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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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08

En el entrenamiento Sufi para la neutralización de los condicionamientos provocados por el Ego, uno de los aspectos del trabajo personal se basa en que descubramos las causas de nuestra voracidad. En psicoanálisis, gestalt, etc. es sabido que una de las primeras via de curación es el  descubrimiento de uno mismo sin autocensura. Pues bien, descubrir por qué tenemos necesidad de comer cinco veces más de lo que necesitamos, beber o ingerir estimulantes o tóxicos (alcohol, tabaco, etc) , comprar cosas, jugar o ver la tele compulsivamente, etc., en fin ser adictos a algo, incluso al trabajo, es un principio en el camino de nuestra libertad.

No comemos tanto porque tengamos hambre sino por hacernos la ilusión de que poseemos más cosas, incluso manjares selectos, presentaciones sofisticadas, nuevas texturas, nuevos sabores, nuevos materiales alimentarios, etc., que no podemos disfrutar porque nuestros sentidos simplemente se saturan de tantos sabores diferentes. Pura cuestión de glotonería. Y así ocurre con las demás obsesiones por adquirir. Por eso Eric Fromm decía que para que nuestra sociedad estuviera sana hacía falta que la gente estuviera enferma, enferma por consumir, al sentirse permanentemente insatisfecha.

Nuestro sistema económico está basado en el neurótico principio del crecimiento ilimitado y se basa en provocar, via la publicidad y otros medios generadores de insatisfacción, que la gente consuma todo lo que pueda y por lo tanto se hipoteque todo lo que los bancos le dejen. El llamado estallido de la llamada crisis Económica, como no ha atacado ni de lejos la raíz del problema, tan pronto como la propia dinámica del ciclo económico dé la vuelta al sentido de la recesión, la gente va a lanzarse a consumir de nuevo para hacerse la ilusión de que es feliz. Uno de los síntomas más claros de la permanente infelicidad es creer que algo o alguien externo a nosotros puede hacernos feliz. O somos nosotros mismos individualmente quienes somos felices dentro de nuestra piel, o nada o nadie podrá conseguirlo.  Si no se entiende eso no hay nada que hacer, seguiremos alimentando una sociedad neurótica e ignorante.

En el artículo de Andrea Sydow, al que me permití añadir un comentario, apunta a que nuestra sociedad no es tan maléfica como algunos dicen, por lo menos en comparación con campos de concentración como China, India, Brasil, por poner ilustre ejemplos en los que la gente vive mejor que en Darfour, pero el problema, y lo digo precisamente porque no soy pesimista (si lo fuera ya no participaría en este foro), no se va a resolverse activando los resortes de la economía y conseguir salir de los números rojos como han logrado Francia, Alemania y Reino Unido, sino actuar sobre los condicionamientos de la propia gente, a nivel puramente individual, informándole, por lo menos, de que puede acceder a grados de libertad que no sabía que existían.

El siguiente cuento, como es habitual en forma de chiste, ejemplifica el hecho de que no somos conscientes de nuestra voracidad y creemos que eso solo es aplicable a casos patológicos de bulimia.

Saber sentir el sabor

"Saber" y "sabor" tienen una íntima relación entre ambos.

"Érase una vez, en un pequeño poblado perdido entre las montañas, que vivían en una aldea recogida y alegre, un grupo de seres humanos. Hacían lo que suelen hacer la mayoría de estos seres: dormir, trabajar, comer, jugar y dormir. Pero he aquí que un día uno de ellos, por extraños motivos que nos llevarían a otras historias, decidió marchar de ese pueblo. Reunió a todos lo seres del pueblo y les manifestó su intención de salir más allá de las montañas para conocer lo que se "cocía" en otros lugares.

- ¿Para qué?- le preguntaron sus amigos.

- Porque quiero saber- les respondió.

Nuestro amigo, al que desde ahora llamaremos Sixto, se dirigió al norte, porque desde antiguo al pueblo habían llegado noticias, que allí era dónde existía más saber.

