice varias veces mi hijo mayor, “nadar contra corriente es muy difícil, pero te hace muy fuerte”.
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
domingo, 27 de marzo de 2011 23:09
Gracias Juan, estoy totalmente de acuerdo contigo. La indignación es un estado saludable cuando se canaliza de forma adecuada y desde una total consciencia. Cuando el hombre/mujer ya no es capaz ni de indignarse, es decir, de recuperar su dignidad es síntoma de abatimiento, de depresión. Realmente, la tarea nos viene grande de momento, no hemos sido educados para indignarnos ante las injusticias, nos han educado para aceptarlas y en todo caso paraa no mirarlas. Ahora nos viene todo de golpe, demasiadas cosas en poco tiempo, nos quejamos de la información-desinformación, cuando tenemos ya suficientes injusticias verdaderas sobre la mesa como para reaccionar. Pero pienso que es solo cuestión de tiempo y que reaccionaremos finalmente tras estas clases aceleradas que nos estan dando sobre injusticia-indignación-reacción.
Nos iremos volviendo fuertes, Juan, seguro.
Gracias de nuevo por tus palabras
Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
jueves, 07 de abril de 2011 13:53
¡¡INDIGNAOS !!
Indignémonos todos por ese escándalo, esa orgía despiadada y depravada de avaricia en la que se refocila la banca, de forma caínica, en connivencia con el gobierrno, llamada Normativa Hipotecaria que ha dejado, en los últimos cinco años, a más de un millón de familias en la calle, sin vivienda, atados de por vida a una deuda que no prescribe, desposeídos del bien que la originó.
Indignémonos todos con aquellos que nos convidaron al banquete y ahora nos lo hacen pagar.
Indignémonos todos con aquellos que nos invitaron a estirar mas el brazo que la manga.
Indignémonos todos con aquellos que nos imponen la cláusula hipotecaria, con suelo del cuatro (4%) y techo del veinte (20%).
Indignémos todos que motivos no nos faltan.
Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
jueves, 07 de abril de 2011 13:56
Raúl Ibáñez Martínes ya estaba indignado antes de lleer a Hessel.
Ver: Y Raúl cogió la pancarta... Diario de Burgos digital.
bÃÃĮձez Martínez
# bÃÃĮձez Martínez
sábado, 09 de abril de 2011 21:39
A LOS ERUDITOS:
A los puristas, a los de la Real Academia de la Lengua tengo el deber de aclararles que “ORGÍA” se escribe sin hache.
Se escriben con “h” - las palabras que empiezan por “hum”+vocal. Ej: Humano, humo…
Se escriben con "h" - las palabras que empiezan por “ue”, “ ui “, “ ia “, “ ie “ y sus derivados…
En el comentario que envié titulado” INDIGNAOS “ escribí orgía con “h”, no en todos los casos, les explico: Me refería a un tipo de orgía que por su propia especificidad hacía necesario el uso de la “h”, a la horgía hipotecaria - permítanme la licencia a futuro de seguir usando la “h” cuando me refiera a la horgía que practica la banca, en connivencia con el gobierno, refocilándose, cual piara, en el cieno de las pocilgas al aplicar la Normativa Hipotecaria -, resumiendo: Horgía = Orgía hipotecaria.
Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
domingo, 10 de abril de 2011 20:10
Adjunto comentario enviado por Jesús Barriuso Gutiérrez, excelente jurista y mejor escritor y poeta, en contestación a otro realizado por Raúl Ibáñez en defensa de la dación en pago.
Tiene mucha enjundia:

…¡PERO EN MANOS DE QUIEN ESTÁ EL PANDERO, RAÚL!, que diría mi amigo Jenaro, supongo que todo esto tendrá que ver con el milenarismo del 2012, porque no cabe ni un tonto más ni una realidad más, que no sea una tontería repetida y a qué precio las pagamos.
