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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Durante estos últimos días se ha estado hablando de algunos episodios de prostitución callejera en Barcelona debido, en parte, a lo acontecido en los aledaños del mercado de la Boquería y del Raval. Está siendo éste un tema molesto de la ciudad “guapa” junto al ruido, la suciedad y el descrédito de los políticos.

Ciutat Vella, toda la zona que estaba aprisionada por las murallas hasta antes de su derrocamiento, fue, y es, salvo honrosas excepciones, una de las zonas más insalubres de Barcelona. Como si fuera un imán, y por más paliativos urbanísticos que se utilicen para maquillarla, esa zona –más concretamente El Raval- atrae la fecalidad: la nativa y la foránea. Ya sufría de la fecalidad intramuros y después, también, de la fecalidad extramuros. A ello me refiero tanto en sentido literal como figurado. También incluyo ahí la fecalidad de los actos humanos: los fisiológicos y los morales, incluyendo la prostitución y, más especialmente, la explotación que la envuelve. Habría que sumar a ello mafias diversas y el mobbing –tanto el oficial como el que pulula con naturalidad-.

El Raval es un representante de Barcelona, una ciudad plagada de patologías, y no sólo de aquella aluminosis-osteoporosis que afectó a muchas zonas del área metropolitana, sino de muchas otras, algunas de las cuales han motivado el presente artículo.

Barcelona, por más que la quieran vender como la mejor tienda del mundo, es una ciudad con la autoestima erosionada. Hay muchas pruebas de ello, a parte de esos casos de prostitución en plena calle: el turismo invasor de baja calidad; la mala construcción general de las viviendas, todo y habiendo sido el negocio “próspero”; el ruido –es una de las ciudades más ruidosas del mundo-; y, también, el poco respeto que se ha tenido hacia su historia, perceptible en la antiestética irregularidad de los edificios (incluidas algunas remontas de juzgado de guardia) y en el derroque de verdaderos palacios y masías que honraban la ciudad. La especulación que sirvió para aniquilar el espíritu del plan Cerdá y la insalubridad de la zona antes aludida, parecen ser los mitos fundacionales que persiguen a esta Barcelona nuestra. En definitiva: una ciudad que se prostituye, traiciona y depreda a sí misma.(•)

Las consecuencias de la celebración de aquellos Juegos Olímpicos ha puesto en evidencia este hecho. No es que con ellos la ciudad haya ido a peor, sino que supusieron una pausa en un empeoramiento que ya estaba en marcha. Fue una huída hacia delante que lo que ha hecho es retrotraernos al pasado. Barcelona es una ciudad endeudada, agobiada, apresada en su propia patología y con una capacidad muy mermada para pensar y reflexionar sobre sí misma con la debida perspectiva. Aquellos Juegos, generadores de una prosperidad fugaz y aparente, han acabado por poner en evidencia hechos más antiguos que hoy en día siguen ahí, evidenciados al caducar la anestesia de aquellos fastos que nos inyectaron. Barcelona es una ciudad sucia y fecal que pone en evidencia su condición en proporción a la guapura narcisista con que los políticos locales nos la quieren vender.

Barcelona se ha ido haciendo fea, pudiendo ser guapa, debido a una serie de despropósitos acumulados a lo largo de su historia en los últimos decenios que han ido proliferando bajo la connivencia de todos. La capacidad de trabajo y la laboriosidad identitaria de la Barcelona anterior al 92 se ha convertido, tras aquella pompa fugaz, en fibromialgia y agotamiento nervioso del que sólo se salvan algunas parcelas de actividad que la honran y ayudan a mantener su estandarte. Como si se tratara de una persona cansada y dolorida, así encuentro Barcelona: con fibromialgia tras haber saboreado aquella miel fugaz.

Y ahora, si me lo permiten, cambiaré ligeramente de tema. Acabo de acudir a una muy interesante exposición de Paleopatología. En uno de los textos que presentaba los contenidos de una determinada vitrina, lucía un comentario que me hace recordar algo ya sabido: la enfermedad y el sufrimiento –o la perspectiva de padecerlos- es uno de los fundamentos de la formación de comunidades: familias, cooperativas, pueblos, ciudades, culturas, etc.

