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A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.


Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

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Crisis económica, una oportunidad para el cambio
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Los sufís utilizan el cuento llamado “Los Isleños” para explicar de diversas maneras, como es su costumbre, el origen de la humanidad y como se convirtió en lo que es.  Es decir, una especie superior en todos los órdenes creada para transformar el planeta, convertida en una población de amnésicos que, a diferencia de las demás especies, son su propio depredador.
A veces lo explican con la imagen de un hombre que al despertar una mañana se encuentra en pleno desierto sin saber donde esta ni porque ha llegado hasta aquel insólito lugar. Se levanta y se pone a andar porque cree recordar algo, pero al cabo de poco se da cuenta de que está andando en círculos, sin conseguir encontrar esa dirección que cree haber aparecido en su cerebro. Busca y busca en su cerebro pero solo consigue alucinaciones. Al cabo de un rato desiste de saber quién es en realidad y toma cualquier dirección.

Como el relato del Hijo del Rey que os propuse hace días, en algunos casos, las ayudas externas que recibe logran hacerlo despertar. El “Ser o no ser”, de Shakespeare es precisamente esa reflexión crucial, “Soy humano (en ese sentido superior de la palabra) o no lo soy (un mero habitante autodestructivo del planeta)”. Las primeras imágenes de la película-documental “Baraka” enfocan la cuestión, un mono dormido.

Leemos ese súbito encontrarse a sí mismo en “La Metamorfosis” de Kafka, pero tal vez el relato galáctico de Doris Leassing, “Shikasta”,  sea el que mejor revela el problema principal: La pérdida de la memoria.

Encontrareis en cuento de “Los Isleños” en el libro "Los Sufis" de Idries Shah. 1971 Ed. Kairos.

El cuento dice así:

Hace mucho tiempo existió cierta tierra lejana, habitada por una comunidad perfecta. Sus componentes no sentían temores como los que nosotros padecemos. Y en vez de incertidumbres y titubeos obraban con propósitos bien definidos y tenían una manera más plena de expresarse. No sufrían las violencias y tensiones que la humanidad actual considera esenciales para su progreso, pero sus vidas eran más completas porque otros elementos de calidad superior sustituían a aquéllos. Su modo de vivir era, pues, algo distinto al nuestro. E incluso podríamos afirmar que nuestras percepciones actuales no son más que un reflejo tosco y lejano de las verdaderas percepciones que dicha comunidad poseía.

Aquellas gentes vivían existencias reales, no semi-existencias. Vamos a llamarles el pueblo de El Ar.
Tenían un guía, que descubrió que su país se haría inhabitable por un período de veinte mil años.
Planeó el éxodo de su pueblo, siendo consciente de que sus descendientes podrían volver al mismo después de haber sufrido numerosas y difíciles pruebas.

Encontró para ellos un lugar de refugio, una isla con características remotamente similares a la de su patria de origen; pero a causa de la diferencia de clima y situación, los inmigrantes deberían sufrir ciertas transformaciones, que les permitieran adaptarse, física y mentalmente, a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, las percepciones de carácter sutil fueron sustituidas por otras más toscas, como cuando la mano del labriego se endurece a consecuencia de las necesidades de su tarea.

Con el fin de atenuar el dolor que pudiera producirles toda comparación entre su antiguo estado y el actual, se les hizo olvidar el pasado casi por completo, no quedando de él más que una tenue reminiscencia capaz de reactivarse cuando llegara el momento.

Dicho sistema resultaba complejo pero estaba perfectamente concebido. Los órganos que permitieron a aquellas gentes sobrevivir en la isla tuvieron también la facultad de proporcionarles el goce físico y mental. Los órganos que eran realmente constructivos en el antiguo hogar quedaron en un estado latente, unidos a la tenue memoria, listos para ser reactivados a su debido tiempo.

Los inmigrantes fueron adaptándose lenta y penosamente a sus nuevas condiciones de vida. Los recursos de la isla eran tales que, dados un esfuerzo común y ciertas formas de dirección y guía, la gente sería capaz de escapar a otra isla, en el camino de regreso a su hogar original. Ésta era la primera en una sucesión de islas donde tendría lugar una aclimatación gradual.

La responsabilidad de dicha «evolución» recayó en aquellos individuos que podían mantenerla. Estos habrían de ser naturalmente pocos, ya que a la masa del pueblo le resultaba virtualmente imposible mantener vivos en su conciencia dos conocimientos conflictivos entre sí. La «ciencia especial» fue conservada por algunos expertos.
Dicho «secreto» o método de efectuar la transición se basaba en el dominio de las artes marítimas y en su aplicación práctica. Para escapar de la isla se necesitaba un instructor, materias primas, individuos, esfuerzo y conocimiento. Con estos elementos la gente aprendería a nadar y a construir navíos.