Pasó un tiempo sin noticias de Sixto, hasta que un buen día apareció en lontananza. Hubo gran alegría en el poblado, todos le rodeaban, le preguntaban, pero él venía cansado del viaje y pidió que le dejasen descansar. Al día siguiente, a la puerta de su casa, todo el mundo estaba reunido esperando que él apareciera.

Cuando lo hizo, todos prorrumpieron en aplausos y aclamándole le pedían que compartiera con ellos su saber.

- Bueno, veréis, lo único que he aprendido no puedo compartirlo con vosotros. !Oh! Que desilusión entre los seres del poblado.

-¿Por qué?- se atrevió a preguntar un niño (todos sabemos que los niños son muy atrevidos).

- Porque lo que he aprendido es a distinguir el sabor de las cosas.

Un murmullo de perplejidad se adueñó del pueblo.

- Veréis, amigos. Cuando llegué al norte, me sentí perdido. Había mucha gente, ciudades enormes, y en ese estado me encontraba cuando vi en un cartel que se daban cursos de cocina rápida. Como el hambre me acuciaba pensé que no vendría nada mal llenar el estómago con algo y de paso aprender a cocinar comidas diferentes. Entré pero, ¿sabéis?, el curso no era para aprender a cocinar, no. Era para aprender a saborear la comida.

-¡Oh!- murmuraron los del pueblo- Y eso ¿cómo se aprende?

-¡Ah! Amigos míos es bastante complicado de explicar con palabras -dijo Sixto- los profesores se limitaban a dibujar esquemas y diagramas en la pizarra, y nos decían: "Tenéis que sentir el sabor de ésta posición del esquema". Otro incidía: "No hay que dar vueltas buscando el mejor sabor. Sabor solo hay uno, y es aquel que no tiene sabor, porque en él están todos los sabores".

Y nos ponía el ejemplo de la luz blanca que se descompone en diferentes colores cuando pasa por un prisma. "El lugar -decía el jefe de cocina- donde hay y no hay luz blanca es el sabor sin sabor".

El pueblo entero estaba maravillado de esta explicación.

- Por favor, dibújanos esos esquemas. Nosotros queremos experimentar ese sabor sin sabor.

Sixto los miró con conmiseración, y quedamente les dijo:

- Amigos míos, esto es lo que me enseñaron en aquella ciudad, pero de regreso al pueblo me he dado cuenta, a través de procesos que si os lo contara a alguno de vosotros se volvería más confundido, digo que me he dado cuenta que todo eso no sirve para nada.

- ¡¿Qué?!- preguntó asombrado el pueblo.

- Os lo explicaré. La clave está en dos palabras: "sentir" y sabor". Vosotros queréis saber a que sabe el sabor sin sabor. ¿Es cierto?

- ¡Sí!

- Y yo os digo que lo importante es sentir ese sabor.

- ¡Ah!- los seres del poblado se miraron unos a otros.
Un niño, el mismo de antes, que por lo visto era un poco pesado con sus preguntas, dijo:

- Sixto, Sixto...

- Sí, niño, dime.

- ¿Podrías decirme, entonces, por qué esos señores que hablaban mediante gráficos del sabor sin sabor dan esas clases?¿Por qué utilizan esquemas si no son importantes?¿Por qué malgastan su tiempo y su energía en dar un arte objetivo a la subjetividad de la gente? ¿Por qué...?

- ¡Niño, calla! -gritó Sixto- Tú no puedes saberlo porque no has estado dónde yo he estado, ni has visto lo que yo he visto. Esas personas que dibujaban el sabor, sabían lo que estaban haciendo, lo transmitían de una manera especial, de tal forma que se introducía poco a poco en el organismo y ha sido ahora, al llegar al pueblo, cuando me he dado cuenta de que es lo realmente importante.

- ¡Dínoslo, Sixto, dínoslo! - gritó todo el pueblo.

- Hay que sentir el sabor, ya os lo he dicho.

- ¿Y cómo sabemos que es lo que sentimos si no tenemos un espejo en el cual mirarnos?, preguntó el mismo niño de antes.

Sixto miró con dulzura al niño y le dijo:

- Niño, ¡eres un pesado insolente!- sonrió y desapareció en su casa para darse un baño".

