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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Desde distintos lugares del planeta llegan noticias semejantes. Esta vez, para variar, se trata de buenas noticias. Podemos decir que ha llegado el tiempo. El tiempo de abrir, de mostrar, de ventilar... Los ciudadanos hemos decidido que ha llegado el momento de levantar y sacudir las alfombras.

Que las alfombras se levanten supone que la basura escondida debajo quede a la intemperie. Y éste es el momento que estamos viviendo. Se levantan las alfombras de las finanzas, las alfombras de la política, las de la ciencia, las de la salud, las de la educación, las de la alimentación, las del cambio climático, las de las energías, las de las iglesias y religiones, las de la historia… Se sacuden todas las alfombras, y el horizonte entero se pone muy muy polvoriento, muy oscuro. La basura es la misma que había, sólo que ahora está encima y no debajo. Ahora se ve.

Semejante acontecimiento está suponiendo una sorpresa doble. Por un lado, nos impresiona contemplar la enorme cantidad de basura que se había acumulado en tanto tiempo de ocultación. A la vez, caemos en la cuenta de nuestra inquietante capacidad de ocultar lo que no nos gusta, de nuestra facilidad para hacer como que no vemos lo que no queremos aceptar en nuestras vidas, en nuestra naturaleza o en nuestra forma de enfocar la realidad.

Desde pequeños hemos sido adoctrinados en una actitud que tiene todo que ver con esta ocultación de porquería bajo la alfombra. Hemos recibido  sobredosis de educación dirigida a moldearnos como seres tranquilos, silenciosos, obedientes, iguales y serviles. Para los que fuimos educados como católicos, la pauta se resumía en unas pocas palabras: “por la paz, un avemaría”; la frase servía para cerrar cualquier conato de discusión. Había que ser bueno.

Ser buenos consistía en mirar y no ver, oír pero no escuchar, renunciar a querer saber quién tenía de verdad razón en una situación, renunciar a defender lo justo, renunciar a defender lo verdadero; se trataba de que no hubiera altercados, que nadie se molestara. Sobre todo, ser bueno consistía en meter debajo de la alfombra cualquier traza de emoción negativa, hacer como que no estaba. Ser bueno, también, era acatar siempre la autoridad ajena, ser obediente a alguien que supuestamente sabía -de cualquier cosa-, más que uno mismo. Ser bueno era delegar la responsabilidad. Ser bueno, en realidad, era renunciar a una parte del ser, amputarlo. Ser bueno suponía que había que ser otro: uno que no sentía nada, ni estaba seguro de nada, uno incapaz de defender nada. El que, a pesar del adoctrinamiento, se empeñaba en no callar ni ocultar lo que sabía en su fuero interno era considerado rebelde y apartado de la colectividad.

Pero ese silencio, esa negativa a mirar determinadas cosas, a olvidarlas en el trastero del inconsciente como si no existieran, ha tenido y tiene un precio. Tiene un precio a nivel individual y un precio a nivel social. Cuando lo que no se quiere ver, aceptar, asumir o entender –lo que se niega o rechaza- se convierte en basura bajo la alfombra, y no se ventila o se recicla o se desecha en la forma adecuada con cierta frecuencia, aparece el desequilibrio.

El no integrar esa sombra supone una enorme amenaza para la homeostasis del sistema, y no reconocerlo a tiempo puede suponer que para cuando se quiera salvar la situación sea demasiado tarde.

Todos los acosos, todos los mobbings, todos los abusos de autoridad, todas las injusticias, todas las corrupciones, toda la basura acumulada bajo las alfombras que ahora parece inundarnos… todo eso, está relacionado con nuestro silencio, con nuestro callar, con la idea falsa de que ser bueno es renunciar a una parte del ser, que ser bueno es ser dócil, que ser bueno es no tener nunca emociones poderosas que se revelan ante la injusto, que ser bueno es acatar lo que otros digan, que ser bueno es hacer exactamente lo que otros deciden que nosotros tenemos  que hacer.