Quienes originalmente estaban a cargo de organizar las operaciones de escape expresaron de manera muy clara que para aprender a nadar o tomar parte en la construcción de buques se necesitaba una preparación previa, y así se vino haciendo satisfactoriamente durante algún tiempo.
Pero de pronto, un hombre en quien se descubrió que de momento carecía de las cualidades necesarias, se rebeló contra todo aquello y se las arregló para desarrollar una idea clave. Él había observado que el esfuerzo de escapar suponía una pesada y a menudo indeseable carga para la gente. Al mismo tiempo, muchos estaban dispuestos a creer cuanto se les dijera respecto de la operación de escape. El se dio cuenta de que, explotando estas dos circunstancias, podía adquirir poder, y también vengarse de quienes -creía él- le habían menospreciado.

Libraría a la gente de su carga asegurándoles sencillamente que la carga no existía.

Divulgó esta proclama:
«No es necesario que el hombre integre y adiestre su mente del modo que se os ha descrito. La mente humana es ya un elemento estable y consistente. Se os ha dicho que necesitáis convertiros en artesanos para construir un navío. Pues yo os aseguro que no sólo no necesitáis ser artesanos, ¡ni siquiera necesitáis un navío! Para sobrevivir y quedar integrados en una sociedad, los isleños sólo tenemos que observar algunas reglas muy simples. Practicando el sentido común, cualidad innata en todos, lograremos cuanto se quiera en esta isla, nuestro hogar, propiedad y herencia de todos nosotros!».

El charlatán, tras haber despertado el interés del pueblo, concluyó «demostrando» su mensaje:
«Si el nadar y los barcos son una realidad, mostradnos buques que hayan efectuado la travesía y nadadores que hayan regresado».
Aquellas palabras eran un desafío para los instructores, que éstos no podían contrarrestar al estar basado en un supuesto cuya falacia ahora no podía ver la embotada muchedumbre. Porque, en efecto, los barcos no regresaban de la otra tierra y, en cuanto a los nadadores, cuando volvían habían sufrido una transformación que los hacía invisibles para el resto.

La muchedumbre insistió en que se les diera una explicación válida.

En un intento por dialogar con los revoltosos se les dijo:
«Construir buques es un arte y un oficio. El aprendizaje y el ejercicio de esta ciencia depende de técnicas especiales. Este conjunto forma una actividad completa que no podemos desmenuzar como solicitáis. En ella figura cierto elemento impalpable llamado baraka, del que se deriva la palabra "barca" o navío. Significa "sutileza" y no se os puede mostrar».
«¡Arte, oficio, conjunto, baraka... tontadas!», gritaron los sublevados.

Así que ahorcaron a cuantos artesanos constructores de barcos pudieron encontrar.
El nuevo evangelio fue recibido por todos como un signo de liberación. ¡El hombre acababa de descubrir su propia madurez! Sentían, al menos momentáneamente, que habían sido liberados de responsabilidad.

Muchos otros modos de pensar pronto fueron barridos por la simplicidad y comodidad del concepto revolucionario. Pronto se consideró un factor básico que nunca había sido desafiado por ningún ser racional. Racional, por supuesto, quería decir cualquiera que armonizase con la propia teoría general sobre la cual descansaba ahora la sociedad.

Se tacharon de irracionales las ideas opuestas a la nueva ideología. Cualquier cosa irracional era mala. A partir de ahí, el individuo tenía que suprimir cualquier duda o dirigirla en otra dirección, ya que precisaba mostrarse racional a toda costa.

No era muy difícil ser racional, bastaba con adherirse a los valores establecidos. Por otra parte abundaban las pruebas de la veracidad de dicho raciocinio, siempre y cuando no se proyectara sobre algo situado fuera de la vida en la isla.
La sociedad se había equilibrado temporalmente dentro de la isla, y parecía proporcionar una convincente plenitud, al menos desde su propio punto de vista. Estaba basada sobre la razón más la emoción, ambas aparentemente plausibles. Se permitían, por ejemplo, el canibalismo sobre una base racional. Considerando que el cuerpo humano es comestible y que lo comestible es alimento, el cuerpo humano es, pues, alimento. Con el fin de compensar la poca consistencia de dicho razonamiento se hacía una componenda. El canibalismo quedaría controlado en interés de la sociedad. El compromiso era la característica del equilibrio temporal. De vez en cuando alguien señalaba un nuevo compromiso, y la lucha entre razón, ambición y comunidad producía algunas normas sociales nuevas.