Publicado en: Espiritualidad, Hacia la madurez social
Email del autor: juan@tmp.es

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Comments

Maria Oliver
# Maria Oliver
martes, 08 de septiembre de 2009 11:40
Hola Juan... excelente artículo. Me gusta mucho lo que planteas y, con el de Andrea que citas y el de Carles de ayer, forma un tríptico: de lo micro a lo macro, la importancia de frenar, decrecer, parar... la importancia de acceder a la libertad desde uno (hay otra forma?)
La cosa, --esta cosa tan fea llamada crisis sistémica-- como dices, "no va a resolverse --aunque prefiero pensar que no se trata de resolver, sino de atravesar-- activando los resortes de la economía y conseguir salir de los números rojos como han logrado Francia, Alemania y Reino Unido, sino actuar sobre los condicionamientos de la propia gente, a nivel puramente individual, informándole, por lo menos, de que puede acceder a grados de libertad que no sabía que existían". Desde esas cotas puede producirse el cambio, por eso estamos acá y somos optimistas, no? porque sabemos que eso sí, es posible... de ahí, de esa nueva conciencia, vendrá el resto... Nunca "de arriba abajo", tal vez --acaso-- desde adentro a fuera...
Un abrazo, gracias de nuevo!
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
miércoles, 09 de septiembre de 2009 0:58
Buenas noches Juan, gracias por tu artículo y buenas noches María. No entiendo porque no ha aparecido nadie más en este lugar tan interesante, auspiciado por el cuento sufii de Juan.
Bueno, inicio mi reflexión. Totalmente de acuerdo Juan en que el inico de la recuperación en ciertos paises de la comunidad europea es más preocupante que alegre, ya que solo implicaría alargar la agonía de un sistema que ya no funciona y que además comienza a resultar amenazante.
Además yo no me siento feliz del bienestar alcanzado en los paises occidentales a expensas del sufrimiento de una gran parte de la población mundial. Es importante empezar a darse cuenta de que un sistema que funciona haciendo vivir indignamente a un grupo importante de población no puede jactarse de haber triunfado.
Y ahora voy al cuento. Juan me he dado cuenta, comentándolo con otras personas que también lo han leído, que cada uno de nosotros ha tenido una interpretació diferente. Yo, por ejemplo, interpreto que Sixto no consiguió alcanzar el conoimiento deseado, por eso no lo puede explicar a los.demás. El problema radica en que además no lo puede reconocer ante los demás y prefiere hablar en un cierto código ininteligible que le permita salir airoso de esa situación comprometida,a excepción de un niño, cuya mente sin prejuicios, pone su debilidad en evidencia.
Magnífico cuento que me recuerda la mayoría de los debates y entrevistas que escucho, oigo y leo en los medios de comunicación de masas todos los días.
Gracias Juan y un abrazo.
Pedro Pitofino
# Pedro Pitofino
miércoles, 09 de septiembre de 2009 7:50
Hola amigos. Siempre volvemos al mismo sitio, todos los caminos nos llevan a Roma. Estamos hablando de una crisis, aunque yo me atrevo a decir ausencia de valores propios de la persona. Recuerdo en los años 80, la llamada época del pelotazo, donde el ideal de conducta y sentimiento de triunfo en la vida se representaba en un señor de pelo engominado. La “sociedad” que había creado ese becerro de oro, se encargó después que destruirlo, pero no ha procurado buscar en el interior, y nos encontramos en un momento similar, en el que todo vale, donde el más patan, el que más insulta, es considerado un líder y un triunfador.

Si comparo esta escala de valores con la existente en países en vías de desarrollo, veo una regresión en el mundo occidental. El edificio está a punto de desmoronarse, pero sólo lo apuntalamos.
Rafael Javier Rodriguez Sanchez
# Rafael Javier Rodriguez Sanchez
miércoles, 09 de septiembre de 2009 9:54
Me hace gracia que el "engominado" del que habla Pedro ahora se haya convertido al misticismo y entre al mercadillo espiritual como "bodhisatva" de toda la vida. ¿Habrá previsto una nueva burbuja especulativa basada en el "autoconocimiento"?