Vivimos en una sociedad muy intervenida en la que esos motivos fundacionales –la raíz de su cultura- han sido expropiados por agentes a sueldo del erario público. Lo que antaño era íntimo y próximo a las familias ha quedado definitivamente en manos de interventores profesionales. Vivimos en un mundo judicializado, medicalizado e intervenido por los políticos que fomenta la insolidaridad y anestesia el motivo fundamental que dio lugar a la formación y cohesión de las comunidades. Al igual que las personas, una ciudad puede estar deprimida, enfadada, estresada, con baja autoestima o con fibromialgia. Barcelona, por retomar el ejemplo, es una ciudad a la que le han expropiado sus motivos.

Recuerdo ahora la mención que hace Alexander Lowen (“La depresión y el cuerpo”) de la depresión colectiva que padecen pueblos que han sido invadidos y privados de su cultura genuina por los opresores. En Barcelona, los opresores no son únicamente personas venidas de países extranjeros. Se me ocurre ahora otro tema: Barcelona y la autofagia. Barcelona es depredada por propios y ajenos.

Para finalizar. Dicen los entendidos que los dos pilares en los que se asienta la personalidad (de inviduos, familias, ciudades, países, culturas) son el amor y la patología. Cuando uno falta, sobrecarga al otro provocando en él una respuesta anormal, desmesurada y excesiva. La autoestima inflada con que se inyectó a Barcelona alrededor del 92, ahora hace que sus patologías de antes emerjan con mayor intensidad.

(•) Me pregunto si alguna vez se pondrá en marcha un proceso de recuperación de la memoria histórica aplicable a casos urbanísticos y arquitectónicos, tal y como se está haciendo con las fosas de la guerra civil.

Publicado en: Denuncia
Email del autor: gabriel@pangea.org

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Comments

Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
lunes, 21 de septiembre de 2009 8:57
Gabriel, o te has equivocado de Barcelona, o te has pasado tres pueblos. Creo que nuestra ciudad ha mejorado mucho, muchísimo desde hace 20 años, ha vuelto a darle la cara al mar y urbanísticamente, excepto en los años 60-70, que fue, efectivamente desastroso, es un ejemplo internacional de las cosas bien hechas. Creo que es la ciudad pequeña mas grande del mundo. Los desarrollos urbanísticos hechos por el Ayuntamiento, a partir de las Olimpiadas, han sido excepcionales, pensados y premiados. Solo hace falta darse una vuelta por el 22@ o Diagonal mar para ver de lo que hablo. No todo es malo en Barcelona. Es mas, creo que debería visitar otras ciudades para darte cuenta de la suerte que tienes de vivir aquí.
Nacho Rivera
# Nacho Rivera
lunes, 21 de septiembre de 2009 12:52
Barcelona es la ciudad de los parques de acero y cemento, me gustaría saber quién está detrás de tal perversión... Una ciudad en la que todo tiene un precio. La ciudad olímpica, en la que si quieres hacer deporte tendrás que soltar la pasta.
Todo es un negocio, la contaminación, los coches, el bicing, el transporte público... En la que vivir se ha convertido en sobrevivir... Y por mucho que les pese, Barcelona es algo más que sus nefastos políticos... Todavía hay esperanza.