Ya que el arte de construir barcos no tenía una aplicación clara dentro de esta sociedad, el esfuerzo fácilmente podía considerarse absurdo. No se necesitaban barcos ya que no existía lugar adonde dirigirse. Las consecuencias de ciertas suposiciones pueden presentarse de modo que «demuestren» esas suposiciones. A esto se le denomina pseudocertidumbre, sustitutivo de la verdadera certeza. Es lo que realizamos a diario cuando asumimos que viviremos otro día. Pero nuestros isleños lo aplicaban a todo.

Dos artículos en la gran Enciclopedia Universal de la Isla, nos muestra como funcionaba el proceso. Destilando su sabiduría de la única fuente de nutrición mental de la que disponían, los sabios de la isla produjeron -sin duda sinceramente- esta clase de verdades:
Se ha demostrado científicamente que esto es un absurdo, no se conocen materiales impermeables al agua en la Isla con los cuales se pueda construir tal "barco", dejando a un lado la cuestión de si hay un destino más allá de la Isla. Predicar la "construcción de 'barcos" es un delito grave según la Ley xvii del Código Penal, subsección J, Protección de los Crédulos. La OBSESION CON LA CONSTRUCCION DE BARCOS es una forma aguda de escapismo mental, síntoma de inadaptabilidad. Todos los ciudadanos tienen la obligación constitucional de denunciar a las autoridades sanitarias si sospechan de la existencia de tan trágica condición en cualquier individuo.

Véase: Natación; Aberraciones mentales; Delitos (serios).
Bibliografía: Smith, J.; Por qué no se pueden construir "barcos". Universidad Insular, Monografía n.' 1 1 5 1.
NATACION: Desagradable. Supuesto método para impulsar el cuerpo a través del agua sin ahogarse, generalmente con el propósito de "alcanzar un lugar fuera de la Isla". El "aprendiz" de esta desagradable actividad tenía que someterse a un ritual grotesco. En la primera lección se postraba en el suelo, moviendo brazos y piernas según le ordenaba un "instructor". La totalidad del concepto se basa en el deseo de los así llamados "instructores" de dominar a los crédulos en tiempos de barbarie. Más recientemente el culto ha tomado la forma de manía epidémica.

Véase: Barco; Herejías; Pseudoartes.
Bibliografía: Brown, W. La Gran Locura de la "Natación ", 7 vols. Instituto de Lucidez Social.
Las palabras «deplorable» y «desagradable» se usaban en la isla para indicar todo aquello que fuera contrario al nuevo evangelio, conocido bajo el nombre de «Complacer». La idea implícita era que la gente se sentiría complacida, dentro de la necesidad general de complacer al Estado. El Estado representaba a todo el pueblo.

No es sorprendente, pues, que desde tiempos muy remotos la sola idea de abandonar la isla llenara de terror a la mayoría de la gente. De modo similar, los prisioneros que han pasado largos años en cautividad sienten auténtico temor cuando van a ser liberados; para ellos el «exterior» es un mundo incierto, desconocido y peligroso.

La isla no era una cárcel, pero era una jaula con barrotes invisibles más efectivos que los verdaderos.

La sociedad insular se volvió cada vez más compleja. Observaremos sólo algunas de sus características más destacadas. Su literatura era rica, y además de obras culturales había numerosos libros que explicaban las cualidades y logros de la nación. Existía también un sistema de ficción alegórico, que describía lo terrible que hubiera sido la vida, si la sociedad no se hubiera organizado de aquella forma existente y tranquilizadora.

De vez en cuando los instructores trataban de ayudar al conjunto de la comunidad para que escapara. Los capitanes se sacrificaban con el fin de restablecer un clima en el que los constructores de barcos, ahora en la clandestinidad, pudieran continuar su labor. Historiadores y sociólogos interpretaban tales esfuerzos con referencia a las condiciones en la isla, sin considerar contacto alguno con el exterior de esta sociedad cerrada. Era fácil ofrecer explicaciones verosímiles de casi todo, sin que ello implicara ningún principio de ética, ya que los eruditos continuaban estudiando con auténtica dedicación lo que parecía ser la verdad.

«¿Qué más podemos hacer?», se preguntaban, implicando con la palabra «más» que la alternativa podría ser un esfuerzo cuantitativo. O se preguntaban unos a otros «¿Qué otra cosa podemos hacer?», asumiendo que la respuesta se encontraba en «otra» cosa, algo diferente. El verdadero problema era que ellos se creían capaces de formular las preguntas, pero ignoraban que las preguntas son tan importantes como las respuestas.