Muchas gracias, Juan, por el texto.
Carles Nebgen
# Carles Nebgen
miércoles, 09 de septiembre de 2009 12:36
Me ha gustado mucho el cuento, Juan. Efectivamente, tal como dice Esther, interpreto el cuento como el de alguien que no ha acabado de entender lo que le han explicado y cuando lo repite, lo hace de una manera velada y superficial, pra acabar huyendo cuando alguien lo pone en evidencia.
Es facil criticar lo que hacen los demás, pero es mucho más dificil criticarnos nosotros mismos. Desvelaría que también tenemos nuestras contradicciones y esto nos incomodaría. Ha veces leo bonitas frases sobre ecología, decrecimiento o explotación al tercer mundo, que, primero, no estoy seguro si todos lo entendemos de la misma manera, y por otra parte, si realmente tiene sentido planterlo en la manera que alguno de nosotros lo entendemos. Es posible que al hacerlo le hagamos el juego a aquellos intereses que nosotros pretendemos combatir.
Un abrazo,
Carles Nebgen
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 09 de septiembre de 2009 17:54
Gracias Maria. Desde Mayo del 68, en que el intento de revolución se transformó en confusión, en que las ideas revolucionarias se transformaron en consumibles (las canciones de protesta en “soul”, el Ché en camisetas, etc), dejé de creer en la revolución colectiva. Simplemente la conciencia humana, como apuntan algunos textos, se torció hace 5000 años en ambición individual. Por tanto todo lo que no venga de una transformación personal interna que se transmita hacia afuera, solo es palabrería y carne de nuevos productos consumibles.

Gracias Esther. Precisamente el efecto de los cuentos sufís es que cada uno los entiende y asimila de forma diferente, simplemente porque somos individuos diferentes, independientes, autogestionarios y libres. Precisamente por eso, solo creo en los cambios de conciencia individuales. Lo demás es apoyarse unos en otros para seguir el juego a los ambiciosos.

La gracia de los cuentos sufís reside en la parábola del “elefante en la oscuridad”, por ejemplo, yo no me había dado cuenta de que posiblemente Sixto no entendió el mensaje y por lo tanto no pudo transmitirlo. Gracias otra vez.

Gracias Pedro y Rafael, pero no me interesan en absoluto modelos de conducta externa, “engominados pseudobodhisatvas” o no, porque de la Roma de la que tú hablas, para mí solo existe el análisis interior y sus posibilidades de demolición, que resulta, Carles, de desvelar esas contradicciones que nos incomodan. Sentirse incomodo por haber descubierto alguna de nuestras contradicciones es, parafraseando a Freud y la práctica de la Gestalt, el comienzo de la liberación. Por tanto descubramos qué es lo que nos incomoda; aprenderemos lo esencial de nosotros mismos y encontraremos unas buenas herramientas.
Pedro Pitofino
# Pedro Pitofino
miércoles, 09 de septiembre de 2009 18:38
Bueno, podríamos dar vueltas y vueltas a lo mismo. Estoy de acuerdo contigo en el análisis que haces de las consecuencias de mayo del 68, y los acontecimientos posteriores. Todo se puede vender, y por tanto, todo se vende.

Indudablemente, la pieza más importante es el propio individuo, y no solo sus vestimentas o apariencia. Ahora bien, la apariencia puede corresponder a una representación o actuación, y por tanto un engaño. El interior es lo importante y nos dirá que hay de cierto en la actuación y la apariencia.

No obstante, en el análisis de los comportamientos, dado que el individuo no es autosuficiente, y no vive aislado cómo un antiguo ermitaño de las meteoras, para mi son muy importantes otros condicionantes del individuo, cómo los distintos grupos en los que se asocia, familia, entorno vital en el cual le ha tocado vivir, y nación o zona mundial en la cual se ubica.

No deja de ser importante los mensajes recibidos por el propio individuo a lo largo de su formación, su educación, cultura, etc.

Todos esos factores también forman parte del propio individuo, y hay momentos en los que se debe romper con ellos, o al menos transformar los más próximos para poder sentir la transformación propia.

