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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Comenzaré hoy contando un cuento:

Los chicos del saco de yute

Una vez por semana, acostumbrábamos a  ir a la vaquería del pueblo vecino a buscar leche fresca para los desayunos de toda la familia. Debía de ser yo una niña de 8 ó 9 años, en aquel verano.

Mis padres solían dejar el coche aparcado en la plaza, y a mí me gustaba quedarme dentro esperando. Prefería permanecer un rato a solas, mirando aquellos muros antiguos de la iglesia, contar las los ladrillos antiquísimos y deteriorados, y escuchar el silencio de la aldea, roto a veces por el sonido de la campana del reloj de la torre.  Las conversaciones de los mayores solían aburrirme, y de sobras empezaba a conocer ya que “el ratito” y el “vuelvo enseguida” que prometían cada día mis padres derivaban casi siempre en una amistosa y prolongada charla con los lecheros; mientras que yo prefería la soledad.

Uno de tantos días en que me hallaba de esta guisa, enamorada de cada ladrillito que contabilizaba -luego de una hoja moverse en los chopos, luego de la nube que se escapaba tras el templo- aparecieron en la plaza unos chavalotes algo mayorcitos que yo, tres o cuatro años quizá; no llegarían apenas a adolescentes. Venían entre contentos y alborotados, disputándose un saco de yute con algo pesado en su interior.

El más grande de todos, que portaba aquello como un trofeo, mientras los demás intentaban arrebatárselo de las manos, llevaba la voz cantante. Había dentro algo un poco pesado, pensé, quizá un terrón grande de arena, o una piedra, porque los chicos tenían un gran empeño en golpear el saco contra el muro. Me estaban quitando el entretenimiento de contar los ladrillos, pensé algo fastidiada, ojalá rompan pronto eso que llevan ahí y se marchen, estos chavales bullangueros. Ellos actuaban con contundencia, fuerza y una cierta rapidez. Se iban pasando el saco, unos a otros, y cada uno de ellos hacía su demostración de “yo pego más fuerte” ante los ojos de todos los demás.

Pero cuál no fue mi asombro y mi perplejidad cuando, poco a poco, a medida que continuaban los golpes como si aquello del saco fuera un hierro maleable, el muro de la iglesia –mis ladrillos de todas las semanas- se fue salpicando con manchas de sangre.

Mis 9 años de ingenuidad se quedaron, al completo, perplejos, paralizados. No supe si indignados, asustados, incrédulos, desengañados. ¿Qué cosa viva contenía aquel saco, y por qué era merecedora de semejante violencia y semejante muerte cruel?

Pensé en bajarme del coche, pero luego se me ocurrió que mi perplejidad de aquel momento y mi timidez de entonces me habrían dejando muda y desarmada ante cinco mozalbetes que eran, además de varones, mayores que yo. Se habrían reído de mí, o quizá habrían encontrado más gusto a su hazaña. Intenté cerrar los ojos, acurrucada en el asiento, pero entonces escuché una débil y dolorida protesta que todavía llegaba desde el interior del saco, y en la que yo no había reparado.

De manera que no hice nada. Volví a abrir los ojos, y muy quieta, continué mirando. Los muchachos terminaron sacando del saco un tejón. Yacía descoyuntado, con la cabecita ensangrentada. Y lo tomaron por la cola, portándolo como un trofeo, mientras se alejaban.

No sé cuánto rato tardaron en llegar mis padres, pero sí sé que no dije nada. La plaza volvía a estar en calma silenciosa, nadie reparaba en unos salpicones rojos que se confundían con el cadmio del muro del templo. La tarde –y la vida, la de todos nosotros, incluyendo los niños- continuaron como si nada hubiese ocurrido.

La única diferencia es que, a partir de entonces, esos ladrillos salpicados de sangre dejaron de tener interés para mí, y comencé a acompañar a mis padres a casa de los lecheros, y a participar en sus conversaciones sobre el tiempo y la lluvia. “¡Qué bien, te estás haciendo adulta!”, dijeron ellos ante mi cambio de actitud. “Justamente es eso”, contesté yo, con un asomo de cinismo dolorido, si es que los niños pueden sentir esa sensación.