Ya sean los que se dan entre compañeros en los colegios o entre parejas en el aislamiento de los hogares, ya sean los acosos a los que estamos siendo sometidos los ciudadanos por parte de nuestras instituciones, de nuestros gobiernos y de nuestras iglesias –de nuestro Emperador-, todos ellos son posibles gracias a nuestros silencios. A nuestra inconsciencia.

Esa actitud de seleccionar uno solo del par de opuestos, de no querer asumir una parte de lo que somos, de aislarla como si no fuera nuestra, como si no nos perteneciera, de no integrarla, de renunciar a lo que tiene de poderosa cuando bien utilizada, a lo que tiene de equilibrante, es la que ha hecho posible que aquellos lodos de ayer se hayan convertido en estos barros de hoy.

“El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Esa es la respuesta de Ratzinger, el actual Papa, ante la evidencia de los casos de pederastia dentro de la Iglesia. Produce mareo, vértigo, leer en titulares de prensa su utilización de las palabras de Jesús. Esas palabras que en un contexto adecuado pueden resultar sabias, actualmente en boca de Ratzinger, teniendo en cuenta lo que este hombre ha sido capaz de ocultar sobre la cuestión, resultan abominables. Y para quien aún tenga dudas, puede ver, por ejemplo, el documental de la BBC, “Abusos sexuales y El Vaticano”,  cuyo director Colm O´Gorman fue una de las víctimas de tales abusos siendo adolescente, y que ahora es una de las personas que lucha para que la basura salga de debajo de la alfombra de la Iglesia.

Este escándalo, que tiene como víctimas directas a niños, parece suficiente motivo para haber sacado a la calle a católicos y no católicos. Pero hasta ahora no ha sido así. Por la paz un avemaría… y mirar a otro lado. La jerarquía de la Iglesia pretende seguir aplicando su vieja receta ante problemas tan antiguos y vergonzosos como éste. Pero las cosas están cambiando, y en este contexto de levantamiento de alfombras, es muy posible que haya ya muchas personas de dentro y fuera de la Iglesia que hagan imposible que ella pueda seguir manteniendo su ocultación.
 
En este punto es bueno recordar que todo acosador lo puede seguir siendo mientras esté amparado por el silencio de su víctima, de ahí que conseguir ese silencio suele ser su primer objetivo. Objetivo que logra acorralando a la víctima hasta aislarla de su entorno; su fin último es alterar su sentido de realidad. Al final, la víctima deja de saber lo que es normal, lo cual la incapacita para entender lo que le pasa y, en consecuencia, para pedir ayuda o diseñar una respuesta.  El acosador  ha conseguido que a su víctima le parezca normal lo que no lo es. Su silencio está asegurado.

Conseguir nuestro silencio es también el objetivo del Emperador. Y para ello nos acorrala. Lo hace mediante una educación dirigida a conseguir ciudadanos sumisos y clónicos, en la que desaparezca cualquier traza de autonomía e individualidad, y a través de unos medios de comunicación cuidadosamente diseñados no para informar de la realidad –como pareciera- sino para aislarnos de ella, inoculando cada día la dosis consiguiente de miedo y desinformación. Con esa fórmula ha logrado que nos parezca normal lo que no lo es. Y así, manipulando nuestro sentido de realidad, ha conseguido nuestra pasividad y nuestro silencio.

Al comienzo, yo hablaba de buenas noticias. Es posible que a estas alturas del artículo haya quien se pregunte dónde están. A mi entender, lo que está sucediendo tiene que ver con algo que supone una recuperación del sentido de realidad por parte de las víctimas, todos nosotros. Es posible que la apariencia más evidente ahora sea la de confusión, caos y decrepitud, pero para el que está en la acción, empieza a ser clara una realidad de otro tipo: por todas partes hay personas que están tomando conciencia de la manipulación a la que estamos siendo sometidos, del tipo de juego perverso en el que, por el hecho de no ser conscientes, colaboramos como víctimas silenciosas.