Por supuesto los isleños disponían de un amplio campo para el pensamiento y la acción dentro de su pequeño dominio. La diversidad de ideas y las diferencias de opinión les daban la impresión de libertad de pensamiento. Se estimulaba el pensamiento, siempre que éste no fuese «absurdo».

Se permitía la libertad de palabra, pero resultaba de poca utilidad, al no ir acompañada del desarrollo de la comprensión, que no se cultivaba.
La labor y los esfuerzos específicos de los navegantes tuvieron que tomar aspectos diferentes, según los cambios que sufría la comunidad. Esto hizo que su realidad y existencia fuese aún más desconcertante para los estudiantes que intentaban seguirles desde el punto de vista isleño.
Entre toda esta confusión, incluso la capacidad para recordar la posibilidad de escape se convertía a veces en un obstáculo. La incipiente conciencia de la potencialidad de escape no estaba muy equilibrada. Muy a menudo los que estaban ansiosos por escapar terminaban por contentarse con algún tipo de sucedáneo. Un vago concepto de navegación no puede volverse útil sin orientación. Pero incluso quienes con más afán anhelaban construir barcos habían sido adiestrados de modo que ya creían poseer tal orientación, que ya eran maduros. Detestaban a cualquiera que indicase que necesitaban una preparación.

A menudo, versiones extravagantes acerca de nadar o construir barcos perturbaban las posibilidades de verdadero progreso. Gran parte de la culpa la tenían los abogados de la pseudonatación o de los barcos alegóricos, meros charlatanes que ofrecían lecciones a quienes eran aún demasiado débiles para nadar, o pasajes en barcos que no podían construir.

Las necesidades de la sociedad habían hecho necesarias, en un principio, ciertas formas de trabajo y pensamiento que evolucionaron hacia lo que fue conocido como ciencia. Pero este admirable enfoque, esencial en los campos en que podía aplicarse, acabó por desbordar su verdadero significado. El enfoque llamado «científico», que siguió a la revolución de «Complacer» se fue ampliando hasta abarcar toda clase de ideas. Finalmente, todo lo que no quedó comprendido entre sus límites se consideró «anticientífico», sinónimo muy conveniente para describir lo «malo». Sin que nadie se diese cuenta, las palabras cayeron prisioneras y luego se esclavizaron automáticamente.

Al no adoptar una actitud adecuada, como personas que han sido abandonadas en una sala de espera y se dedican a leer revistas enfebrecidamente, los isleños se dedicaron a encontrar sustitutos a su plena realización, que era el propósito original (y decisivo) del exilio de aquella comunidad.

Algunos consiguieron dirigir su atención, con mayor o menor éxito, hacia compromisos emocionales. Había diferente gama de emociones, aunque no existía una escala adecuada para medirlas. A todas las emociones se las consideraba «hondas» o «profundas», en cualquier caso más profundas que la ausencia de emoción. Cualquier emoción que lograra conducir a la gente hasta límites extremos, físicos y mentales, se calificaba automáticamente de «profunda».

La mayoría de las personas se fijaron objetivos, o permitieron que otros los fijasen para ellos. Lo mismo practicaban un culto tras otro, como perseguían el dinero, o intentaban alcanzar la preeminencia social. Algunos adoraban ciertas cosas y se creían superiores el resto. Otros, al repudiar lo que consideraban idolatría, se creyeron libres de ídolos y en situación de burlarse del resto.
Con el paso de los siglos, la isla quedó sembrada con los escombros de aquellos cultos. Estos escombros, a diferencia de los meramente físicos, tenían la propiedad de autoperpetuarse. Gente bien intencionada y otros combinaron los cultos, difundiéndolos como nuevos. Tanto para el aficionado corno para el intelectual, esto constituyó una mina de material académico o «iniciático», que aportaba un agradable sensación de variedad.
Proliferaron las instalaciones para gozar de «satisfacciones» limitadas. Palacios y monumentos, museos y universidades, instituciones pedagógicas, teatros y complejos deportivos llenaban la isla casi por entero. La gente se enorgullecía de la profusión de medios, muchos de los cuales creían relacionados de un modo general con la verdad absoluta, aunque no alcanzaban a definir la naturaleza de tal relación.

La construcción de barcos se vinculaba con algunas dimensiones de esta actividad, pero de un modo desconocido por la mayoría.