Si no estuviera vacunado contra los axiomas que apuntalan “este mundo feliz” que Husley presagiaba antes de que el Papa riñera a Cardenal o que la ambición asesinara a Romero por ejemplo y cuyo paradigma acaso sea el que las normas hechas por ciudadanos representando a otros ciudadanos tengan que ser desencriptadas por los abogados que pasan de ser elementos auxiliares por la ineptitud o maldad de los primeros a la inexcusable fuente de poder que detentan y que me llevó al abandono del ejercicio del derecho – aunque era gratuíto- en cuanto aparecieron los Sindicatos (¡…y esa es otra…!), me hubiera indignado aún más que mi amigo y coloquesea – o sea: todo- Raul, de “La Casa de Burgos”, ante la carta que el representante de los usureros envía a la octava plaga, la ministra Salgado sentando cátedra con su visión antropocéntrica de la realidad, – “esto siempre ha sido así porque así lo he vivido yo siempre”- y que nos devuelve al momento anterior a Hanmurabí, antes de que institituyera “EL Talión” y creara un principio de igualdad proporcional liberador de la afrenta y la culpa, en que “siempre y para siempre mi Clan atacará a tu Clan y sin que quepa la paz, pues fuí ofendido”. Pues mire, Sr. Martínez (que los de izquierda humanista somos muy educados) no otra cosa es la pignoración de un bien que la consecuente finalización de la deuda que avala, máxime cuando ha sido valorado por el prestamista y con pigües e injustos beneficios.
Es más y concluyo:sólo la legislación consecuente con ello, esto es, que la entrega de lo hipotecado extingua la deuda – con las salvedades que sean por el posible deterioro- evitará futuras burbujas especulativas, ya que, según se ve, la jodida condición humana no lo va a hacer.
Queda en paz de guerra, mi querido amigo.
Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
miércoles, 13 de abril de 2011 10:19
NO SAQUEIS LOS PIES DEL TIESTO
Os lo dice vuestra madre, no seáis orgullosos, no seáis rebeldes, sed humildes como los corderos. Haced caso a su experiencia avalada por dos mil años largos, llenos de avatares. El mundo es astuto como las serpientes y puede prenderos en sus redes, como a tantos..
Confiad en vuestra madre, abandonaos confiados en sus brazos, no tenéis edad todavía, ni la madurez precisa para saber lo que os conviene, de eso se ocupa vuestra madre.
Ved como acabaron vuestro hermanos Tomás Moro – luego santo -, Romero, Ellacuría , Juan Ramón Moreno, Amando López, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró, Joaquín López y López …, si le hubieran hecho caso a su madre no les habría pasado lo que les pasó.
Vuestra madre os ama, aunque a veces tenga que regañaros y mandar callar, por vuestro propio bien, como a vuestros hermanos Jon Sobrino, José Antonio Pagola, Juan Masiá, Robert Haight, Jacques Dupuis, Charles Curran, Bernhard Häring, Edward Schillebeeckx, Teresa Berger ,Joan Chittister….
Vuestra madre sufre cuando se ve obligada invitar a alguno de sus hijos a abandonar la casa como a Hans Küng , Leonardo Woff – “La humildad es una virtud, la humillación un pecado “-, Lavinia Byrne, Tissa Balasuriya, José María Diez Alegría, Benjamín Forcano, José María Castillo, Juan Antonio Estrada. No puede consentir que cundan los malos ejemplos.
Si mis hijos, a los que he tenido que regañar y dar un tirón de orejas y aquellos a los que he invitado a salir de casa, no se corrigen acabarán como los primeros, ¡preservaos del mundo!, os lo dice vuestra madre que os quiere.
Que hablen los muertos.
Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
jueves, 14 de abril de 2011 12:24
ESTO ES COJONUDO, YO NO QUIERO MORIRME
Da la impresión de que se hayan puesto de acuerdo, ¡es increíble! Primero una noticia, luego otra y otra, todas del mismo tenor literal, con el mismo mensaje, ¡parece un milagro!.
Recién levantado de la cama, para hacer menos rutinario el aseo diario conecto las noticias de la radio y escuchen, escuchen lo que oían mis oídos:
Su Santidad en Papa manifiesta que en los últimos tiempos ha estado volcado en tareas de evangelización. Confiesa su distracción sobre los problemas que afectan a sus hijos más cercanos. Acaba de enterarse que la crisis económica del mundo mundial, la están pagando los más pobres y ¡eso si que no!. No está dispuesto a consentirlo y a tal fin a convocado un cónclave para denunciar esta injusticia, no permanecerá callado. Anuncia una próxima encíclica de carácter social, no la pone nombre.
Este oyente piensa: Esto es cojonudo, yo no quiero morirme.
A continuación escucho que el parlamento europeo –los americanos son de otra manera- con todos los pronunciamientos a favor anuncia medidas para poner freno a los desmanes financieros.
Este oyente piensa: Esto es cojonudo, yo no quiero morirme.
Después se manifiesta en Presidente del Congreso que dice hablar en nombre propio y en nombre del Presidente de la Nación y Secretario General de su partido e insta, de forma enérgica – con cierto enojo, diría yo - a la cámara , prescindiendo de la creación de comisiones, a legislar de forma urgente y excepcional para derogar la Normativa Hipotecaria y Desahucios.
