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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Leo en la página 33 del libro de Lynn Hunt, “La invención de los Derechos Humanos•”, (publicado en castellano por Tusquets en la colección “Tiempo de Memoria”):

“… Creo que el cambio social y político –en este caso, los derechos humanos— se produce porque muchos individuos  han tenido experiencias similares; no porque todos ellos habiten en el mismo contexto social, sino porque, mediante las interacciones de unos con otros, y con lo que leen y ven, crearon un nuevo contexto social. En resumen, insisto en que todo análisis de un cambio histórico debe acabar explicando la alteración de las mentes individuales. Para que los derechos humanos se volvieran evidentes, la gente normal y corriente debía disponer de nuevas formas de comprender, que surgieron a partir de nuevos tipos de sentimientos.”

Y acude a mí una imagen. Una tarde, volvíamos de Bosra, la antigua capital de la provincia romana de Arabia Pétrea, hecha de mil capas, hojaldre de culturas –nabateos, romanos,  gasánidas… árabes, musulmanes, judíos, cristianos, mongoles…Un hojaldre negro de basalto resistente, Bosra. Volvíamos de Bosra, al bajar del autobús, en la estación rodeada, envuelta, ¿abrazada? por un pobrísimo y abarrotado suburbio, buscamos el lugar donde parar un taxi… Allí, allí, no, mejor allá. Pasó uno, se fue… esperamos pues. Mira, mírala, me dijo alguien discretamente,  rozándome el codo. Ahí estaba, una mujer nos observaba, desde una prudente distancia y rodeada de bultos… su piel cobriza, muy roja en las mejillas y la nariz, delataba las horas de labor al aire libre.  Abría de par en par, bajo aquella frente también enrojecida, dos enormes ojazos verdes… tan asombrados, fascinados, sonrientes… no podía apartarlos de nosotros; de vez en cuando se reía por lo bajini, tapándose la boca con la ancha manga de su djeelaba. Claro, éramos un grupo mixto, en el que las mujeres fumaban, lucían camisetas de manga corta y escotadas y bromeaban con los hombres… Desde mi silla de ruedas, carísima (y que pude comprar gracias a la ayuda de mi hermano, gracias Gabriel!), la observaba a mis anchas. Aquella mujer posiblemente no habría entendido el precio del artilugio que me sostenía, y le habría escandalizado. Entonces empecé imaginar quién era, cómo vivía… Campesina, aunque no beduina… Entonces, tal vez el rostro enrojecido se debiera a las horas de sacar agua del pozo, cuidar de un patio, un pequeño huerto… No, era campesina, seguro, vi sus manos, fuertes, anchas, igualmente curtidas… como las de n’Antònia de s’hort, en Mallorca, aquellas manos que raspaban mucho, ai!, y hacían coques de patata y partían el pescuezo a los conejos para el arroz de los domingos… Naima, la bauticé y me pregunté cuántos hijos tendría, cuántos abriles cargaba, parecía rondar los cincuenta, aunque había algo muy joven en su estar, no sé… ¿serían treinta envejecidos por la dureza? Hube de incorporarme, mis amigos desmontaron la silla y la metieron en el maletero con ayuda del taxista (¡la paciencia y mimo de los taxistas damasquinos!). De pie, apoyada en un bastón, me volví hacía ella. Sonreía, había algo travieso en su expresión, pillo, parecía muy divertida por la situación. Nos miramos a los ojos, su sonrisa se hizo más ancha, asomaron unos dientes blanquísimos… Fue algo así como si me dijera  “iala, iala, menudo circo!” Y entrecerró los ojos, como hacen los gatos al asentir, e inclinó brevemente la cabeza, sin dejar de sonreír… Como pude, me llevé la mano al corazón, incliné la cabeza y murmuré massalama, Naima. Me sonrió. Entré en el taxi. A los minutos, Alí, que así se llamaba el simpático tipo que nos llevaba, seleccionaba de entre sus cd los más alegres. Llevábamos el ritmo con palmadas planas, como un grupo de bereberes…Atravesábamos una red de autovías, camino del centro histórico de Damasco, coches destartalados, otros no tanto, montones de esas pickups chiquitas (suzukis) rebosantes de granadas enormes, o gente o sacos de vete a saber tu qué, y a las que sus propietarios añaden barras de hierro para poder llevar más carga sin que caiga y que pululan lentas por los zocos… Entonces pensé en Naima, envuelta en aquella luz lechosa y dorada; Naima, nacida tal vez en una de esas ciudades fantasma entre Damasco y Bosra, en aquella sequedad. Pensé en el viaje en autobús, en el hombre que subió en ninguna parte con un pie de olivo que dejó en la escalera de acceso. Pasolini habría enloquecido (y yo con él!): aquel joven era de una belleza absoluta… Lo imaginé en las “Mil y una noches” del maestro vagando desesperado, en pos de su desaparecida amada, gritando aquello de “Somorrurtu, Somorrurtu” (se llamaba así la esclava, no? ). Pensé en cómo aquellas paradas imprevistas, en plena aridez, en medio del polvo, de la nada me hacían pensar en aquéllas que va haciendo el bus de Barbastro al acercarse a Zaragoza… Naima, salam, hermana, tan lejos, tan cerca… Yo podría haber sido ella de nacer en una de esas ciudades en algún punto camino a Bosra.

