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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

¡Forma parte! 
 

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Los vecinos propietarios de mi escalera se reunieron para decidir cómo iba a ser la rampa de acceso al edificio. Tengo problemas de movilidad, y es un coñazo (perdón) subir y bajar sin ayuda los dos escalones que hay, primero en el exterior y luego en el interior. Hasta junio de 2009 lo hacía y ya, es lo que hay, me decía. Sólo que, con una rampa podría pensar en un vehículo eléctrico y ganar autonomía. Una asistenta social me señaló que en caso de movilidad reducida la rampa de acceso es prescriptiva y que el ayuntamiento de mi ciudad concede ayudas; así que la solicité, pensando en que era una mejora necesaria y que la viejita del ático, de 82 años, también se beneficiaría… amén de que sería más fácil llevar carritos varios… “Y si todos ponen un poco, más la ayuda, la obra no saldrá cara”, me dije. La cosa es que, parece que hay objeciones: no soy propietaria. “Y esa chica, ¿qué, ya estaba enferma cuando llegó aquí? Porque claro, no es lo mismo…” No, no es lo mismo: entonces andaba sin problemas.

La cosa es que ese comentario, recogido y transmitido por una amiga de visita que cruzó el hall en plena reunión, fue un latigazo, me dio que pensar…  Es como un emblema de la mezquindad, ¿no? ¿Por qué esa persona no reconoce abiertamente que le fastidia gastar dinerito en su comunidad, por el bien de todos? Yo ando mal, pero hay que decir que en la comunidad la media de edad no baja de 60… la vejez y sus achaques están a la vuelta de la esquina… amén de que: nadie está libre de imprevistos, ¿no? En fin, el diagnóstico es rotundo: un caso claro de miedo atenazado e inconfeso dictando conducta, revestido de egoísmo tenaz y preocupación innecesaria por el dinero; miedo a una supuesta ruina económica que es un simple desplazamiento, la metáfora, el síntoma de una miseria moral y una ruina ética bien reales.  El miedo, siempre el miedo, el temor inconsciente que lo complica todo y, peor de los peores, siega de cuajo aquello humano tan humano que es la empatía –de hecho debería decir aquello tan de grandes mamíferos que es la empatía:

Redes (28/03/10): Nuestro cerebro altruísta

En fin, acababa de llegar entonces de un viaje a Damasco, de morar unos días en el viejo barrio de Núfara y la honda y ancha mezquindad del comentario de la vecina en cuestión aparecía en todo su ominoso esplendor por contraste con lo vivido en la ciudad de las siete puertas y la gran mezquita de los Omeyas.

Unas impresiones, alguna anécdota bastarán para explicarme: el adoquinado de la vieja Damasco es de órdago (¡el de Roma resulta un hall de aeropuerto a su lado!); hay escalones que sortear a la entrada de las antiguas casas crecidas alrededor de patios y por nada del mundo me habría perdido –y no lo hice- ni un solo té, ninguna tarde de charla en los diwanes, cerca del jazmín, al arrullo de la fuentecilla… De modo que cada dos por tres, hop, había que levantarse, dejar que mis amigos o, mejor, cualquiera que pasara por ahí cargara la silla y la entrara, mientras yo avanzaba hacía una de esas tardes de oriente del brazo de algún desconocido y amabilísimo y, mejor, muy sonriente voluntario o –en contadas ocasiones-, voluntaria.

Pasé muchas horas sentada en uno de los cafés que hay al pie de las escaleras que llevan al recinto de la Gran Mezquita… a veces me levantaba y apoyada en las muletas curioseaba los abigarrados puestos… A la vuelta, algún crío estaba jugando con cuidado con la silla de ruedas, o el camarero Rim, aprovechaba para quitarle el polvo y me ofrecía un segundo té, caliente, que no me cobró jamás, porque el anterior se había enfriado. Aquellas gentes cuidaban de Quickie –mi silla plegable- como de un tesoro… conscientes de su valor (establecido por su función y no por su coste, que desconocían).