Gracias por el artículo.
Maria Oliver
# Maria Oliver
lunes, 21 de septiembre de 2009 15:04
Hola a todos. Gracias Gabriel... tu artículo pone dedo en llaga: está claro que de la ciudad tenemos eso, vivencia y visión... La prostitución es la punta de un iceberg de lo que se cuece en la bajura del guapismo,, como señalas... os recomiendo subir la calle joaquim costa desde el final hasta la ronda Sant Antoni...
Y es cierto que el alma de Barcelona es un alma que resiste, por historia, esa historia que la conversión-reducción de su centro histórico a mero parque temático por efecto de una política municipal muy clara, pretende aniquilart, obviar, borrar. es una historia de ciudad resistente
"El secreto de Barcelona, desde la cuna, es convertir la derrota en triunfo... en la aniquilación brota la invención poética. Hay que saber descubrir los misterios de las zonas inferiores" Dice Helène Cixous en un texto dedicado a Barcelona.... Prefiero que mi imaginario se alimente, se nutra de esa visión de Barcelona, antes que verla como "la mejor tienda del mundo" (eslógan municipal, dios! qué obscenidad!) o coger tortícolis de sólo mirar hacia los logros del 92, o los restos del naufragio de esa magna operación especulativa que fue el Fórum de las culturas ---parece que se les va dando uso, afortunadamente!-- Porque ello alimenta la esperanza, que la beata satisfacción no mueve montañas, ni nada...
Amén, de que estar atentos a qué se mueve en la bajura, es estar alerta amén de hacerle justicia poética a Barcelona, un territorio humano/urbano --como recuerda Pigem, luego una construcción...
Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
lunes, 21 de septiembre de 2009 22:35
Alguien dijo -Valdano, supongo- que un equipo de fútbol es un estado de ánimo. Es evidente que la percepción que cada uno tiene de una ciudad -Barcelona, en este caso-, proviene de su experiencia subjetiva en relación con ella y demás circunstancias.
Está claro que Barcelona cuenta con privilegios, medios, herramientas y plataformas que podemos utilizar creativamente. De hecho, estaba pensando en escribir otro artículo en el que pensaba manifestar otra forma de percibir Barcelona. Sin embargo, se me me ha cruzado el caso Millet y se me están poniendo los dientes largos. Creo que proseguiré con el método paranoico-crítico...... ñam, ñam... Voy a escribir un artículo sobre el tema del "oasi català" ..... Dejo para luego el artículo sobre las excelencias de Barcelona, que también se lo merece.
Un abrazo
Gabriel
Esther Ibáñez
# Esther Ibáñez
martes, 22 de septiembre de 2009 0:01
A mi me preocupa más la deshumanización progresiva que he ido percibiendo en los últimos 20 años, que la estructura de nuestra ciudad. Supongo que en este sentido, Barcelona no debe ser el único casso.
Un abrazo
Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
martes, 22 de septiembre de 2009 7:39
Hola, Esther.... alguien dijo que las ciudades son focos cancerígenos (metafóricos). Como bien dices, no creo que sea el único caso. Sin embargo, en Barcelona concurren algunos factores agravantes: la falta de espacio que multiplica el ruido ambiental, el abigarramiento, la falta de espacios verdes amplios.... demasiado cemento. Cuando salgo de viaje por otras ciudades me suelo fijar en el aspecto de la gente mayor. Me dice bastante de esa ciudad. La expresión emocional y el aspecto físico de los mayores nos dice mucho del lugar..... mucho más que cualquier informe sociológico.....
casimiro
martes, 22 de septiembre de 2009 11:46