Este oyente piensa: Esto es cojonudo, yo no quiero morirme.
Sigue el Presidente del Poder Judicial dirigiéndose a los señores magistrados y jueces animándoles a dictar sentencias a favor de la dación en pago, en tanto en cuanto, no se cambie la legislación.
Este oyente piensa: Esto es cojonudo, yo no quiero morirme.
Sigo escuchando ahora al representante de la AEB – Asociación española de banca – que reconoce que la política bancaria debe de dar un giro de ciento ochenta grados…
Este oyente, no pudo seguir escuchando, lo siento por ustedes no se van a enterarse de más, este oyente se emocionó, que les voy a decir, le pudo el sentimiento y pensó: ESTO ES COJONUDO, YO NO QUIERO MORIRME.
Perdonen de nuevo, este oyente es muy emotivo.

Raúl Ibáñez Martínez
# Raúl Ibáñez Martínez
sábado, 16 de abril de 2011 12:47
Con todos mis respetos, consideración y cariño a Jon Sobrino y a Leonardo Woff.-.Teólogos de la Liberación:
Apreciadoss y queridos hermanos Jon y Leonardo, ya os han clavado en la cruz solo les falta atravesar vuestros costados con la lanza, esa que partirá vuestro corazón en dos.
“Nada os turbe, nada os espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”- Lo que necesitais está dentro de vosotros, solo necesitais nuestro cariño, nuestros besos, nuestro abrazo.
Ya sé, imagino que vuestra fuerzas os empezaron a faltar mucho antes de clavaros en la cruz, empezasteis a debilitartaros en el Monte de los Olivos cuando se demudaron vuestros rostros y sudasteis sangre a la vista de vuestra pasión. No os justificasteis ante Pilatos que no vio falta en vosotros, pero el Sanedrín le cogió por las pelotas, ó vosotros o él, por eso mandó azotaros y lo hicieron a conciencia, hasta llevaros al borde del colapso. A continuación os pusieron la corona de espinas y el manto púrpura y la caña en la mano a modo de burla, se ensañaron con vosotros –golpes, puñetazos, escupitajos- arrancaron mechones de vuestras barbas. Os condenaron y cargaron vuestros cuerpos exhaustos con esa pesada cruz de madera, apenas seiscientos metros separaban la fortaleza del Gólgota, os habían quebrantado, no podías con esa carga y caísteis de bruces siete veces - no puedo imaginaros, soy incapaz de meterme en vuestra piel para sentir vuesta impotencia, vuestra humillación, como os sentis a nivel psiquicógico, que pasaba por vuestra mientes. Llegasteis, ya no os sosteníais, gracias a la ayuda de Simón de Cirene. Ya en el monte, después de los preparativos, os arrastraron y quitaron la túnica pegada con sangra a vuestra heridas, ya sé, imagino que fué muy doloroso. A continuación os tumbaron de espaldas a la cruz y vosotros, mansos, os dejasteis hacer sin revolveros. Clavaron vuestras manos a la cruz, primero la derecha, antes de clavar la izquierda, tiraron de vuestros brazos con una cuerda, descoyuntando vuestros hombros hasta llegar a la marca que habían hecho en los maderos, lo tenían todo bien medido. Luego clavaron vuestros pies, a continuacón volvieron a colocaros la corona de espinas y pusieron las cruces en alto y ahí estais, tres horas de agonía de dolor de sufrimiento de sed , soportando insultos, sin poder respirar - os llevarona a la cianosis-. Vuestros amigos sienten miedo y han ido a esconderse, solo vuestra madre, la mía, acompañada por las santas mujeres y del joven Juan, permanecen junto a vosotros, su amor puede más que su miedo.
Solo falta, no creo, que Nuestro Padre os abandone. Ya otro, había se había inmolado, cargando con nuestro pecados. No le abandonó a El tampoco, el Inmaculado no abandonó a su Hijo, volvió la cara ante la atrocidad de los pecados que El Cordero cargó sobre sus espaldas, “se hizo pecado” en palabras de San Agustín.
Aguanta Jon ,aguanta Leonardo,sé que les amais, que les seguireis amando después de muertos, en eso reconozco que estais en El, y El en El Padre, y vosotros en el Padre. Perdonazles porque no saben lo que hacen.
Vuestros amigo en Cristo.
Raúl
A vosotros y a amigo que está en el cielo Juan Vicario SJ.
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jueves, 29 de diciembre de 2011 12:17
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viernes, 06 de enero de 2012 7:01
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