Recorrí el casco viejo de Damasco con los bolsillos llenos de chucherías para dárselas a los chavales que me ayudaban a llegar entre risas allí donde me dirigía –”conducían” con pasmosa destreza. Por no hablar de las exquisitas maniobras de los taxistas que trataron siempre a Quickie con mimo, deshaciéndose en paciente y voluntariosa ayuda… había que meterla en el maletero, como fuera, sin pensar, jamás, ni por un segundo “no cabe” como sucede en Barcelona a menudo, y eso que, en proporción, aquí la carrera es cientos de veces más cara (lo apunto por si alguien cree que es una cuestión de dinero…).

Finalmente, el traqueteo de los adoquines y la excursión a las impresionantes ruinas de Bosra, acabaron por aflojar tuercas, frenos y desinflar las ruedas de la titánica silla… Un día hubo que intentar repararla. De modo que el amigo pintor Joan que sin hablar árabe o inglés, tan sólo francés, catalán y castellano había montado, instalado, dos exposiciones en la milenaria Damasco, (ambas exigieron “alta logística”… luego idas y venidas, hacerse entender y, sobretodo ser escuchado, atendido…) y la amiga Mireia, que sí habla un poco de árabe y yo, emprendimos camino hacia el zoco de los herreros con la idea de dar con unas llaves Allen… Fueron horas, pero regresamos con las llaves, las ruedas infladas y, mejor, el corazón alegre y una gran lección: lo habíamos logrado, porque los damasquinos se habían desvivido por ayudarnos, SIN DEJAR DE SONREÍR Y CON TREMENDA EFICACIA.

No exagero si digo que la vida no es lo mismo después de aquel viaje… fue en octubre de 2009… ha pasado casi un año… Mis vecinos han hecho sólo la rampa interior, que no sirve de nada, pues la del acceso exterior no existe… la puerta sigue pesando toneladas y aun hoy, alguno, cuando me lo cruzo, tiene a bien cerrármela en las narices… Pienso entonces en Damasco y sonrío… Allí no haría falta cursar la denuncia que hoy he puesto a mis vecinos, acogiéndome a mis derechos como ciudadana de un estado de derecho…; posiblemente tampoco habría sido “útil” semejante denuncia en Damasco, de ser posible: imagino una eterna burocracia y sé de la distinta concepción de ciudadanía, igualdad de derechos y obligaciones del estado…

…¿Por qué os cuento todo esto, qué importancia tiene, a qué viene este asunto de la rampa…? Porque no puedo dejar de pensar que en Damasco sería más autónoma, con la ayuda de los vecinos… Seguro un tropel de críos “me sacaba” de paseo, alguna vecina pasaría regularmente con un plato de comida y se quedaría rato largo a conversar, interesándose por lo que podía necesitar u ofreciéndose para ver cómo organizar el asunto, el tendero de la esquina pasaría a buscar la lista de víveres que traer por la tarde… Son ensoñaciones, diréis… Sí, pero a partir de vívida experiencia… Tampoco se me escapa que mi abuela vivió en Jaca, sola hasta edad bien provecta porque contaba con una red estupenda: cada día la tendera de enfrente de su casa le tocaba un timbre con la misma pregunta, “¿qué necesitas que te suba, Feli?” Combinaba la red de vecinos, amigos y parientes con el servicio de asistencia de la Cruz Roja, siempre llevaba colgado el medallón con el pulsor de la alarma, “por si caso, ¿sabes?…” Más de una vez, el abrazo de bienvenida acababa con una conversación entre risas con la teleoperadora del servicio “Lo siento, Feli está bien, soy su nieta de Barcelona, es que me ha dado un tremendo achuchón, ¡gracias!”

Por eso quiero compartir estas rumiaciones… Por que finalmente voy a denunciar a mis vecinos, mis queridos vecinos cuya actitud ha dado al traste con mis planes de organizar servicios comunes en la escalera… No quiero ni imaginar la dureza de la miseria en Damasco, de la falta de recursos… (Aunque no olvido al taxista que con orgullo señaló un barrio casi mísero, no era de los peores, camino de la estación de autobuses, “Je, là, vivre. Ma femme et three boys”); la falta de seguridad social, los déficits del transporte público, de instalaciones municipales… y un largo etcétera… Ni tampoco se me escapa que no hubo modo de mantener una conversación sobre política con sirios –sólo los extranjeros allí radicados hablaban de política aunque no dejaban de mostrar un impostado desinterés. 