Actualizando la historia

Todo este cuento, obviamente, no es un cuento inventado. Me sucedió en la realidad, y fue, quizá, una de las más contundentes confrontaciones que, a edad temprana, tuve acerca de la crueldad de los seres humanos con los animales.

Esta semana me ha venido tantas veces a la memoria la escena del tejón, que casi he podido volver a contar imaginariamente aquellos ladrillos. Y todo por aquella noticia aparecida en prensa –eso sí, someramente, porque no es cuestión de cederle demasiado espacio, al fin y al cabo, qué importa la vida de un animal- sobre el pobre perro que fue abatido a disparos, tras haber sido confundido con una leona.

(Esta historia del perro también pudiera parecer un cuento inventado, de no ser por la demostración fehaciente que nos empeñamos en seguir haciendo en este país de nuestra ignorancia y falta de sensibilidad hacia los animales).

Bien, el caso es que parece ser que hace unos días, alguien, por los campos o los bosques de una zona no lejana a una población rural de Cataluña, observó, que un bicho grandote, color canela, se acercaba a un lugar donde suelen depositar los cadáveres de gallinas de alguna granja cercana para saciar su hambre, y, dando por seguro que aquello que veía era, nada menos que una leona, y muy peligrosa, alertó a los servicios de seguridad.

Ignoro qué comprobaciones realizaron, ni sé si hubo más testimonios. Tampoco sé qué clase de dispositivos movilizaron para cazar aquella leona. Sólo sé que, durante varios días, los noticiarios radiofónicos alertaron de la presencia de una leona en la zona, mientras se tranquilizaba a los oyentes hablando de despliegue en la zona, búsqueda, etcétera.

Una se imaginó que un equipo de profesionales, especialistas, e incluso veterinarios, estarían peinando la zona, para rescatar –sí, he dicho rescatar- a la desorientada leona. Por supuesto, avituallados con dardos anestésicos, medicinas, jaulas especiales, comida y agua, etcétera.

Cuál no es mi sorpresa cuando, en un momento dado, escucho en el informativo de turno que la leona era ¡¡¡un perro!!!  , al cual habían tenido a bien abatir a disparos.
Aquella niña perpleja de 9 años que miraba los goterones de sangre en los ladrillos de la plaza se presentó ipso facto en ese momento, y me sentó a escribir estas líneas.


Preguntas sin respuesta

La persona que vio aquella leona comiendo gallinas muertas ¿no ha visto nunca en televisión un documental sobre felinos, y cómo se diferencian al caminar, en sus movimientos, y en su actitud, de un cánido, aun en el caso de que pudieran parecer de tamaño semejante?

¿Hay alguna foto del perro –si alguien ha visto alguna publicada, le agradecería que me remita a la fuente- que demuestre que de verdad sus dimensiones eran leoninas?

¿Qué les parece el argumento de los tipos que ejecutaron los disparos de bala?: “Era un animal tan grande que, con dardos anestésicos, no se habría terminado de dormir, y corría el riesgo de quedar perdido en el bosque”?

¿Era más riesgo “quedar perdido en el bosque” que morir cosido a balazos? ¿peligroso para quién? ¿se ha demostrado como peligroso un animal al que no se le vio atacar, sino acercarse a un vertedero de carroña para saciar su hambre?

¿Qué clase de dardos llevaban los profesionales de esa misión, para dormir insectos? ¿no se supone que iban a tener que dormir a una leona? ¿no han visto nunca en el peor de los documentales que, con dardos debidamente preparados, incluso se puede dormir a un elefante para capturarlo como se debe?

¿Qué clase de profesionales integraban ese equipo? ¿vale menos la vida de un perro que la vida de una leona? ¿habrían procedido del mismo modo si de verdad hubiera sido una leona? ¿quién dio la orden? 