Clandestinamente los barcos izaban sus velas y había nadadores que continuaban enseñando natación...
Las condiciones reinantes en la isla no desalentaban totalmente a estas abnegadas gentes. Después de todo, ellos también eran originarios de la misma comunidad y estaban unidos por lazos indisolubles con ella y con su destino.

Pero a menudo tenían que tomar precauciones respecto de las atenciones de sus ciudadanos. Algunos isleños «normales» querían salvarles de sí mismos. Por una razón igualmente sublime, otros trataron de matarlos. Algunos incluso buscaron su ayuda afanosamente, pero no pudieron encontrarles.

Todas estas reacciones frente a la existencia de los nadadores eran resultado de idéntica causa, aunque filtrada a través de diferentes clases de mente. La causa era que apenas nadie sabía ahora qué era realmente un nadador, qué estaba haciendo o dónde se le podía encontrar.
Conforme la vida en la isla se hizo cada vez más compleja, una extraña pero lógica industria empezó a florecer. Su objetivo consistía en atribuir dudas respecto de la validez del sistema imperante. Tuvo éxito en absorber dudas referentes a los valores sociales, riéndose de ellos o satirizándolos. Tal actividad podía adoptar una imagen tanto triste como alegre, pero se convirtió en un ritual repetitivo. Aunque era una actividad potencialmente valiosa, a menudo se le privó de ejercer su verdadera función creativa.

La gente consideraba que, después de haber dado expresión temporal a sus incertidumbres, podía hasta cierto punto atemperarlas, conjurarlas e incluso propiciarlas. La sátira se confundió con alegoría significativa y ésta, aunque fue aceptada, no fue digerida. Obras teatrales, libros, películas, poemas, libelos, constituyeron los medios habituales para este desarrollo, aunque una importante parte de la misma actuaba en sectores más académicos. Para muchos isleños, seguir este culto con preferencia a otros más viejos significaba mayor emancipación, modernidad y progreso.
De vez en cuando aún se presentaba un candidato a un instructor de natación para hacerle un trato.

Por lo general se entablaba lo que parecía ser una conversación estereotipado:
-Quiero aprender a nadar.
-¿Quiere hacer un trato respecto de ello?
-No. Lo único que quiero es poder llevarme mi tonelada de coles.
-¿Qué coles?
-El alimento que necesitaré en la otra isla.
-Allí hay mejor comida.
-No entiendo lo que me dice. No puedo estar seguro. Debo llevar mis coles.
-¿Se ha dado cuenta de que no puede nadar con una tonelada de coles?
-Entonces no puedo ir. Usted lo llama una carga. Yo lo llamo mi alimento esencial.
-Supongamos, como alegoría, que no hablamos de «coles», sino de «suposiciones», o «ideas destructivas».
-Llevaré mis coles a algún instructor que comprenda mis necesidades.

Notas:
* La historia de los Sufis trata acerca de algunos de los nadadores y constructores de barcos, y también de otros que intentaron seguirles con mayor o menor éxito. Pero la fábula no ha terminado porque aún queda gente en la isla.
Los sufis usan varias claves para transmitir sus significados. Recomponga el nombre de la comunidad original -El Ar- para que se convierta en «Real». Quizás ya haya observado que el nombre adoptado por los revolucionarios en inglés «Please» (Complacer), al recomponerse forma la palabra «Asleep» (Dormido).
"Los Sufis" de Idries Shah. 1971 Ed. Kairos
 

Publicado en: Espiritualidad
Email del autor: juan@tmp.es

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Comments

Nacho Rivera
# Nacho Rivera
miércoles, 11 de marzo de 2009 17:02
Hola Juan, me gustan las historias sufís porque son prácticas, no adoctrinan.

Frederick Nietzsche decía que el hombre no puede vivir sin mentiras; las mentiras funcionan como amortiguadores, absorben las conmociones. Las mentiras funcionan como un lubricante.

Pensar sobre la verdad es falsificarla. Hay que encontrarse con la verdad, no pensar sobre ella. La verdad hay que vivirla, no creer en ella. La verdad no es una conclusión: no la alcanzas por un proceso silogístico. ¡La verdad está ahí!
Tú eres la verdad, los árboles son la verdad, los pájaros son la verdad, el sol, la luna. La verdad está por todos lados. Todo lo que sea pensar nos llevará por el camino equivocado.

Un saludo y gracias por el cuento.
Alba Domingo Santamari­a
# Alba Domingo Santamari­a
miércoles, 11 de marzo de 2009 17:29
Muy interesante cómo este cuento trata distintos temas que considero clave para entender en qué situación cultural nos encontramos...