Y aún así, a pesar de todo ello… pienso en el habitual “Hola vecino” de los países árabes que se conserva acá en algunos pueblos… Ese “hola vecino” que haría de las urbes occidentales un casi paraíso civil, cercano, muy cercano a la humana organicidad de oriente aunque con todas las ventajas, los enormes logros de un estado de derecho… Que el bicing, el reciclar, la adaptación de cada vez más barrios a los peatones con movilidad reducida, la excelente red de bibliotecas municipales y un largo etcétera de logros no nos llame a engaño. Oriente es, más allá de burkas, niqabs, segregación de mujeres, integrismos y todas esas “nuevas” que la prensa hincha sin profundizar en ellas, ese cardinal punto cultural donde la miseria no es moral. Donde el mal, la mezquindad y el tedio también existen y son hasta más crueles; donde los derechos humanos se incumplen, donde la incultura y el integrismo extienden sus fueros… Donde a pesar de todo ello, aún hoy, las gentes se saludan con un “hola, vecino, qué tal…”

“… Nunca las crisis profundas, aquellas que dejan a un país sin pulso son producto exclusivo de una dirección desacertada de sus élites, ya que siempre se deben también al decaimiento del sistema de modelos, valores y creencias que vertebraba hasta entonces la vida colectiva.” Así cierra Juan-José López Burriol su artículo del sábado 26 de junio en La Vanguardia titulado “Agonía de Francia”, una reflexión sobre aquello que permitió el fulgurante sometimiento de Francia, ¡Francia! a las botas nazis alemanas del año 40…

 

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: airam.revilo@gmail.com

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Comments

German
# German
martes, 29 de junio de 2010 8:12
Conmovedora tu historia María,la verdad es que me llega al alma y quiero pensar que aún hay personas buienas en éste mundo.Sin embargo la ceguera en que estamos nos impiden verlas.Solo vamos a nuestro propio beneficio dejando de lado al que tenemos delante.Creemos que porque demos dinero a otros países(y está bien hacerlo).Pero y el vecino de al lado?Ése que necesita mi ayuda?Sí, ése mismo.A ése nada, es como si fuera invisible.Simplemente con un HOLA,una sonrisa ya éstá.El ejemplo que pones de tu vecina es fiel reflejo de ésta sociedad hedonista,egoista,insolidaria.Al final pones lo del articulo de la Vanguardia"la agonia de Francia" sí pero tambien la agonia de España de Europa y de todo un mundo que se cae a pedazos.Qué puede salir de semejante hecatombe?Nadie lo sabe,aún albergo alguna esperanza en el ser humano aunque me van quedando pocas la verdad.
Carolina
# Carolina
martes, 29 de junio de 2010 10:06
Ay Maria, que historia. Aunque no he viajado apenas y nunca he ido a oriente, la verdad es que todo el mundo que ha estado en algunos países de oriente hablan de esa solidaridad entre sus gentes, de esa cooperación desinteresada, de esa voluntariedad, de esas ganas de ayudar desde el corazón compartiendo lo poquísimo que tienen.

Es triste ver que en nuestras ciudades los vecinos son poco más que aquellos que te cruzas cuando vas a coger el ascensor. Y es de vergüenza que por una rampa se pongan de culo, no lo comprendo.

Realmente ante esta situación se hace más evidente que nunca la crisis de ética, compasión y empatía que estamos viviendo.

Me apena ver que con gente como esta que no quiere ayudar al bienestar de las personas que habitan su mismo edificio, no se puede hacer mucho a nivel de comunidad. La gente así solo pueden aprender a ponerse en el lugar de otro cuando les pasa algo gordo a ellos mismos, y es algo muy triste el no tener capacidad de empatía sin necesidad de vivir una experiencia tal. Hay gente que anda emocionalmente muy atontada y endurecida y es un grave problema.