Vuelven inevitablemente a mi imaginación aquellos cinco muchachos del saco de yute, como si hubieran crecido, y , ahora que se han hecho grandes, fuesen por ahí abatiendo perros a disparos para contar después que se enfrentaron a una peligrosa misión de cazar una enorme leona hambrienta y librar así a la población de muchísimos males.

Sólo me queda el consuelo de dar espacio en estas líneas a aquella niña que aquel día de verano vio cómo, tan injustamente y con tal padecimiento, unos seres humanos (animales racionales) decidían sobre la vida de otro animal. Apoyo esa voz con unas palabras de Thomas Edison: “El grado de civilización y cultura de un pueblo y de un hombre se mide por la forma como tratan a los animales”.

El trato que estamos dando en este país a nuestros animales nos da pistas para pensar que aquí, y en muchos otros lugares del planeta, todavía no nos hemos hecho adultos.

 

 

Publicado en: Hacia la madurez social
Email del autor: covamuorti@yahoo.com

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Comments

Nacho Rivera
# Nacho Rivera
jueves, 12 de noviembre de 2009 11:58
Eckhart Tolle contó que cierta vez vió en la pegatina de un coche una frase que decía: "Dios por favor conviérteme en esa persona que mi perro cree que soy."

Y eso es lo que hacen los animales con nosotros, y la máxima de Jesús: No juzgar.
Los animales nos quieren con todo el corazón, sin pre-juicios de ningún tipo. Aprenderemos de ellos...?

Gracias por el artículo.

Un abrazo.
german
# german
jueves, 12 de noviembre de 2009 12:07
hola a todos quisiera pedir disculpas si ayer os molesto algunos de mis comentarios, no era mi intencion, simplemente me molesta que se ponga a parir a los politicos en general como si todos fueran iguales, y eso creo no es justo, nada mas. Creo que el trato que damos a los animales refleja a esta sociedad en general, cruel y sin empatia alguna por nadie, y menos con los animales, al fin y al cabo somos nosotros tambien animales aunque de racionales tengo serias dudas.
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 12 de noviembre de 2009 12:11
Gracias Blanca... el episodio de la leona tarraconense cobra ahora su exacta dimensión... pienso en la película, "la jauría humana"...
Preguntas sin respuesta, se llama tu último apartado.... Ésas concretas, necesarias, que planteas, no la tieneb, aunque ya las hayas respondido... no nos hemos hecho adultos, respondemos desde el miedo, seguimos, siguen muchos, tantos!, llevando ominosos sacos de yute al hombro... Se trata d visualizar una nueva humanidad, otra ética... luego de deshacernos de sacos de yute y fantasías aleonadas y sencillamente: analizar, ver lo que hay... dejar de ver fantasmas allí donde no hay siquiera sombras... Excxelente ejercicio el ue haces, y tan difícil!
Y sí, en este asunto, again and again, sí, los medios de comunicación, vehículos del rumor, juegan, quod erat demostrandum, su papel...
Otra pregunta, ¿porqué, una vez la supuesta leona abatida, no han vuelto a hablar de ese episodio los telediarios? Porqué nadie allí planteó las preguntas que planteas?
Gracias por observar Blanca, por contar ladrillos y por estas muestras de lo enjundioso que puede resultar ensartar hechos "alejados" en un mismo collar
Maria Oliver
# Maria Oliver
jueves, 12 de noviembre de 2009 12:17
Exacto German, de racionales nada, eso es lo que muestra el artículo de Blanca, no? Y eso, Nacho, librémonos de todo juicio, cual animales!
Pericogonoperro
jueves, 12 de noviembre de 2009 13:31
Estas barbaridades ocurren a diario, más de lo que nos gustaría y la gran mayoría acalladas en la más absoluta de las ignorancias. Gentes poco evolucionadas humanamente capaces de destrozar vidas por el hecho de pasárselo bien, desde toros torturados y lanceados en fiestas de la barbarie, hasta niñatos torturadores de gatos, que disfrutan de todo tipo de actos que cualquier persona normal ni se les pasaría por la cabeza.
El último caso lamentable que ha llegado a mi conocimiento, es un conductor de un pueblo, que anoche atropelló "deliberadamente" a un zorro que estaba en el alcen, aceleró y cambió su trayectoria para llevárselo calzado... luego estas personas, el día de mañana, encontrarán el mismo placer en pegar a sus mujeres, o en asesinar vecinos... y nos echaremos la mano a la cabeza.