Desde que tenemos lenguaje, inevitablemente el mundo se nos complicó.
Comenzamos a nombrar las cosas y, por lo tanto, a otorgarles sentido. Por ello, no podemos pretender que no tenemos responsabilidad, que el mundo está dado, que abro los ojos y veo "lo que es", ni que la forma en cómo lo nombro no incide en lo que hago y en mis resultados.

Cuando el cuento explica que el charlatán "libraría a la gente de su carga asegurándoles sencillamente que la carga no existía.", me recuerda al momento de nuestra historia en el que, por un afán de comprender el mundo, se hizo una división entre el mundo exterior y el mundo interior y el segundo quedó relegado, por no ser observable ni poderse estudiar bajo las leyes de la física y el materialismo.

Sin embargo, desde entonces, como ya hacíamos antes, todos los seres humanos hemos continuado con nuestra vida interior, atribuyendo significados a las cosas, poniendo palabra a las experiencias, experimentando emociones y haciéndonos preguntas acerca de los fenómenos que suceden...

¿Qué hemos hecho con todo esto desde el momento en que "oficialmente" quedó invalidado, cuando no, puesto como "experiencias de segunda" si es que en algunos sectores se admitía su existencia? Pues lo que hemos podido...

Privadamente, cada uno de los seres humanos que hemos habitado esta tierra hemos tratado de hacer nuestra búsqueda de sentido, hemos nombrado nuestras experiencias en base a las distinciones que hemos tenido disponibles... Hemos surfeado por el borde y por dentro de las olas de nuestras emociones sin comprender a menudo qué ocurría... Y nos hemos respondido nuestras preguntas sobre la vida, el mundo, la muerte, la existencia... a veces con explicaciones particulares y a veces con un simple "pensar en esto no tiene sentido porque no llego a ningún lado...".

Hemos confiado en que cada uno sabría apañárselas individualmente para nombrar con acierto lo que le ocurría internamente y los fenómenos externos del mundo y ahora vemos que no nos ha resultado. Hemos terminado en confusiones, peleas acerca de quién tiene la razón, divisiones... A partir de un momento dado confundimos la palabra con la verdad, en lugar de instruirnos como sociedad en el uso del lenguaje y en la observación de sus resultados en el estado de ánimo y las acciones de nuestras comunidades.

¿A qué tipo de respuestas se puede llegar haciéndose preguntas a nivel individual? Generalmente a verdades particulares, explicaciones sobre el mundo que uno termina confundiendo con "la verdad" y que, no siempre, le generan bienestar. Éstas quedan dentro, grabadas, enclaustrándonos en ocasiones, siendo los barrotes en los cuales nos vamos encerrando en nuestra isla particular, sin ver que son simples explicaciones inventadas por el ser humano; cuando no absorbemos las explicaciones de algún colectivo y nos encerramos en una isla con otro grupo de gente, ajenos a todas las otras personas que crearon unas explicaciones distintas para dar cuenta de los mismos fenómenos y, entonces, se convierten en "los otros" o "unos mentirosos" o "unos necios" o "unos ciegos" o "unos extraños peligrosos a los que exterminar", en el peor de los casos. Se nos olvidó la responsabilidad que tenemos al sostener una u otra explicación sobre los fenómenos del mundo.

Creo necesario reavivar la alegría de hacernos preguntas, y crear espacios en donde estas se puedan compartir sin ser censuradas. Nuestra dificultad actual de decir "no sé" y la necesidad y exigencia social de tener una respuesta para todo nos incapacita para hacernos preguntas a primera vista "irracionales" que abrirían espacios de reflexión que las preguntas "no absurdas" no nos pueden mostrar. La mayoría de las conversaciones actuales sobre la crisis continúan articulándose desde el paradigma de la necesidad de crecimiento, del miedo a la escasez y de la existencia de la verdad, cosa que nos lleva a acciones nuevas pero a un mismo resultado, pues son llevadas a cabo desde el mismo observador que hace un siglo.

¿Qué pasaría si comenzásemos a hacer preguntas desafiando algunas de las explicaciones fundamentales acerca del mundo con las que nos hemos encontrado ya al nacer y que tienen cerca de medio milenio de historia?

Por ejemplo... Que el mundo se mueve por la física. Que está desprovisto de sentido, propósito, conciencia y que es indiferente a las inquietudes humanas. Hasta entonces, todas las sociedades habían tenido conversaciones con la naturaleza. Ahora, cuando tenemos una crisis, solo nos miramos a nosotros mismos y no encontramos respuestas. No hay nada que nos sostenga. Con la explicación actual, nos hemos quedado solos.