Vienen tiempos difíciles y es preocupante ver la atomización de nuestras sociedad que no facilita la cooperación entre las personas.

Aún así, todavía queda gente buena, de eso no me cabe duda.
chus
# chus
martes, 29 de junio de 2010 10:50
Gracias María.
Cómo alegra el día comprobar que existen seres con el Corazón y para el Corazón.
Es la raiz de cualquier esperanza, y no hay esperanza sin conexión con esa raiz.
Fuerte y tierno abrazo luminoso
Chus

Nacho Rivera
# Nacho Rivera
martes, 29 de junio de 2010 11:59
Esa es la esquizofrenia de occidente, tan sumida en el sistema, en la maquinaria...Y cuanto nos hemos olvidado de las piezas que lo conforman. Piezas que tienen un interior, un alma. Pero que éste ha sido abandonado y nos han convertido en una especie de gigante Lego humano. Frío, mecánico, sin sentimientos... Bien adaptado para ser manipulado al antojo de ese gran constructor llamado Poder. Tenemos que ser capaces de desprogramarnos y sumergirnos en la vida real. Saltar al vacío de la incertidumbre, de lo desconocido, de la Libertad.

Gracias María. Tu bella alma nos ilumina.
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 29 de junio de 2010 12:31
Gracias por vuestras palabras, vecinos ee este patio: es evidente que quedan almas, gente con corazón, la prueba... La cosa era aprovechar la anécdota para poner una baliza: así son, con eso vivimos; poner un ejemplo de lo que, lástima, nos rodeae y sus peligros. evidentemente, un escollo se sortea y, ese es el escollo a sortear, el que señala López-Burniol en relación a la Francia de Vichy... que acabó por salir del atolladero. No quiero ponerme épica, no... sólo pretend´ñia, como señalais todos, insistir en la importancia de la luz, de la conciencia, del cuore y mantenerse firmes ahí... acabaran haciendo esa rampa, y servirá a todos, ojalá sea un emblema de lo que acabará sucediendo con este cambio de mentalidad que se está produciendo, que acabará siendo... Se me hace la cosa un pioco como eso del titánico esfuerzo de un tierno brote para alcanzar la luz, de la que siente el calor, allí en lo hondo de la tierra, no?
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 29 de junio de 2010 12:34
ah, y otro diez a Esther por la imagen, me chifla!
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
martes, 29 de junio de 2010 12:39
Triste historia la que explicas, María. Tenemos de todo, excepto lo más importante.
Es lamentable que parece que solo estemos dispuestos a cooperar por necesidad, no por convicción. Y a veces, ni así.
Sigamos el camino, expliquemos más historias como estas, a ver si reflexionamos y encontramos los valores que den sentido a la vida, en vez de lo que solo nos dice el como vivimos.
Ramon
# Ramon
martes, 29 de junio de 2010 13:33
Como bien dice Nacho, lo que importa es la escala humana.
Estamos perdidos en unos aconetecimientos que no podemos controlar, que nos hacen perder mucho tiempo para intentarlos controlar y no perder la poca brujula que aun nos queda.
chus
# chus
martes, 29 de junio de 2010 14:02
Dedicamos bastante esfuerzo y atención, y no sin acierto, a desvelar y criticar las actuaciones desequilibradas de los “poderosos.” Somos bastante proficientes al respecto.
Pero me gusta insistir en la idea de que a mucha menor altura socio-cultural, y en un plano de vida, digamos “más de la calle”, muchísimos de los desequilibrios y actuaciones egoístas se dan día a día a todas horas, en formas de interacción cultural y económica que solemos reprochar a las instancias de más rango.