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: airam.revilo@gmail.com

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Comments

German
# German
jueves, 04 de marzo de 2010 8:29
Bella historia Maria,ceo que es eso lo que nos falta en éste mundo un poco de empatia.Ponernos en el lugar del que sufre ,del que lo está pasando mal.Pero por desgracia la empatia no es un brote verde más bien creo que está negro y marchito en la tierra.
Angel Luis Alonso
# Angel Luis Alonso
jueves, 04 de marzo de 2010 8:57
Exquisita expresión de lo que yo entiendo como relaciones humanas. Todo podemos ser todos en funcion de nuestro lugar. ¿Que necesitaba Naima para ser feliz en la vida?. Quizá no conozca la expresion ni significado de "consumismo".
Carolina
# Carolina
jueves, 04 de marzo de 2010 9:58
Que historia tan preciosa Maria. Me ha gustado mucho, y la última frase resume muy bien la actitud con la que deberíamos transitar por nuestras vidas.

Felicidades, es precioso. Muy bien escrito y con un mensaje que llega donde tiene que llegar.

Un abrazo.
German
# German
jueves, 04 de marzo de 2010 17:00
Los pueblos "barbaros" continuamente nos dan lecciones a los "civilizados" occidentales.Son capaces de las más bellas sonrisas en los entornos más misarables del mundo.Nada tienen,todo lo comparten.Me imagino Maria que ése día fué de los más felices de tu viaje, seguro.
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 04 de marzo de 2010 19:22
´Hola amigos. gracias por los comments... voilà, sólo quise compargtir esa sensación que tan bien captais... Ese día, y todos los ue pasé en Damascvo fueron muy felices, todos, to-dos, me dieron horas que morder, horas perfumadas, horas sonrientes, horas de sosiego increíble en medios de los bullentes zocos... Cada día traía una lecvción de saber estar, de compartir.... El Eufrates, el Tigris fluyen no muy lejos de Damasco... Hay asgo en Siria de sabiduría muy antigua, humanidad hija de las tantas civilizaciones que allí han nacido, que por allí han transitado...
hay, sobretodo vida orgánica, una vida en la que cada individuo es responsable de su persona, de sus actos pues la autoridad competente brilla por su ausencia --en la reglamentación urbana...--- Así, la ética, el hacer de cada uno, es ley... y eso está muy bien: todo es posible, todo es negociable... el limite es sencillo: no hacer lo que no te gustaría que te hicieran...