Despues de leerme el artículo da algo de grima visitar Barcelona. Para un madrileño como yo Barcelona es una gran ciudad, creo que incluso ideal para vivir en ella... me has echado por tierra todo el glamour... Woody Allen no pudo equivocarse cuando cogió a Barcelona como protagonista de su pelicula ¿no?. Que hay fallos, sí, como en todas las grandes ciudades. Pero eso le da carácter.
Un saludo
Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
martes, 22 de septiembre de 2009 11:52
Te entiendo, y entiendo a los recién llegados o quienes visitan Barcelona por negocios o turismo. La opinión que los barceloneses no es objetiva, como tampoco lo es la de los foráneos que la visitan. Soy consciente de ello.
Yo, que vivo aquí desde toda la vida, también reconozco aspectos positivos en ella. Me pondré a ello en el próximo artículo.
Carolina
# Carolina
martes, 22 de septiembre de 2009 22:53
Pues creo que hay muchos aciertos en tu artículo aunque haya personas que ante ese modo de mostrarla se sientan mal. Creo que Barcelona se ha convertido en un espacio cada vez más inhabitable en todos los aspectos. La manera de incidir en ella arquitectónica y estructuralmente no es más que la manifestación de la 'suciedad mental' de los que la gestionan pasando de lo que realmente debe ser una ciudad y de lo que realmente quieren sus habitantes (los que vivimos todo el año aquí y no solamente para los que vienen de paso unos días).
También se empeñan en esconder la miseria de los sin techo y las personas con pocos recursos, intentan arrinconarlos y desplazarlos a otras zonas donde no den una mala imagen a la ciudad. Salta a la vista la política que se está llevando a cabo en Ciutat Vella; hoteles de lujo de estilo muy 'cool' y pisos por los que antes nadie daba un duro se han reformado, ampliado y 'saneado' y se estan vendiendo por millonadas o alquilando por algunos miles de euros a un determinado tipo de personas con determinado nivel adquisitivo.
Pudiendo ser una ciudad mucho mejor, ha perdido su aspecto acogedor y cálido. Se ha convertido en una especie de Saturno; se come a los que habitamos en ella y con ella.
Para mi antes era acogedora y ahora, me parece un gran aparador para los turistas, un aparador empeñado en esconder esa suciedad, de la que hablas en el artículo, bajo la alfombra del cemento. Aunque huelga decir que fracasa estrepitosamente en ese intento de ocultar lo que salta a la vista y cae por su propio peso, como bien haces notar en tu artículo.
Puff, es que el tema de Barcelona me enciende, porque se está convirtiendo en una enorme cloaca en todos los sentidos. Hay algo de Barcelona que repele actualmente y me entristece (aunque no soy muy amiga de las grandes urbes, nunca lo he sido, pero ahora aún menos).
Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
martes, 22 de septiembre de 2009 23:06
Hola, Carolina..... agradezco tu intervención.
El siglo XX fue el del petróleo y la depredación masiva. Todas las gestiones que se han hecho en las urbes que sufrimos sigue ese modelo. Y todo en nombre del progreso que, como se está viendo, deriva en depredación (autofagia).... aunque lo de Barcelona es mucho más antiguo y no se puede cambiar así como así.
Probablemente el siglo XXI sea el de la energía.... pero no me refiero a la energía derivada del uso del petróleo. sino a la energía sutil. Es posible que para que haya cambios en la urbe, las soluciones no pueden ser urbanísticas sino energéticas.
Carolina
# Carolina
martes, 22 de septiembre de 2009 23:26
Totalmente de acuerdo Gabriel, porque este malestar es energético sin duda.

Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
martes, 22 de septiembre de 2009 23:30
El paradigma mecanicista está en los últimos coletazos.... Ha dominado en la ciencia, en la política, en la arquitectura y en el urbanismo....... descanse en paz (y que nos deje en paz)
Tiene que venir un urbanismo y una arquitectura con alma.
:-)
Carolina
# Carolina
martes, 22 de septiembre de 2009 23:45
Pues sí, eso sería fantástico ;) En ese sentido, y me desvío un poco, son interesantes las aportaciones de la permacultura en la parte que se refiere a la llamada bioconstrucción combinada con la geobiología (es un tema este muy interesante), que aunque no es exactamente lo que planteas creo que seran en un futuro, espero no muy lejano, aportaciones de gran valor para el planeta y los que en él habitamos.
Creo que es imprescindible para una buena salud física, mental y medioambiental introducir la cuestión de la energía en nuestro discurso. La verdad es que quedarse en la parte material únicamente es quedarse a medio camino y no captar la realidad en su totalidad y en toda su riqueza de recursos.
Gabriel Gutiérrez
# Gabriel Gutiérrez
martes, 22 de septiembre de 2009 23:56
Por ahí va la cosa. Ahora, la cuestión es que si queremos que el urbanismo se depure y proponga un nuevo paradigma (que incluya la arquitectura y etc), primero deben depurarse los políticos.....
Carolina
# Carolina
miércoles, 23 de septiembre de 2009 0:04
Sí, aunque es ese un trabajo que llevará su tiempo, tela marinera... Aunque si la gente empieza por hacer cambios en sus propias vidas y a nivel local, esos cambios iran ganando terreno y los políticos tendran que cambiar el chip. Muchas veces la gente, y me incluyo, esperamos que los cambios vengan de fuera y no somos conscientes del poder del cambio desde uno mismo y esto es importantísimo para el tema que tratas en este artículo. Porque creo que llegados a este punto es cada individuo el que debe hacer algo creativo para él y para el mundo.
Gabriel
# Gabriel
miércoles, 23 de septiembre de 2009 0:12
Ahí das en el clavo. Primero empieza uno desde su pequeña parcela y luego nos vamos encontrando con otros compañeros de camino.... y así hasta formar una masa crítica. Como esta web justamente.
Carolina
# Carolina
miércoles, 23 de septiembre de 2009 0:30
Cierto!!
Gabriel
# Gabriel
miércoles, 23 de septiembre de 2009 0:32
:-) bona nit
Carolina
# Carolina
miércoles, 23 de septiembre de 2009 0:43
Bona nit!
Ramon Fernandez-Cid
# Ramon Fernandez-Cid
miércoles, 23 de septiembre de 2009 15:13
Uffff! Yo vivo en Oviedo,ciudad limpia cuidada,sin problemas de seguridad.....
Pero he trabajado en Barcelona,voy a Barcelona habitualmente y la adoro.
Quizá para los que vivis en ella, dia a dia ,haya muchas cosas que se han hecho mal,sin duda que será así,pero yo recuerdo todo aquel cinturon de fábricas abandonadas y en ruinas sobre el que se edificó el Puerto Deportivo y la Villa Olimpica,sinceramente no lo hecho de menos.
Por otra parte, Barcelona es una ciudad mediterránea y solo puede compararse a otras ciudades con sus mismas características, como Nápoles, Génova o Marsella,y ahí,creerme que no sale tan mal parada.
En fin,no soy una parte ecuánime en este debate,ya lo dije,adoro a Barcelona.
Yo veo el vaso medio lleno,no medio vacío.
Saludos a todos
Ramon
Gabriel
# Gabriel
miércoles, 23 de septiembre de 2009 16:35
una ciudad es un estado de ánimo en el que confluyen muchos estado de ánimo individuales y cada uno diferente. El cosmopolitismo de Barcelona choca con el provincianismo de fondo..... Escribiré sobre ello próximamente. Eso si, y estoy de acuerdo contigo, es que es una ciudad que tiene muchas cosas valiosas. Otra cosa es que permitan al ciudadano participar y decidir sobre ellas....
Carolina
# Carolina
miércoles, 23 de septiembre de 2009 17:43
Claro cosas buenas tiene sin duda, pero los ciudadnos de a pie que la vivimos y 'sufrimos' a diario parece que no pintemos nada a la hora de poder decidir que ciudad queremos y como. Nos hemos convertido en meros contribuyentes y hemos dejado de ser ciudadanos, y lo peor es que no nos dan ni voz ni voto a la hora de poder decidir que deberían hacer con ese dinero, como gestionarlo de manera sana y sostenible. Falta una sociedad realmente dialogante. Se gastan el dinero en perogrulladas y 'pijadas'. La estan convirtiendo en un producto de márketing, pura publicidad. Cada vez hay un mayor número de gente que se ve obligada a despalzarse fuera de Barcelona por ser una ciudad cada vez más inhabitable e insostenible en todos sus aspectos.
Gabriel
# Gabriel
jueves, 24 de septiembre de 2009 0:03
Siento que tienes razón, Carolina. Y ahora solo faltaba el nombramiento de la hermanísima de Leticia.... brrrrrr
Carolina
# Carolina
jueves, 24 de septiembre de 2009 18:19
Sí, la verdad es que flaco favor le hacen a la ciudad con tanta publicidad de la prensa rosa y no tan rosa con el caso de la hermana de Leticia. Me viene en mente lo que planteabas más arriba sobre el provincianismo de fondo...
Gabriel
# Gabriel
jueves, 24 de septiembre de 2009 20:25
la prensa rosa, el cosmopolitismo aparence... y tantas cosas que tapan. Barcelona funciona feudal o gremial. En Barcelona una idea puede quedarse sin patrocinador si no estás afiliado a alguna capilla. En Madrid, por ejemplo, se valora más la idea y no tanto la ubicación en una capillita.
Carolina
# Carolina
viernes, 25 de septiembre de 2009 15:41
Sí, eso de la capillita, dígase también enchufismo, es un clásico por estos lares. En esta ciudad no hay nada como tener padrinos ricos y del politiqueo para que te promocionen una propuesta aunque sea una porquería que no aporte nada bueno a la ciudad.
Gabriel
# Gabriel
viernes, 25 de septiembre de 2009 23:36
así es :-(

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