Por ejemplo, estamos pidiendo y exigiendo actitudes y responsabilidades a instancias superiores que luego, en otros ámbitos, como el expresado en una mera reunión de vecinos de un portal, podemos observar que se reproducen con una carta de naturalidad pasmosa, en cuanto a ignorancia, falta de solidaridad, falta de compromiso social, y defensa egoísta, sorda y ciega de intereses particulares.
Y tengo y mantengo la idea de que, en ningún caso se podrá alcanzar un tipo de evolución en justicia social y equilibrio positivo en la balanza de derechos y deberes, si tales planteamientos no se encarnan en las actitudes cotidianas relativas a ámbitos de vecindad, de relaciones profesionales, laborales, comerciales, de educación cívica, etc.
Por mucho que aparezca un gran líder benefactor, o una comunidad de responsables políticos más o menos decentes, mientras no encarne y eche raíces en la pura sociedad esa consciencia social de compromiso y participación en un bienestar común, no conseguiremos avances significativos.
Y llega a pasar que aparecen esos líderes carismáticos y magnéticos que asumen ese ideal de cambio y de prosperidad común, le dan una forma o un formato de expresión populista al que la masa se adhiere, dejándose llevar, entregando su propia responsabilidad al dirigente, y si luego se da el caso de que tal dirigente sufre las secuelas del “síndrome del poder” o del “síndrome del Mesías” que tiene que dirigir al pueblo hacia la tierra prometida, pues pasa lo que pasa... Ejemplos evidentes haylos en la historia y en la contemporaneidad.
En mi opinión, uno de los factores más ominosos de esta crisis es el olvido del esfuerzo hecho para encontrar puntos de consenso y el olvido del pacto de compromiso social del ciudadano, que deja de ser consciente de la naturaleza del equilibrio de derechos y deberes en el que participa en su sociedad, la que vive cada hora de sus días, con sus vecinos, compañeros de trabajo, etc.
Pero como la sociedad es un cuerpo vivo, ese equilibrio de derechos y deberes y la consciencia respecto de los mismos, se tensa revelando sus defectos críticos y los olvidos de los compromisos, se tensa revelando los factores de egoísmo y de individualismo competitivo, que por la propia naturaleza vital de esta entidad que somos, aparecen como enfermedades con síntomas claros que nos afectan y nos impulsan a cambiar.
Por eso me alegro tantas veces de estar en la buena compañía de quienes hacen un esfuerzo con sus neuronas y sus corazones para dar salida a ese propósito de equilibrio y de bienestar común.
Abrazos luminosos
Chus
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 29 de junio de 2010 22:23
chus, tu último comment es excelente, gracias. Destaco un páeeafo:
Por ejemplo, estamos pidiendo y exigiendo actitudes y responsabilidades a instancias superiores que luego, en otros ámbitos, como el expresado en una mera reunión de vecinos de un portal, podemos observar que se reproducen con una carta de naturalidad pasmosa, en cuanto a ignorancia, falta de solidaridad, falta de compromiso social, y defensa egoísta, sorda y ciega de intereses particulares.
Y tengo y mantengo la idea de que, en ningún caso se podrá alcanzar un tipo de evolución en justicia social y equilibrio positivo en la balanza de derechos y deberes, si tales planteamientos no se encarnan en las actitudes cotidianas relativas a ámbitos de vecindad, de relaciones profesionales, laborales, comerciales, de educación cívica, etc.

me resulta fundamental, el quid de la cosa es es: atacamos la estructura por arriba, y olvidamos lo que está a un palmo... Creo que se trata de no olvidar ningún aspecto, y menos ese: el más cercano... aunque uno pierde fuelle o fe, pero... hay que insistir, no cabe otra posibilidad...