El trabajo de tantos que han ido despertando y ayudando a otros a despertar está dando su fruto. Y las malas noticias son, en realidad, excelentes, porque suponen la conquista de la soberanía individual por las personas, y su toma de conciencia de que la ocultación tiene que acabar. En palabras de Krishnamurti: “no es un síntoma de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Recuperar el sentido de realidad supone tomar conciencia de esa verdad.

Un tema clave para esa toma de conciencia se eleva ahora en el horizonte. Por fin la verdad está saliendo a la luz. Hablo de la imponente maniobra oculta tras los atentados contra las Torres Gemelas, la gran película made in Hollywood que todas las televisiones del mundo proyectaron a la vez, para que millones de personas pudiéramos contemplar cómodamente desde nuestras casas aquel 11 de septiembre de 2001.

Como dice el doctor Oscar Abudara Bini en sus conferencias sobre el tema, creíamos estar viendo una película sin guión, pero ahora se demuestra que se trataba de una película con guión. El Movimiento por la Verdad, conformado por asociaciones de científicos,  arquitectos, ingenieros, bomberos, pilotos, militares, oficiales de inteligencia, profesionales de la salud y políticos de diversos países lleva años realizando estudios, análisis e investigaciones científicas. Fruto de esos trabajos, ha conseguido acumular una enorme cantidad de evidencia que demuestra, sin resquicio a la duda, la falsedad de la versión oficial.

Nuestros gobiernos nos mintieron. Este mensaje es el que miles de activistas de We Are Change muestran abiertamente al mundo en la gran manifestación por la paz que tuvo lugar el 20 de marzo en Los Ángeles.  Resulta emocionante contemplar las imágenes de esa manifestación. La verdad, por fin, sale a la luz.

Pero los medios de comunicación oficiales de ninguna forma nos la van a contar. Somos nosotros los que nos tenemos que ocupar de que las alfombras se levanten, y que este conocimiento llegue a ser del dominio público.  Rescatar el contacto con esa realidad que se nos oculta es nuestra única vía de salvación. Por eso, la acción más subversiva, que como ciudadanos podemos llevar a cabo ahora, es la de no cerrar los ojos a lo que está ocurriendo, y entender también la importancia de transmitir la información. Digerir y asimilar esa información puede ser un buen detonante para empezar a atar un montón de cabos sueltos que nos ayuden a elaborar una visión integrada de la realidad.

La basura que nos rodea muestra la gravedad de nuestra enfermedad. Pero a la vez puede ser la señal de que hemos empezado a sanar… Eso va a depender -“in extremis” como estamos-, únicamente de nuestra capacidad de implicación. El antiguo lema inductor de pasividad: “por la paz, un avemaría”, está siendo sustituido por uno nuevo, acuñado en dos palabras significativas, dirigidas a los gobiernos de todo el mundo: “¡Stop Secrets!”… Sería bueno que corriera de boca en boca.

 

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: sagrarana@yahoo.es

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Comments

German
# German
miércoles, 21 de abril de 2010 7:47
Que razón llevas Sagrario más claro imposible.Efectivamente somos adoctrinados desde pequeños a acatar éste orden social que nos anula como personas c´ticas y anula nustras capacidades propias como seres que cuestionan la "verdad oficial".La escuela es su mejor herramienta pues a un niño es más facil manipular su mente.Luego de adulto a pesar de que puede pensar por si propio,es tal el "bombardeo mediático-",haz ésto,compra aquello,no por allí no´ por aqui",que anula la capacidad de hacerse preguntas críticas para el sistema.Su brazo armado" los medios de comunicación están al servicio de sus amos y éstos no les pagan para que digan laverdad,con honradas excepciones,jamás una noticia positiva del llamado 3 mundo,todo es negativo.Que un ser tan nefasto y criminal como Bush hijo campe a sus anchas y aqui no pase nada despues de provocar miles de muertos, clama a las conciencias de toda la humanidad y podría seguir con muchos otros genocidas.Mientras el Emperador sigue tranquilo su imperio sigue en pie,hasta cuando?
Jesús Gabriel Gutiérrez
# Jesús Gabriel Gutiérrez
miércoles, 21 de abril de 2010 9:58
Precisamente en estos días andábale dando vueltas a un concepto homeopático acerca de la evolución de las enfermedades: de abajo arriba (del cuerpo a la mente); de dentro afuera (desde la profundidad a la superficie). En concreto me dio por pensar que si una persona se enferma y blinda (anestesia con medicina química) su órgano enfermo y ello va a la mente; y de la mente va a la familia y luego a la comunidad y luego a la sociedad, ¿no estamos construyendo una sociedad mentalmente enferma?