Os aconsejo la web animalista que lleva mi mujer, www.enlamadrugada.wordpress.com, en donde intentamos denunciar todas estas barbaridades que se comenten a diario con el mundo animal por unos salvajes que se dicen llamar humanos.
Carolina
# Carolina
jueves, 12 de noviembre de 2009 13:49
Me he emocionado mucho con tu artículo y he sentido un profundo asco a la vez por semejantes actos que tiene lugar cada dia sin que nadie lo sepa, solo aquellos que los sufren. Soy voluntária en una protectora, vegetariana convencida y adoptante y rescatadora de animales varios. Me ha tocado en lo más hondo, porque estoy metida de lleno en la cuestión de la defensa de los animales y es una de mis fibra sensibles.

Brillante artículo, me alegro de que de vez en cuando (espero que algun dia sea la norma) alguien se acuerde de los grandes olvidados, nuestros compañeros de planeta.

Esto me hace pensar en comentarios desagradables que he tenido que aguantar algunas veces, muy demagógicos por cierto, en los que se critica a los defensores de los animales y se nos acusa de querer más a un animal que a una persona, y eso no es cierto y duele, sencillamente intentamos dar voz a aquellos que no la tienen y que merecen, al igual que todos los seres humanos, tenerla.

Y sí, la racionalidad no nos hace mejores, a veces, y menuda paradoja!! consigue lo contrario. Aún debemos trabajarnos mucho a nosotros mismos para llegar a comprender en profundidad nuestro lugar en el mundo. Nos falta humildad y hemos olvidado que antes de todo y antes que personas, somos animales.

Siguendo vuestras citas añadiré una de Darwin que me gustó por ser muy clara y que ilustra muy bien la cuestión;

"A los animales, que hemos vuelto nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos nuestros iguales"
Charles Darwin

Gracias de nuevo por este artículo.
Cristóbal Cervantes
jueves, 12 de noviembre de 2009 18:30
Gracias por tu maravilloso artículo, Blanca, recuerdo ahora a Francisco de Asís y sus hermanos y hermanas, no somos conscientes todavía de que todos somos uno,

os propongo un "juego":

Imagina, estás dormido, sueñas, cualquier cosa, observa, es tu mente la que crea la escena completa del sueño pero tú sólo te identificas con uno de los personajes, el tuyo, y crees ajeno todo lo demás, ¿por qué esa diferenciación en el paisaje único de tu mente?.

¿Podría estar sucediendo algo parecido en nuestro estado de vigilia? ¿No es posible que nos estemos identificando con un personaje limitado, desgajado de su entorno, y que nuestra verdadera identidad sea la de una "mente" más profunda que está "soñando" ahora la totalidad del mundo?
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
jueves, 12 de noviembre de 2009 18:49
Gracias Germán por tu disculpa y lo valoro muchísimo, porque a veces no es tan fácil. Así que "pellillos a la mar". Empatizo con tu sensibilidad hacia los animales, aunque creo que precisamente lo que nos conviene a los humanos es precisamente no ser tan racionales y ser más animales en el amplio sentido de la palabra, tal y como lo describe Nacho Rivera con la frase de Eckhart La sensación de horror que describe con tanto acierto Blanca ante el muro de piedra, por la contemplación de un acto de extrema vilolencia contra la vida, sobrepasa lo racional. Probablemente un gato también se quedaría horrorizado y saldría huyendo.

Pericogonoperro y Carolina gracias por contribuir a la defensa de los animales, demuestra que las actitudes individuales pueden cambiar el mundo.