un abrazo luminoso y firme!
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
martes, 29 de junio de 2010 23:01
Gracias María por tan precioso artículo.
Ya sabes que yo también tengo debilidad por la cultura árabe y turca, su caracter hospitalario que tan bien has descrito. Y digo esto aunque el hacker que nos ha hackeado la página esta tarde era turco.
Totalmente de acuerdo conactuar en lo cotidiano para realizar cambios desde abajo, pero también ejerciendo presión hacia arriba. Algo parecido hemos vivido todos al abandonar la adolescencia y enfrentarnos a la vida como adultos. En mayor o menor grado todos hemos tenido que poner límites al poder parental. Pues socilamente ocurre lo mismo.
Un abrazo
Lali
# Lali
miércoles, 30 de junio de 2010 0:55
Hpla vecinos, y gracias de nuevo María por tus palabras sentidas y bellamente hilvanadas, nos haces ponernos en tu piel y padecer contigo los dolores continuos que tú y Quickie paseáis por el mundo..
Totalmente de acuerdo con vosotros en el matiz de Chus, el fenómeno de la crueldad y la deshonestidad no es exclusivo de los políticos, sino que es una epidemia altamente contagiosa desde que somos niños, ya que como dijo Proust, voler a la sensibilidad perdida es un arduo camino del corazón...ya somos unos cuantos que lo andamos, una no se siente tan sola acompañada de vecinos como vosotros, cibernéticos pero reales, quizás para eso ha surgido la tecnología, para que podamos dejar de sentirnos solos en esta lucha titánica contra el contagio...no es fácil, pero ahí estamos, manifestándonos en libertado, eso sí que es posible ahora, hace una década no resultaba tan fácil encontrar interlocutores afines, gracias por estar ahí, ahora que me he sumado por unos meses a la guerra yuppie me resulta un soplo de agua bendita leeros y poder escribir lo que me place, sabiendo que no hay jucios...
hasta pronto, saludos calurosos de pleno verano
Pedro Pitofino
miércoles, 30 de junio de 2010 2:53
María, buen desarrollo de tu artículo, y totalmente de acuerdo contigo y el resto.

Son situaciones cotidianas, que hemos perdido con una mal llamada cultura moderna. Me fastidia estar en un ascensor yo solo, y que entre alguien y no de los buenos días, ¿acaso soy un holograma? Esto que parece una tontería dice mucho del egocentrismo del silencioso.

Incluso en el propio campo o la montaña, donde era practica habitual el saludo, ¡ya no existe! Cruzamos, nos miramos y vamos cómo autómatas.

A esto lo estamos llamando desarrollo. Pero la suerte del saludo, que es algo muy elemental, refleja fielmente cómo estamos cambiando la escala de valores.

María, si un día estás en un ascensor, y entra una persona saludando en un tono muy alto, cómo obligando a los demás a contestar, es posible que sea yo.
chus
# chus
miércoles, 30 de junio de 2010 9:20
¡HOLA PEDRO! ¡BUENOS DÍAS!

Hay veces que voy por la calle, pensando...
Hay otras veces que voy mirando a la gente, como si fuera un espectador de una película. Y en estas, hay veces que cuando alguien se da cuenta conscientemente o inconscientemente que le estoy observando, me devuelve la mirada. Entonces, suelo mantener el contacto visual, pero sin expectativas, como vaciándome, y relajo la cara y dejo que en la relajación facial se dibuje a si misma una sonrisa, sin más. Hay veces que puede ser quizá algo violento o violentante, pero también es una puerta de salida.. Y de entrada... Violento porque de súbito se soslayan ciertos muros de protección, que uno no sabe si vienen a cuento siempre, y aparecen cosas, surgen olas del inconsciente que se disuelven en la orilla del presente y dejan sus posos ante la luz de la observación.
Abrazos luminosos
Chus
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 30 de junio de 2010 12:10
Me alegra haber puesto en foco esa cosa tan senculla y estupenda de la amabilidad... de ser amable, de estar a disposición de ser amado y amar, que esa es la etimología de amable: que se hace querer y quiere... No perdr, recuperar la sonrisa, el saludo es muy fundamental, como señalan chus y Pedro, tras ese gesto se esconde todo un estar, luego un ser... Y sabenmos cuán facil es perder la sonrisa, la distensión en favor del rictus...