HAy todavía en cartelera una película de Michael Haneke, "La cinta blanca", que habla de todo esto.

Felicidades y gratitud por el artículo
Carolina
# Carolina
miércoles, 21 de abril de 2010 10:35
Efectivamente Gabriel.

Gracias por el artículo Sagrario.

Reflexionando sobre todas estas cuestiones lo que cada vez tengo más claro es que si bien hace falta denunciar y actuar, también es cierto que teniendo claro como está el mundo y no siendo la manipulación a la que nos quieren someter ningún misterio, creo que ha llegado la hora de empezar a construir cada uno de nosotros y con la ayuda de todos un nueva manera de vivir. El que tenemos está obsoleto y mucha gente lo tiene claro, así que porque no darle una lección al Emperador demostrándole que los ciudadanos podemos ser mucha más creativos que él?? ¿Y cambiar nuestra forma de vida?? Creo que la manifestación con más repercusión de todas será aquella que mostrará a unos ciudadanos que han conseguido cambiar la dinàmica de las ciudades, de sus trabajos, de sus espacios vitales, que han sido capaaces de ayudar al planeta más allá de sus Emperadores varios, etc. Porque el Emperador solo tiene fuerza en la medida en que nosotros se la damos siguiendo con la vida que tenemos. No basta con la denuncia y la manifestación activa, hace falta abrir nuevos caminos, que aunque parezcan utòpicos ahí estan emergiendo con fuerza.

La mejor muestra de resistencia es ahora establecer otra manera de vivir y situarnos en el mundo. ¿Que mejor denuncia que esa?

Gracias de nuevo por el artículo Sagrario.
Eduardo Martinez
miércoles, 21 de abril de 2010 18:37
Me parece muy positivo trasladar estas valiosas opiniones. Pero encuentro que estamos actuando como se nos pedía. ¿Es por nuestra deformación; por una prudencia excesiva, o por no querer participar en ese rompimiento tan necesario, de esa revolución que se hizo en Francia y EE. UU. en el siglo XVIII y que aquí está pendiente desde La Pepa?

Hagamos una denuncia ante el Defensor del Pueblo del Concordato con la Iglesia Católica. Hay varios artículos Fundamentales de nuestra Constitución que se están incumpliendo por parte de la misma. No Debemos consentir que ninguna secta o asociación que exista en España incumpla ni uno sólo de nuestros Derechos Fundamentales.

A eso le llamo yo acción. Todo lo demás es hacerle el caldo gordo a los Poderes Fácticos que nos dominan. Demos pasos adelante para ir tratando de eliminar esos poderes fácticos.

Seamos consecuentes.

Saludos a todos, Eduardo
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
miércoles, 21 de abril de 2010 19:47
Magnífico artículo, Sagrario.
Para mí la Iglesia Católica perdió la poca credibilidad que le quedaba al no resolver el asesinato de Juan Pablo I. Si al subir el nuevo Papa, ni siquiera es capaz de aclarar la muerte de su antecesor, ¿qué se puede esperar de él y sus sucesores? Como bien dices, "por la Paz, un Avemaría".