Cristobal, profundo pensamiento y profundo juego el que propones. Da por si solo para un artículo y debate posterior, conecta con las ideas de la física cuántica. A ver quien se atreve a escribir un artículo sobre esto.
Un abrazo
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
jueves, 12 de noviembre de 2009 19:35
Gracias por tu artículo, Blanca.
Una contestación: Se prohibió sacar imágines del perro abatido.
Una corrección: La frase que citas no creo que fuera de Edison. Él inventó la silla eléctrica, y utilizó animales, electrocutándolos, como experimentación. Existe una filmación en la que, para impresionar a políticos y periodistas, electrocuta a un elefante, para convencerlos de que es una forma efectiva de ejecución.
La frase es de un alemán. Puede que Goethe, pero casi aseguraría que es de Schopenhauer, gran defensor de los animales.
Y un añadido: Hace unos cinco o diez años, en la provincia de Girona, creo que cerca de Caldes de Malavella, se escaparon seis chimpancés de un centro que los acogía. Como todo el mundo sabe, esta especie representa un enorme peligro para la especie humana.Y si no lo sabe todo el mundo, nuestra brillante policía, los Mossos d'Esquadra, está convencida de ello. El resultado fué la muerte de los seis chimpancés, abatidos por los disparos de nuestros heroicos defensores de la ley y el orden.
A veces me pregunto de qué sirve hacer una evaluación psicológica a los aspirantes de las policías.
Blanca
# Blanca
domingo, 15 de noviembre de 2009 19:42
Leo encantada todos los comentarios, y pido una disculpa por no haber podido intervenir antes en este espacio. Cuando una lanza unas palabras al aire en favor de esos que no tienen voz y siente que los congéneres racionales la secundan en opinión y sensibilidad, de verdad es para sentir gratitud y pensar que en el mundo queda un poco de empatía por la animalidad-no-racional.
Bien, para empezar, enlazo con los comentarios de Perico-gonoperro y de Carlos Nebgen... ya que, lamentablemente, el maltrato animal siempre es un tema de actualidad: esas acciones suceden a cada momento, y eso es precisamente lo que creo que debe llamar la atención sobre la condición de la "racionalidad " humana.
Como bien dice Carolina, a veces quizá sería deseable que la humanidad se dejara llevar por su parte "animal" (quiero referirme a la parte instintiva que hay dentro de todos nosotros y que tiene que ver con el cuidado de nuestras vidas y las de nuestros semejantes), y no por la parte mental del ser humano.
Hace un par de semanas leí un artículo acerca de las torturas que se han llevado a cabo en Guantánamo, con un anexo de algunos otros mecanismos que, con esos fines, se habían utilizado a lo largo de la historia. El catálogo es aberrante... pero lo más sorprendente del asunto es la estudiada premeditación con la que se preparan ese tipo de prácticas: en el caso de Guantánamo, se llegaron a pagar investigaciones e informes previos a las torturas para averiguar cuáles podían ser más crueles sin dejar huella... y, en la Antigüedad, igualmente, ciertos reyes y emperadores, pagaban a científicos y filósofos para crear inventos especiales con esos fines.
No se me ocurre pensar en ningún otro animal del planeta cuyas agresiones a sus semejantes no tengan simplemente otro motivo que el placer de verles sufrir. Los animales luchan por defender su territorio, o su prole, o por conseguir pareja, o por obtener comida... pero, corríjanme si me equivoco, pienso que no existe otra especie -salvo la humana- que ejecute el mal hacia sus semejantes por puro placer.
Quisiera no obstante realizar un alegato en favor de la raza humana. No pretendo caer en el maniqueísmo de juzgar a toda la especie con el mismo rasero: igual que existen los verdugos de Guantánamo, o existieron los campos de concentración de Nüremberg, hay también personas que, en la parte opuesta, están haciendo grandes cosas por otros seres (humanos o animales). Para botón de muestra, las vidas de las ya fallecidas Teresa de Calcuta, o Dian Fossey (la zoológa que dio su vida en defensa de los gorilas).
Como conclusión acerca de todo este asunto, quisiera recalcar que no creo que el ser humano sea "malo" por naturaleza, sino que existe la "Maldad" como sombra de la "Bondad" (no sería posible la una sin la otra), y que, por algún orden misterioso universal, tiene que haber ejecutores de la una y de la otra. Con esto contesto también al comentario de Germán: por supuesto, no todos los políticos son malos, los habrá que sí, y seguramente los habrá buenos, pero en general, en mi modesta opinión, en el actual orden mundial parece que la ética y la política no están muy bien avenidas...
Para terminar, me quedo con esas fantásticas palabras de Eckart Tolle que cita Nacho Rivera: "Dios por favor conviérteme en esa persona que mi perro cree que soy."