Esther, buena comparación la de la adolescencia, o mejor, la de la primera madurez, no?, la de la treintena: poner limites claros y definitivos hacia arriba, continuar la labor del adolescente, sin violencias pero con firmeza, sin la acción de la hormona loca! y construir un entorno de alianzas, de harmonía, en horizontal, con conciencia... lo veo más así que meramente adolescente

Bueno, pues seguiré contandos las aventuras con quickie (que al final, más que silla, resulta un estupendo revelador!), que no son sólo dolor, Lali, ni mucho menos!

un abrazo luminoso y refrescante. Es una gozada este patio,
Alfredo Astort
# Alfredo Astort
miércoles, 30 de junio de 2010 14:43
Duro; María. Para no entrar en pleitos, alejarte un tiempo, aunque sea corto, salirte de la situación; a eso que llama tomar un segundo aire. Porque todavía te duele; y es normal. La ignorancia de los demás escuece; uno hierve: salen burbujas. Y quizás luego, después del respiro, una corta carta de agradecimiento a tus vecinos, leales y sentidos, porque en realidad lo que te están pidiendo es que te sigas esforzando para entrar y salir de tu casa, es el esfuerzo que no quieren hacer por ti, ... para echar adelante como vienes haciendo con las dificultades que sorteas, con los obstáculos que te encuentras, para seguir con tu vida. Esa carta, corta, y sentida; de agradecimiento ( como hacerle masajes en los pies a la viejita). Y luego volver a esperar, que se produzca el milagro. (Me salió de un tirón; y disculpa si parece que quiera viajar a la luna en globo pero así mi travesía) y que sea bienvenida tu rampa. Un abrazo, María.
Maria Oliver
# Maria Oliver
miércoles, 30 de junio de 2010 17:28
Alfredo, jajaja, no puse esa denuncia, un amigo mediador se hace cargo ahora de la cosa, estoy harta de la hipocresía de la presidenta, de su mala conciencia, demasiado caliente... Así que el parlamenta... sigo con mi vida, aunque mermada y créeme, ya les mandé esa carta y el resultado ha sido media rampa (y aun esa media lleva dos semanas sin acabar...)... no puedo más, pero no dejaré de salir, ni de sonreir, ni de apurar soluciones, aunque confieso que creo que lo de la denuncia seria una lección, un ejemplo: me acojo a unos derechos que ellos no respetan, na más... Entiendo que la que planteas es la vía, por eso el amigo mediador... también se que bregar con la hipocresía y la mala conciencia me enciende el ego... y sabes? una primavera de escasa calle es bien jodida! Gracias por tu propuesta, la mastico, a ver si se me disuelve la bilis de una vez!
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
miércoles, 30 de junio de 2010 19:48
Hace años, de regreso de viaje a Sevilla, paré en un bar a tomar un "tentenpié" y descansar un poco. Vine por Málaga, con un amigo (Gabi) y a la salida de El Ejido en Almería, ví ese bar-barraquilla, que ya antes había estado, y ofrecían de tapa un mero en vinagreta delicioso, amén de otras muchas tapas.
Estando en la barra, vi como dos niños de unos 10-12 años, dejaban la bici fuera y entraban al bar, cosa que llamó mi atención. Estaban muy desaliñados y sucios. Bastante delgados y sin asear. Fueron al final de la barra y comenzaron a pedir alguna limosna, uno por uno de los que estábamos allí, unos 15. Me sorprendió cómo alguno movía la cabeza de forma altanera con una negativa, otro decía no y uno de los niños salió sollozando y se quedó junto a la bici, esperando al otro.
Cuando llegó a mi, le dije que si quería un "bocata". Teníais que ver el brillo en su cara desaseada y cómo abrió los ojos asintiendo. -"Camarero: un bocadillo de lomo y una cocacola", dije. Cuando trajo el bocadillo, el niño lo cogió partiendolo en dos y dándome las gracias. No me habia dado cuenta del detalle, hasta que saliéndo por la puerta, le dió la mitad al otro niño, y entonces salí apresuradamente y los llamé. Pedí otro "bocata" para el otro niño y otra cocacola, y que les preparara otro par de bocadillos para llevar.
Recuerdo mucho aquel niño, por las expresiones de su cara que, sin decir nada, expresaron todo.
Dices María de los actos de vecindad.
Si somon incapaces de tener actos de humanidad!!!!! ¿Se puede quedar el alma tranquila, tras negarle el pan a un niño, sólo por su raza, color, o religión? Eran niños, gitanos, niños.
Aún hoy, ahora, al escribir y volver a recordar, se me inundan los ojos de un líquido que proviene del alma.
Pedro Pitofino
miércoles, 30 de junio de 2010 22:47
Lo malo Angel Luis, es que la gente que niega un derecho, se autoconvence de que está en posesión de la verdad absoluta, que es una verdad que no existe.