Obviamente, ésta es una interpretación "irracional" o "anti-científica"... y tal vez la estamos necesitando para encontrar sentido y actuar desde otro lugar para tener resultados distintos con la crisis actual.

¿Cómo a un tipo de experiencias se le ha otorgado toda la validez y el estudio y a otro se lo ha metido en una caja, ocultándola en el fondo de nuestro ser, tratando de que no hiciese ruido?

A principios del siglo pasado se desarrolló el primer aparato que voló. En la década de los 60 o 70 el hombre ya estaba en la luna. Hoy día hablamos con quien queramos en qualquier lugar del mundo. Y sin embargo todavía nos cuesta identificar si sentimos rabia o tristeza, y a veces no sabemos decir te quiero o te pido disculpas a nuestros hijos/as, esposos/as o hermanos/as.

A mis 25 años me cuesta difícil creer que la sociedad se haya podido meter en una deriva como esta. Pero cuando me lo explican, tiene sentido para mí. Tiene más sentido darme cuenta de que, por error, hemos generalizado un modelo materialista y reduccionista que servía para solo una parte de la experiencia humana, que el hecho de pensar que mis emociones, preguntas, experiencias internas y necesidad de encontrar sentido no son reales. ¿Cómo no van a ser reales si las experimento? Simplemente necesitamos una nueva forma de nombrarlas, estudiarlas, aprenderlas, manejarlas, que no tiene que ver con lo racional y normativo sino con lo experiencial y particular.

¿Qué es la pretensión de verdad aislada de la experiencia? Algo que niega que lo que experimento existe a no ser que se ajuste con algo ya descrito externamente por alguien antes. Esto incapacita toda innovación y disminuye la confianza en uno mismo. Hace que sigamos buscando a un "papá/mamá", o un estado, o un dios, o algo externo que nos diga lo que existe y lo que no para, entonces, dentro de ese paradigma decidir acerca de cada uno de los actos de nuestra vida.

Esto ya no nos sirve más. La crisis es afrontada por cada uno en su situación particular y única, es un reto individual -a ser sostenido colectivamente- que solo cada uno podemos realizar y que tiene que ver con reactivar el aprendizaje y hallar la propia sabiduría individual, para actuar de nuevo respetándonos y respetando.

Pretender resolver la crisis buscando de nuevo un conocimiento estándard, una solución normativa de lo que "conviene" hacer, señalando que sirve para todos y para todas las situaciones, es seguir actuando dentro del paradigma de que los asuntos internos se rigen por las mismas leyes que los externos. Que no sepamos como manejar algo no quiere decir que no exista, que no pueda ser manejado ni que no siga unas leyes o un funcionamiento.

Necesitamos recuperar la intuición para saber qué hacer ahora y para ello antes es imprescindible hacer colectivamente muchas declaraciones de que "no sabemos" cómo abordar algunos asuntos, para abrir el espacio necesario para reflexionar. Desprendernos de "nuestras coles" para recuperar la capacidad de aprender.

Me ha encantado el final del cuento, que para mi relata cómo la necesidad actual de tenerlo todo claro todo el tiempo nos dificulta aprender. Llevando las coles puedo nadar apenas en una bañera, pero no puedo nadar lo suficientemente fuerte ni lejos como para llegar a otra isla y ver las cosas desde otro punto de vista. Puedo aprender a hacer nuevas acciones desde el mismo punto de vista, pero inevitablemente para un aprendizaje más profundo que consiste en atreverse a mirar el mundo desde otro paradigma tengo que abandonar las coles y CONFIAR en que mirando desde ese nuevo lugar conseguiré alimento.

La sensación de escasez en la que vivimos -los bienes, el alimento, el trabajo, la vivienda...- genera miedo a la carencia, miedo a "no tener". La sensación de suficiencia nos es casi desconocida. El miedo, director de orquesta de los violines de la sociedad actual, es una emoción que anula la posibilidad de sentirse agradecido con lo que uno tiene y de confiar en que uno hallará lo que necesita. Dentro de la amnesia de la que habla el cuento sufí, considero que está el hecho de que se nos olvidó que el mundo es un lugar abundante, que la naturaleza provee siguiendo unos ciclos y épocas, y que es importante ajustarse a ellos para que esta abundancia siga exisitiendo.

Gracias por generar este espacio donde reflexionar acerca de todo esto,

¡un saludo afectuoso!