acovaleda
# Aníbal Covaleda
lunes, 16 de noviembre de 2009 13:39
Compartimos con simios, chimpancés y otros antropomorfos un antepasado en común ANIMAL, nuestra especie, la homo sapiens evolucionó por millones de años a través de la selección natural y la técnica dándonos las “ventajas” favorables contra las demás especies con las cuales entramos en competencia por la supervivencia en un medio determinado. Estas ventajas fueron acumulándose y perfeccionándose, hasta determinarnos como el grupo dominante. En nuestros primeros pasos como nueva especie, solo satisfacíamos nuestros deseos instintivos primarios a través de la comida, el sexo y el abrigo; pero luego dejando atrás la pre-historia, consolidando la cultura, la civilización y el progreso y nuestro “apetito” se hizo mayor, y ese deseo primario animal de cosas se transfiguro, en desear otros deseos a través del sometimiento, la tortura y la esclavitud de TODAS las especies, incluida la propia….la humana.
Entonces si fuimos animales, y luego maniatamos nuestros instintos primarios través de la cultura dejándonos controlar en pos de mantener nuestro status de especie dominante y racional, exclamo (con total ironía)- como no maltratar a todo animal, y principalmente a los más cercanos; o mejor dichos, más humanizados; perros, gatos, etc que son como nuestros antepasados, seres regidos por sus instintos primarios; estos sí quieren ser parte de la vida “civilizada, racional, ética y moral” en la cual convivimos, deben ser “encadenados” por la razón. - y si ellos no pueden porque son irracionales-, para que estamos los nosotros, los amos, amplios conocedores de la supresión instintiva, la doctrina y la rectitud racional. Anulemos totalmente lo bestial, natural, libre, irracional de nuestras mascota y hagámosle conocer en poco tiempo y de cualquier modo lo extremo de la razón, agrupando golpes, gritos, enjaulando, atando, torturando, complaciendo, alimentando, protegiendo, curando y acariciando..… con las mismas manos que ajustamos la cadena, cerraremos su jaula, quitaremos su sexualidad o también golpearemos si orina, defeca o ladra en un lugar o momento “no establecido” por su amo.
En definitiva, y fuera de la ironía cruel pero real de muchos casos, mi postura es de total libertad para con todo ser, ya sea humano o animal, es mi lucha constante y diaria, desde mis acciones, mi blog y mi pensamiento; y con aquellos que tienen mascotas, recordarles que lo que tienen a su lado es un ser, un animal, regido por instintos primarios, libre y principalmente dotados de sentimientos, no son maquinas o una piedra. Sienten el dolor, el miedo, la felicidad como nosotros…la raza…humana.
Gabriel
# Gabriel
martes, 17 de noviembre de 2009 22:22
Hoy he tenido un sueño de siesta en el que veía cómo el humano iba pasando por todos los planetas, arrasándolos, hasta llegar a la Tierra... y tal y tal....
Cuando no quede nada por invadir o arrasar (animales, naturaleza), nos invadiremos y arrasaremos a nosotros mismos. De hecho, ya se ve cómo el humano se fagocita a sí mismo como si se tratara de esos mismos animales que abate a tiros pensando que son un peligro. Afortunadamente, hay excepciones (aquí presentes).

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