María, definitivamente tus vecinos son unos cafres. Los gastos necesarios para la comunidad son declarables en el IRPF. No sé si llegan a ser malas personas, a veces me cuesta creerlo, pero desde luego son cortitos, muy muy cortitos.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
jueves, 01 de julio de 2010 12:09
Una divertida anecdota de ascensor,Pedro:
Una ancianita entra en un ascensor lleno de gente, en Barcelona. Saluda con un claro: Bon día ! Nadie la contesta. Se cierran las puertas y el ascensor inicia su recorrido. Entonces la viejecita se tira un pedo. Todos la miran atónitos. Un hombre le dice: Señora...! La ancianita les responde: Huy ! Perdón. Pensaba que estaba sola. Como nadie me ha contestado...
Pedro Pitofino
sábado, 03 de julio de 2010 20:13
Ja, ja, ja. Carlos esa historia la conocía con una ligera variación, y la lleve a la práctica con un individuo que estaba fumando en el metro de Madrid, mientras esperábamos su llegada. En aquel tiempo a pesar de que estaba prohibido fumar, había total permisividad por parte incluso de los revisores, y a un individuo que se sentó a mi lado a esperar, fumando y con sudoku, le advertí de la prohibición (personalmente perjudica a mi corazón), giró la cabeza hacia mi, y la volvió a girar ignorándome. En ese momento concentré toda mi atención en mi aparato digestivo hasta producir un efecto gaseoso, el cual dediqué a la amabilidad y simpatía de mi vecino de asiento.

Chus, muy buenos días, y tardes. Perdona que el otro día no te contestara. Me encantó tu descripción. Cuando viajo solo en transporte público, me gusta observar a las personas, y cada vez es más frecuente cómo contestación por su parte, “pasar del tema”. Hacen cómo que te ignoran, pero ese pasar de ti es en el fondo eso, pasar de los demás, apatía hacia el exterior. Me ha encantado tu descripción. Muchas gracias.
Carolina
# Carolina
lunes, 05 de julio de 2010 11:20
Hola gente,

Me paso de nuevo por aquí para dejar un enlace a un reportaje del programa 'Redes', lo vi ayer y me encantó. Genial, esperanzador, un soplo de aire fresco...

Aquí va el enlace:

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091129/redes-bebes-imaginacion-poder/639425.shtml
Carolina
# Carolina
lunes, 05 de julio de 2010 11:24
Carles y Pedro, me parto con vuestras anécddotas, jajajaaa, ¡sois tremendos!
Pedro Pitofino
jueves, 08 de julio de 2010 18:06
Buenas tardes.

Carolina, muchas gracias por el enlace de "Redes". Soy un admirador de este espacio del Sr. Punset, de lo poco bueno de TV.

Importante documento que nos adentra en una parte muy importante de nuestra vida, la educación y comunicación con las nuevas personas.

Respecto a mi anécdota del metro, al cafre aquel le he visto por el barrio, y sigue siendo un cafre. No creo que aprendiera nada, no tiene ganas. Y además los castellanos viejos tienen un refrán que dice, "no hay que luchar contra el destino, el que nace lechón muere cochino". La especie humana es lmuy parecida a la porcina.

Un saludo.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
viernes, 09 de julio de 2010 18:22
Muy bueno el refrán, Pedro. No lo había oido nunca.
Maria Oliver
# Maria Oliver
viernes, 09 de julio de 2010 18:24
jajaajjjjjjjjjjjjjjaaaaaaaaaaaaaaa, me encanta el refrán, que no conocía, Pedro, graciasss!
Carolina
# Carolina
viernes, 09 de julio de 2010 19:47
Menudo refrán!!! jajajajajajaaa, es buenísimo, pobres cerdetes (los animales me refiero), jajajajaja. Este refrán no tiene desperdicio!!

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