Carolina, tus palabras me hacen recordar las de un amigo: "Después de una buena palabra viene una buena acción". En efecto, si todo queda en palabras, de nada sirve. Después de las palabras se ha de continuar con los hechos. Solo así tienen sentido las palabras. Toda nuestra vida a de girar en torno de nuestros ideales. Con nuestra coherencia tienen sentido nuestras ideas.
Lali Valls
# Lali Valls
miércoles, 21 de abril de 2010 21:17
Me uno al agradecimiento por tu artículo, Sagrario: eso de la porquería debajo de la alfombra es, curiosamente, una expresión que utilizo mucho, y además también coincido plenamente en la positividad de lo que está pasando desde hace unos años, esta tendencia actual a que salga a la luz la porquería escondida de nuestra sociedad y la hipocresía en la que se vive actualmente. En mi caso, lo vengo observando como fenómeno desde la entrada de siglo, así que gracias a que emergen las sombras podemos empezar a transformarlas en luces. Creo firmemente en que el camino que venimos señalando desde hace meses, el de la toma de conciencia de las propias sombras, es el único que permitirá que podamos irnos uniendo para el mismo objetivo...y sí, Gabriel, la cinta blanca es una película impresionante, no tan alejada en el tiempo, que nos sumerge de lleno en la realidad...aunque duela, podemos estar contentos, al menos yo le estoy, mi vida es mucho más real, y dual, pero más plena, que en el siglo XX.
Gracias por estar ahí y por compartir.
adolfo
# adolfo
miércoles, 21 de abril de 2010 23:00
De los mejores artículos últimamente.

Ojalá esa visión que se lee entre líneas en tu artículo se convierta en realidad, y los que empezamos a darnos cuenta de todo este entramado de manipulaciones consigamos integrar en nuestro grupo a otros amigos y familiares a los que el stress del día a día les impide darse de cuenta del mismo. Es la única forma de que encaucemos todo el sentimiento de frustración que como ciudadanos individuales y como sociedad arrastramos.

Tenemos que cambiar como colectivo y para eso tenemos que cambiar como individuos, marcándonos como prioridad la independencia de criterio y la autoafirmación de nosotros mismos, pero al mismo tiempo la capacidad de involucrarnos y de formar estructuras sociales que sustituyan las actuales podridas y ocupadas por un estado que no solo no nos representa sino que nos oprime.
dazara
# Daniel Zaragoza
miércoles, 21 de abril de 2010 23:49
Bravo Sagrario. Lúcida reflexión que nos lleva a preguntarnos por nuestra dependencia y la responsabilidad que tenemos ante nosotros para trabajar unidos en un cambio de paradigmas. ¿Podrán valores como la Responsabilidad, la Ética, la Igualdad y la Sostenibilidad convertirse en ejes alrededor de los que guiar el progreso humano en una etapa? Como siempre es cosa de todos y cada uno de nosotros.

Como bien comentas en tu artículo hemos de comenzar a trabajar individualmente por el cambio. A través de ese trabajo que cada uno emprende por propia voluntad, tras un íntimo acto de reconocimiento de sus beneficios individuales y colectivos, y de la firmeza con que uno mismo se rige por esos paradigmas y ordena su vida conforme a ellos, como se propagará la firma convicción en las posibilidades de cambiar las cosas.

Necesitamos visión, y más importante todavía. Convicción y compromiso.
Chus
# Chus
domingo, 25 de abril de 2010 12:05
Me pregunto si tanta visión y proyección de una supuesta sociedad profundamente enferma y la insistencia en ese aspecto no es un factor que contribuye a la intensificacion de tal enfermedad. Me pregunto si la visión del conflicto no trae más conflicto: la atención se dirige en exclusiva a enfocar, aislar, identificar fuera de nosotros y combatir todos los supuestos males y malos.
Por ejemplo: de la frase "el que esté libre de pecado..." se extrae y se destaca solo el contexto negativo en el que Ratzinger ha podido incurrir, sin comentar la sabiduría sugerida o el posible poder liberador de la misma, incluso en el propio contexto del artículo. Parece que solo es destacable porque Ratzinger ha hecho un mal uso de ella.