En tu cuento Juan, que no te lo había dicho pero me parece muy bueno, no todo el mundo tiene la clarividencia del niño, y eso es algo que debemos cuidar, cuando alguien llega y hace callar al niño por eso, por ser un niño, porque socialmente puede interesar que no piense el niño.

Gracias por el cuento.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 09 de septiembre de 2009 18:56
Naturalmente Pedro. El repertorio de condicionantes que se han ido incorporando en el individuo desde el monento de nacer (Rousseau: "El hombre nace libre y por doquier se le van incorporando ligaduras") es quasi infinito. Todos, todos esos factores que apuntas y mas. Por eso precisamente es tan dificil el trabajo de u8n maestro sufi con sus discípulos. Ten en cuenta además que, como en terapia gestalt, a veces (con demasiada frecuencia) creemos hbernos liberado de un condicionamiento y todo lo que hemos hecho es que se "disfrace" de condicionamiento aniquilado y siga domnando partes de nuestra vida sin que nos demos cuenta, porque creimos haberlo superado.

Mil gracias también por aportar la visión desde tu lado (en el ejemplo el elefante) sobre el papel del niño.

Podríamos hacerel juego de que unos cuantos de vosotros déis vuestra interpretación. Se hace en sesionesde trabjo sufi, y es, además de divertido, my aleccionador, empezando porque cada uno aprende a que su opinión solo es su punto de vista, jamás la razón absoluta. Un punto de vista es, en física, el lugar desde el que un observador ve el objeto. Por tanto todos tenemos razón.
Un abrazo
Paco Bou
# Paco Bou
miércoles, 09 de septiembre de 2009 20:40
Juan, muchas gracias por el cuento sufí y por estos comentarios que resultan tan luminosos…

Respecto a las revoluciones:

Toda revolución, en esencia consiste en cambiar una cosa por otra para que al final todo quede más o menos como estaba (sé que parece injusto decir una cosa así pero la historia parece mostrar esta dinámica).Pienso que como todas las grandes revoluciones han acabado igual, la única revolución que merece la pena es la que podemos hacer en nuestro interior. Aunque ese viaje interior sea el más complejo de todos...

En nuestro sistema político actual cada cuatro años cambiamos a unas personas por otras…y poco más…(no hay ninguna transformación, en realidad no puede haberla)

Me pregunto: ¿Qué esté uno u otro partido (una parte) político, modifica en algo mi nivel de consciencia?...
La respuesta es que no.

Por ese motivo me parece muy acertada la cita de Alejandro Jodorowsky que dice: “yo no creo en la revolución política, creo en la re-evolución poética”

También me ha gustado mucho lo de que: “Un punto de vista es, en física, el lugar desde el que un observador ve el objeto” (muy relacionado con el cuento del elefante en la oscuridad, donde cada uno sólo puede describir la porción con la que entra en contacto)

Tal vez por eso se dice que cuando estamos atascados frente a un problema, una posible solución es cambiar nuestro punto de vista…a poder ser por otro más elevado, donde tengamos acceso a una visión más amplia. O compartir los distintos puntos de vista de todos los observadores (como se hace con los grupos sufís que interpretan cuentos)…Entre todos podremos construir la imagen de ese “elefante que está en la oscuridad”

Gracias por este espacio y por el cuento
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
miércoles, 09 de septiembre de 2009 22:36
Has tenido una idea brillante Juan, ya que conocer las diferentes visiones de cada uno para obtener una visión global más completa es un ejercicio absolutamente necesario en estos momentos de incertidumbre que nos esta tocando vivir. Buscamos siempre personas acreditadas públicamente que nos ofrezcan sus vsiones sobre diferentes temas, pero cada una de estas personas, por muy acreditadas que esten, solo ven una parte muy pequeña de la realidad. La visión general es fundamental y solo puede conseguirse si nos mantenemos abiertos ante los diferentes puntos de vista, si intentamos incorporar lo aparentemente incompatible con nuestra visión. Por eso el ejercicio que propones es tan necesario. Cuenta conmigo.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 09 de septiembre de 2009 23:03
Sí Paco. Desgraciadamente mi romanticismo revolucionario quedó hace mucho tiempo clavado en una cruz, en no recuerdo qué cuneta, y con una corona crisantemos totalmente ajados colgando de ella. Luego a golpe de Maestro (lo de “golpe” no es una figura retórica) fui entendiendo que solo hay una revolución y lleva mi nombre. El siguiente paso es rebelarse contra eso también.