día a día en Como señala Carolina: recuperar eso ayudaría mucho a converrtir nuestro día a día en algo no sólo más llevadero sino más lindo, alegre, humano... haced la prueba... yo lo hago, los días brillan entonces, y apetece morder en ellos como quien prueba na sandía crujiente... probad, probad, incluso podríamos crear una acción o una coita semanal para intercambiar experiencias, opiniones...
un abrazo
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 04 de marzo de 2010 19:25
Como señala Carolina, recuperar eso en el día a día --- quise decir
Y en lugar de coita (a saber en qué andarían pensando estos torpes dedos!) quise decir cita!
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
jueves, 04 de marzo de 2010 20:17
Gracias por tu artículo, María. Es una bella historia.
SANTIAGO VILLAR PALLAS
# SANTIAGO VILLAR PALLAS
jueves, 04 de marzo de 2010 20:42
Lo he leído con deleite. Me has trasladado a ese lugar y me has hecho revivir esa sensación de irte de tu espacio para saborear cómo otras vidas nos alimentan. Al viajar, al internarse en "otro mundo", uno habita mucho mejor el suyo.
Abrazos.
ramon
# ramon
jueves, 04 de marzo de 2010 20:47
el cambio, la transicion nuevos modelos, basados en la socieconomia y la democracia economica, sera posible cuando toos seamos consicntes de que el sistema actual ya esta caduco, acumula muchas fallas.
No hay un sistema alternativo, ni tampoco se puede cambiar el motor del barco en plena tormenta, la unica alternativa viable es ir creando un nuevo modelos mas sostenible, mas equitativo.
Si no nos concienciamos de la transicion podemos acabar en una crisis sistemica, que provoque una rutura y si no tenemos un sistema alternativo viable.... nos encontraemos en el vacio.
dazara
# Daniel Zaragoza
jueves, 04 de marzo de 2010 23:37
Que cerca me haces sentir de la experiencia. Que fácil ha resultado ir de tu mano a ese lugar. Me has hecho revivir esa empatía que te convierte en apátrida, en ciudadano de un mundo en el que las distancias se han hecho más cortas. Que buena fortuna la del que conoce otras culturas de primera mano, y comparte instantes con otras gentes cuya huella ya nunca le dejarán ser el mismo.
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 04 de marzo de 2010 23:51
un honor haberos llevado de paseo y gracias de nuevo... Viajemos, ensanchemos el alma, trazemosle una cartografía.... que la empatía no sabe de patrias, ni de matrias, ni de fronteras... y mucho de lugares, de enclaves y tenemos mucho que aprender, justamente en esta transicion, de los que viven más elegantemente, con mayor sencillez, compartiendo: espacios, comida, música, juegos en una sana y vital proximidad...

un ejemplo, ejemplar
http://www.playingforchange.com/episodes/26
simon alia
# simon alia
viernes, 05 de marzo de 2010 9:05
Un relato muy "empático" , precioso que hace vibrar.....Gracias Maria
Nacho Rivera
# Nacho Rivera
viernes, 05 de marzo de 2010 9:36
María la aventurera, con ojos abiertos y mirada limpia, capaz de ver y sentir, sin ese filtro de pensmientos, ideas y prejuicios que hacen del "turismo al uso" algo carente de humanidad y empatía.

Gracias por mostrarnos como se debe fluir por el mundo.

Un empático abrazo.
Lali
# Lali
viernes, 05 de marzo de 2010 20:05
Preciosa prosa poética María, muestra de la profundidad en la que vives y te expresas...la empatía, o sea, esa difícil capacidad de ponernos en la piel del otro y sentir lo que sienten, tan parecida a la compasión (com-padecere, sentir con el otro), para mí de eso trata la vida y esta crisis que aunque parece económica a mi entender es emocional, y que nos obliga a emprender el aprendizaje de navegar por las emociones en uno cada día a más profundidad, y menos enjuiciar lo que no entendemos o nos molesta, difícil tarea vivir en esa sensibilidad pero repito, al menos para mí no existe otra manera de vivir, de vuelta a la sensibilidad perdida u olvidada, ciertamente proustiana...
Gracias
Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 09 de marzo de 2010 14:44
voilà, lali, me detectaste la vena magdalena.... un abrazo!

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