Bienvenida sea la exposicion ante nuestra consciencia de las posibles causas de tiranía y dominio externo. Pero las batallas externas contra los tiranos externos no van a traer la paz ni el equilibrio si no hay un modelo de paz y equilibrio en positivo en el que fundarse, y solo prepondera la agudizada visión de la injusticia.
No puedo ver o compartir la tesis de un mundo profundamente enfermo cuando tengo testimonio de primera mano (aquí hay algunos evidentes) de que cada día y en tantísimas partes del mundo hay muchísimos más seres humanos despertando al uso libre y autónomo de su consciencia y refinando su sensibilidad en grados de empatía desconocidos en la historia, y comunicandose en una libertad desconocida. No puedo. No puedo aceptar que se estén cargando las pesas solo en la balanza de la visión del caos o de la enfermedad humana, enfermedad que es signo de crecimiento, sin que se dirija también la atención a la magnitud de los profundos cambios hacia la evolución positiva que están teniendo lugar, y que merecen tanta atención como la que se vuelca sobre lo negativo, y quizá más atención, porque la profundización en la visión de la evolución y sus manifestaciones evidentes puede crear y atraer consecuencias materiales, en cuanto a nuevas ideas, fórmulas, inventos, actitudes... Puede traer al ser humano una imagen de si mismo como la de un ser bello, creativo y responsable, con capacidades extraordinarias, con un adignidad y un poder empático sublimes, y puede conceder al ser humano la maravillosa posibilidad de alimentar y regar esa visión de si mismo por activa o por pasiva, porque si solo se alimenta la visión de la enfermedad y del caos, puede que tanto como se alimenta en el exterior y se proyecte en la responsabilidad de ciertos líderes o responsables desequilibrados, se estimule indirectamente ese mismo caos en el interior del ser humano, o se estimule esa visión oscura y autodenigrada de nosotros mismos que también permanece bajo la alfombra, una poderosa imagen falsa cuya disolución en el conflicto de cada individuo tiene más poder liberador que cualquier lucha externa.
La cuestión es ¿Se puede combatir el desequilibrio mundial con éxito sin haber alcanzado antes algún grado de paz y de equilibrio individual?
Esto lo digo porque, después de mucho tiempo sintiéndomoe "alineado" con las fuerzas que denuncian y combaten la injustica del mundo, comprometido de una u otra manera... Me di cuenta de que yo... ¡Estaba en guerra! Estaba levantado en armas, y ese estado de crispación y de alerta marcial, me ha impedido el acceso a estados de equilibrio personal desde los cuales la perspectiva es más ampia y mas coherente.
Gabriel G.
# Gabriel G.
domingo, 25 de abril de 2010 21:10
sigo a Chus:
esa es la cuestión. El desequilibrio social es fruto de un desequilibrio previo e interior -aquí los antropólogos y expertos en etología humana podrían decir algo al respecto-. Pretender apaciguar o combatir el desequilibrio mundial sin haber alcanzado el equilibrio individual -o, cuanto menos, desoyendo esa realidad íntima- no sólo no sirve para nada sino que puede agravar las cosas.
Sin embargo, podemos actuar en ambas dimensiones sin perder perspectiva: mejoremos lo personal, mejoremos lo colectivo....
Iñaki
sábado, 08 de mayo de 2010 16:59
No sólo los Mayas, sinos otras tribus indias,como los hoppi, Paracelso, Nostradamus, Esdgar Cayce, etc.. hablaron de estos tiempos y del cambio social que se produciría.
Volver a la realidad significa, como bien dice Sagrario, levantar alfombras, sacar a la luz nuestro lado oscuro, para que no nos ciegue la nueva luz que se acerca.
Y en esta realidad que vivimos y que se va a complicar mucho más, deberemos de ser observadores y analizadores de la inestabilidad.
Tendremos que saber discernir la verdad de la mentira, el amor de la mentira y el miedo, la energía positiva de la negativa.

Deberemos de hacerlo desde nuestro interior, y será un trabajo personal.

Se trata de unir la energía de cada uno, con la totalidad, para elevernos a otro estado, otra dimensión.

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