Otro sí: el cuento del elefante nos invita a cambiar de paradigma: Competir por compartir.

Claro, Esther, porque (desde mi punto de visión) esas personas acreditadas públicamente que dices ya se han convertido en objeto de consumo i deificación por la via del culto a la personalidad. El efecto es que la gente queda impresionada por la aureola de la fama y deja de pensar por sí misma, lo cual es tremendamente pernicioso. De ahí esa máxima que debería ponerse en la puerta de entrada de todas las escuelas el mundo “Nunca te creas nada que no hayas podido comprobar por ti mismo”. ¿Te imaginas lo que le ocurriría al sistema?

Me dejáis que os cuente una anécdota. Hoy fui a la reunión de padres de la clase de P3 donde mi hijo de 3 años va a comenzar el nuevo curso el lunes que viene. Ah, me permití (para mis adentros, quiero decir que no lo demostré) un acto de rebeldía, lo cual siempre alimenta mi espíritu a raudales. La profesora después de hacerlo ella nos pidió que nos presentáramos. A mí me tocó relativamente de los últimos. Casi todos los padres decían el hombre del niño y del control del pipi que ya habían conseguido sus hijos, y algunos añadieron algo más, que si eran difíciles, dóciles, obedientes, y poco más. Yo dije, “Se llama Ardavan y es un chaval fantástico. Os divertiréis mucho juntos”… Oh, Dios mío, vaya inflada de Ego. Os pido mil disculpas compañeros, no os preocupéis, esta noche me pongo el cilicio y ochenta latigazos…

Un abrazo

Pedro Pitofino
# Pedro Pitofino
jueves, 10 de septiembre de 2009 1:02
Juan lo que has dicho de tu hijo me parece perfecto, ¿para que ser hipócrita?
Un chaval de 3 años debe ser divertido. Tengo un nieto de 4 años, es muy divertido, aprendo cosas de él, y no me cuesta reconocerlo.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
lunes, 14 de septiembre de 2009 16:07
Juan, tanto elefante y tanto cuento te han hecho perder la percepción de la realidad y lo que es peor, mofarte de los demás. Una lástima.
Juan Trigo
# Juan Trigo
lunes, 14 de septiembre de 2009 18:40
Sergio. Si has puesto tu comentario para que te conteste no tengo más remedio que pedirte que me indiques donde y como me he mofado de los demás. Porque, así en general...

Si lo has puesto para desahogarte, vale. No pasa nada.
Sergio Gonzalez
# Sergio Gonzalez
martes, 15 de septiembre de 2009 8:42
Seguramente habrá sido para desahogarme, cieratemente ayer no tuve un buen día. No pasa nada.
Imma
# Imma
viernes, 23 de octubre de 2009 17:40
Es precioso lo que dijiste como presentación de tu hijo...mi pequeño es un poco más grande que el tuyo. No hace mucho en la escuela,la maestra les pidió que escribieran un pensamiento en una cartulina que ponía:
"Per fer un món més feliç em copmrometo a..."
Cómo disfruté leyendo todo lo que habían puesto los pequeñillos de 6 años:
"io em comprometo a fer mes l' amor i la pau" (sencillamente insuparable!!!)
"io em comprometo a fer mes amics i a ser mes falis i tambe a que no llagin gerras"
"io em comprometo a no pegar al meu germa"...
Un abrazo
Juan Trigo
# Juan Trigo
domingo, 25 de octubre de 2009 19:29
Precioso Imma, gracias.

Probablemente no sea, tal como dicen, tan problema del sistema educativo y de las escuelas como de nosotros los padres. No se si también vosotros esas sufriendo los ataques de esta plaga de las fiestas de Halloween que se estan poniendo de moda, pero yo ayer tuve una experiencia en mi propia casa y creo que tarradé mucho en reponerme.
besos
Juan
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