Alba.
Juan Trigo
# Juan Trigo
miércoles, 11 de marzo de 2009 18:52
Alba, tu artículo no tiene desperdicio y daria para compartir unas 200 páginas. Solo apunto ahora algunas reflexiones sacadas de sesiones privadas en grupos sufís.
Respecto de la física. Me da la impresión que te refieres a la física newtoniana, según la cual para estudiar cualquier cosa en el universo basta separar y comprobar cómo se comportan las leyes de Newton y por el principio de acción y reacción podemos deducir casi todo. Bien, pues para aproximarnos a la Realidad hay que trascender esta física, y adentrarnos en la relativista, donde comprobamos que en virtud del “continuum” de Einstein todo está en todo y todo está relacionado con todo. Incluso en la cuántica y a pesar de los postulados de discontinuidad, por la ecuación de onda de Schröringer, también todo está conectado. Solo hace falta entonces llegar al “orden implicado” de Bohm para encontrar el sentido a la Realidad, y desde luego eso sí que desafía las explicaciones acerca del mundo. La propia definición del Electron es todo un desafío. Déjame recordarla aquí: “es una probabilidad de encontrar un proceso de cambio en algún lugar del espacio atómico”. ¿Te parece suficiente desafío constatar matemáticamente que no tenemos ni idea de lo que estamos constituidos? ¿Te parece suficiente desafío por parte de la ciencia moderna reconocer que solo podemos conocer un 4% de lo que esta hecho el universo (postulado de la materia oscura)?
No nos hemos quedado solos, todo lo contrario, estamos conectados, formamos una unidad, estamos, compartimos, somos una multitud. Y además somos dos mundos en uno, el cuerpo físico y el cuerpo espiritual. Recomiendo la lectura de “Cuerpo espiritual y materia celeste” de Henri Corbin, un exégeta del sincretismo espiritual iranio.
Todo lo que tenemos que hacer es (como rezaba un famoso gràfiti en la Sorbona en Mayo de 1968) “Olvida lo que has aprendido”, o bien otro grafiti que daría para una nueva sección de este colectivo, y que reza así: “¿Hay vida ANTES de la muerte?
Esther Ibañez
# Esther Ibañez
miércoles, 11 de marzo de 2009 20:58
Gracias Alba por tu comentario-artículo, estoy impresionada.

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Cristóbal Cervantes (32)
Daniel Alarcón Zwirnmann (1)
Daniel Zaragoza (5)
Eduardo Martínez (1)
Eduardo Vidal (8)
Maria Oliver (46)
Eric Jökin (2)
Esther Ibañez (173)
Fady Bujana (2)
Felipe G. Coto (1)
Ferran Caudet (1)
Francisco Rubiales (4)
Gabriel Gutierrez (27)
Gabriela Germain (4)
Germán Pinto (7)
Gloria Rebolledo (2)
Gonzalo Aliaga (1)
Henry Fuerniss (2)
Ignacio S. León (1)
Ignasi Alcalde (2)
Jaime Izquierdo (1)
Javier Monserrat (4)
Javier Arias (5)
Javier Cejudo (1)
Javier Segura (1)
Joan Martí (6)
Joaquim Braulio (3)
Jordi Pigem (6)
Jorge Arráez (2)
Jorge Ramos (8)
José María Hernández (29)
José Carlos García Fajardo (1)
Josep Crusellas (1)
Josep Puig (1)
Juan Carlos Ferrando (4)
Juan Trigo (34)
Julian Prieto (1)
Kico (5)
Koldo Aldai (29)
Lali Valls (6)
Mª Dolors Oller (3)
Manuel Ángel García (1)
M.Vilaseca (2)
Manuel Delgado Ruiz (1)
Miguel Á. Ortega (5)
María Rodríguez (2)
Mario Conde (1)
Marisol Ramoneda (1)
Rafael J. Rodriguez Sanchez (2)
Mesas de Covergencia ciudadana (1)
Miguel A. Delgado Gonzalo (3)
Miguel Angel Múgica (3)
Miguel Haag (2)
Nacho Rivera (25)
Oliver Style (1)
Pere Feliu (6)
Gabriel Fernandez (12)
Principia Marsupia (10)
Rafael Cobo (1)
Sagrario Alia (1)
Sagrario Arana (25)
Santiago Salcedo (2)
Santiago Villar (36)
Sebastian Corradini (1)
Sergio González (18)
Toni Pons (4)
Vicenç Fulcarà (2)
Jose Luis Montes (2)
Walter Trujillo (3)
Xavi Martín (59)
Yago Sobrevías (1)
    
Fechas
    
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